La salud pública en Nuevo México se encuentra en alerta máxima tras el fallecimiento de un residente no vacunado que dio positivo por sarampión, generando preocupación ante un posible segundo deceso relacionado con el brote que se originó en el oeste de Texas. Este suceso ocurre en un contexto donde la cobertura de vacunación a nivel nacional ha mostrado un leve descenso en los últimos años, incrementando la vulnerabilidad de la población ante enfermedades prevenibles.
Según la investigación publicada por The New York Times, las autoridades sanitarias del estado aún no han confirmado si el sarampión fue la causa directa del fallecimiento, añadiendo que el individuo no buscó atención médica antes de su muerte.
Este anuncio se produce poco más de una semana después de que un niño muriera de sarampión en el condado de Gaines, Texas, marcando la primera muerte de este tipo en los Estados Unidos en una década. El resurgimiento del sarampión, una enfermedad que se consideraba prácticamente erradicada en el país, plantea serias interrogantes sobre las campañas de vacunación y la desinformación que circula en torno a ellas.
En el condado de Lea, Nuevo México, fronterizo con el condado de Gaines, epicentro del brote en el oeste de Texas, se han reportado diez casos de sarampión, seis en adultos y cuatro en niños. La proximidad geográfica y la alta tasa de movilidad entre ambos estados han contribuido a la rápida propagación de la enfermedad, poniendo a prueba la capacidad de respuesta de los sistemas de salud locales.
La gestión de esta crisis sanitaria ha recaído en Robert F. Kennedy Jr., el nuevo secretario de Salud y Servicios Humanos, conocido por su escepticismo hacia las vacunas. Su respuesta ambivalente ha provocado fuertes críticas por parte de la comunidad científica, quienes lamentan su falta de respaldo contundente a la vacunación y su promoción de tratamientos no probados, como el aceite de hígado de bacalao, para combatir el sarampión.
A diferencia de sus predecesores, que defendían la seguridad y eficacia de las vacunas, Kennedy ha manifestado que, si bien las vacunas protegen contra el sarampión, la decisión de vacunarse “es personal”. Esta postura ha generado controversia y ha avivado el debate sobre la autonomía individual frente a la responsabilidad colectiva en materia de salud pública, especialmente ante enfermedades altamente contagiosas como el sarampión.



