Ella es una combatiente de base en la batalla perdida de Estados Unidos contra las enfermedades crónicas

La atención domiciliaria se ha convertido en un salvavidas esencial para muchos estadounidenses que luchan contra enfermedades crónicas. En comunidades como las de Virginia Occidental, donde el acceso a la atención médica es limitado, enfermeras como Sam Runyon se enfrentan a la dura realidad de un sistema de salud desbordado por la creciente prevalencia de condiciones como la diabetes, las enfermedades cardíacas y la obesidad. La historia de Cora Perkins, una paciente de 64 años que ha superado dos tipos de cáncer, ilustra los desafíos diarios que enfrentan tanto los pacientes como los proveedores de atención médica en estas áreas, donde la salud se ve comprometida por una compleja combinación de factores socioeconómicos y ambientales.

Según la investigación publicada por The New York Times, la realidad que vive Sam Runyon es un espejo de la crisis de salud crónica que azota Estados Unidos, evidenciada por el aumento preocupante en las tasas de mortalidad por enfermedades prevenibles y tratables.

La rutina de Sam, descrita en el reportaje, revela la cruda realidad de la atención médica a domicilio. La enfermera, de 45 años, se guiaba por la memoria y un extenso historial médico de Cora. En visitas anteriores, Sam había lidiado con episodios de cianosis en los brazos de Cora, producto de la diabetes, así como con la hinchazón de tobillos causada por insuficiencia cardíaca congestiva y calambres estomacales derivados de la falta de alimentos frescos en su hogar. Tras una semana sin visitarla, Sam se preguntaba si alguien había acudido en su ayuda.

La escena que encontró al llegar a la casa de Cora, envuelta en una manta y visiblemente inestable, refleja la vulnerabilidad de muchos pacientes que dependen de la atención domiciliaria. El diálogo entre ambas mujeres, con la pregunta rutinaria de Sam sobre si Cora se sentía “realmente mal o solo normal de mal”, subraya la normalización del sufrimiento en estas comunidades, donde la enfermedad crónica se ha convertido en un compañero constante.

Los datos proporcionados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) pintan un panorama sombrío, con incrementos alarmantes en las tasas de mortalidad por diversas enfermedades crónicas: un aumento del 25% a nivel nacional por diabetes, 40% por enfermedad hepática, 60% por enfermedad renal, 80% por hipertensión y más del 95% por obesidad. Estos números no son solo estadísticas; representan vidas humanas y la creciente carga que las enfermedades crónicas imponen al sistema de salud estadounidense.

Los 31 pacientes bajo el cuidado de Sam en el Centro de Salud y Bienestar de Williamson, todos menores de 65 años, padecen al menos una de estas enfermedades crónicas, lo que refleja la magnitud del problema. La historia de Sam y Cora es un llamado de atención sobre la necesidad urgente de abordar las causas subyacentes de la crisis de salud crónica en Estados Unidos y de fortalecer los sistemas de atención médica para garantizar que todos tengan acceso a la atención que necesitan.