La producción de fentanilo, una droga sintética responsable de una crisis de salud pública en Estados Unidos, parece estar experimentando cambios significativos en México. El endurecimiento de las políticas de seguridad, impulsado en parte por las presiones del gobierno estadounidense, ha afectado las operaciones de los cárteles, especialmente en el estado de Sinaloa, tradicionalmente un bastión para estas organizaciones criminales. Esto ocurre en un contexto donde el fentanilo ha superado a otras drogas en términos de letalidad, generando preocupación y exigiendo respuestas más contundentes por parte de las autoridades de ambos países, según datos recientes de la DEA.
Según la investigación publicada por The New York Times, líderes del Cártel de Sinaloa están tomando medidas drásticas ante la creciente presión de las autoridades. Un líder, preocupado por la seguridad de su familia ante la posibilidad de una intervención militar estadounidense en territorio mexicano, está buscando estrategias para protegerlos. Otro, ya se encuentra en la clandestinidad, limitando sus apariciones públicas al mínimo. Adicionalmente, jóvenes involucrados en la producción de fentanilo han suspendido la actividad en sus laboratorios clandestinos.
La intensificación de las acciones por parte de las autoridades mexicanas, incluyendo arrestos, decomisos de drogas y desmantelamiento de laboratorios, ha golpeado fuertemente al Cártel de Sinaloa. Esta ofensiva, según funcionarios mexicanos y entrevistas con miembros del cártel, ha obligado a algunos líderes a reducir la producción de fentanilo en Sinaloa. La situación ha generado un clima de incertidumbre y temor dentro de la organización criminal. Las operaciones del cártel se han visto interrumpidas, afectando la cadena de suministro y generando dificultades logísticas.
En Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, se percibe un cambio en la dinámica delictiva. Los miembros del cártel afirman que han tenido que trasladar sus laboratorios a otras regiones del país o, en algunos casos, detener temporalmente la producción de fentanilo. Esta reubicación representa un desafío para las autoridades, ya que implica un esfuerzo adicional para rastrear y desmantelar las nuevas ubicaciones de producción.
Un miembro de alto rango del Cártel de Sinaloa, quien solicitó el anonimato por temor a ser capturado, expresó la preocupación constante que vive: «No puedes estar tranquilo, ni siquiera puedes dormir, porque no sabes cuándo te van a atrapar». Este testimonio revela el nivel de estrés y paranoia que permea entre los integrantes del cártel, quienes se ven cada vez más acorralados por la ofensiva gubernamental.
«Lo más importante ahora es sobrevivir», añadió el miembro del cártel, con las manos temblorosas. Esta declaración refleja la prioridad de la organización en un momento de alta tensión y peligro. La supervivencia se ha convertido en el objetivo principal, relegando a un segundo plano las actividades ilícitas que antes eran su principal fuente de ingresos. La creciente presión internacional, especialmente por parte de Estados Unidos, ha intensificado las acciones del gobierno mexicano contra el crimen organizado.
La presión sobre México para detener el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos se intensificó tras las amenazas de la administración Trump, que prometió aranceles punitivos si no se frenaba el tráfico de drogas y la migración. Esta presión externa ha influido en la estrategia del gobierno mexicano, que ha aumentado los operativos y la colaboración con agencias de inteligencia estadounidenses. La lucha contra el fentanilo se ha convertido en un tema central en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.




