Alexander Robertson la gran incógnita para Fossati razones de su ausencia en la selección peruana y el potencial del volante inglés para ser el nuevo Cueva

La búsqueda de talento en el extranjero se ha vuelto una constante para la selección peruana, especialmente ante la dificultad de generar jugadores de élite a nivel local. La frase de Carlos Zambrano tras la derrota ante Argentina en noviembre pasado, reflejaba una cruda realidad: “No tenemos jugadores”. Estas palabras resonaron como un llamado de atención sobre la necesidad de explorar opciones fuera del país, tal como se hizo en su momento con figuras como Gianluca Lapadula y Oliver Sonne, que llegaron para reforzar una selección necesitada de aire fresco.

Según la investigación publicada por El Comercio, Alexander Robertson, mediocampista ofensivo de 21 años, emerge como una potencial solución para el mediocampo peruano, recordando el estilo de juego de Christian Cueva en su mejor momento.

Robertson, actualmente jugador del Cardiff City en la Championship inglesa, ha demostrado su valía con goles y asistencias. Su formación en las divisiones inferiores del Manchester City le proporcionó una base sólida, aunque el salto al primer equipo resultó complicado. Su posición natural es la de enganche, detrás del delantero, rol que desempeñó Cueva bajo la dirección técnica de Ricardo Gareca, siendo fundamental en la clasificación al Mundial de Rusia 2018. Sin embargo, la historia de Robertson con la selección australiana, con la que incluso jugó amistosos, complejiza su posible llegada a la Bicolor.

La Federación Peruana de Fútbol (FPF) ya había mostrado interés en Robertson en 2022, pero el jugador optó por Australia, país de nacimiento de su padre. Este interés inicial no prosperó y, al parecer, la FPF espera ahora un gesto del jugador para retomar las conversaciones. Un obstáculo adicional es la preferencia del anterior técnico, Jorge Fossati, por jugadores que hablen español, factor que influyó en su decisión de no convocarlo. Además, la FPF no ha insistido en el contacto tras la inclinación inicial de Robertson por Australia, adoptando una postura de “esperar a que él se ofrezca”.

No obstante, Robertson ha dado señales que podrían interpretarse como un cambio de parecer. Tras jugar amistosos con Australia en 2023, decidió no seguir siendo convocado. A esto se suman gestos como mostrar un tatuaje del mapa del Perú y posar con la camiseta de la selección. Estos guiños, similares a los realizados por Lapadula y Sonne antes de unirse a la Bicolor, alimentan la esperanza de su posible llegada. Sin embargo, transformar estos gestos en una decisión firme requiere que Robertson inicie los trámites para obtener su DNI peruano y solicitar a la FIFA el “one time switch”, que le permitiría jugar por Perú al no haber disputado partidos oficiales con Australia.

El actual panorama institucional de la FPF dificulta aún más la situación. La ausencia de un director técnico tras la salida de Fossati, la destitución del director deportivo Juan Carlos Oblitas y la falta de un jefe de la Unidad Técnica de Menores generan incertidumbre sobre quién podría tomar la iniciativa y convencer a Robertson. A esto se suman las denuncias contra el presidente de la FPF, Agustín Lozano, y los problemas internos por los derechos de televisión, creando un contexto adverso para la gestión de este tipo de casos.

La comparación con Christian Cueva, aunque quizás apresurada, se basa en la necesidad de encontrar un jugador con características similares en el mediocampo. Robertson, a pesar de ser inglés de nacimiento, podría aportar creatividad y dinamismo a una selección que busca renovarse y recuperar el buen juego que la caracterizó en el pasado. Su presente en el Cardiff City, donde es titular y destaca por sus goles y asistencias, lo convierte en una opción a considerar, especialmente ante la urgencia de encontrar soluciones en el mediocampo y la dificultad de producir talento local. El futuro de Robertson y su posible incorporación a la selección peruana, sin embargo, sigue siendo una incógnita que dependerá de su decisión y de la capacidad de la FPF para superar sus problemas internos y retomar el contacto con el jugador.