Trump no puede salirse con la suya en materia de aranceles.

La política comercial de la administración Trump, incluso en sus primeras semanas, se ha caracterizado por la imposición de aranceles y la justificación multifacética de estas medidas. El documento base es una recapitulación de esos primeros movimientos del Presidente. Estas acciones, dirigidas a socios comerciales clave de Estados Unidos, reflejan una estrategia proteccionista que busca remodelar las relaciones económicas globales.

Según la investigación publicada por The New York Times, la administración Trump justificó la imposición de aranceles a Canadá, México y China como una herramienta para presionar a estos países a tomar medidas más enérgicas contra el flujo de drogas y migrantes hacia Estados Unidos.

Además de estas razones geopolíticas, se argumentó que los aranceles sobre el acero, el aluminio y el cobre protegerían las industrias nacionales consideradas vitales para la defensa. Un argumento similar se utilizó para justificar los aranceles sobre los automóviles, con el objetivo de apuntalar una base manufacturera considerada crítica. En 2024, el déficit comercial de EE.UU. alcanzó los 773.400 millones de dólares, un dato que alimentó el discurso de la necesidad de proteger la industria nacional.

La administración también propuso un nuevo sistema de aranceles “recíprocos” como una forma de evitar que Estados Unidos sea “estafado” por el resto del mundo. El presidente Trump llegó a afirmar que los aranceles generarían grandes ingresos para el gobierno, que podrían utilizarse para financiar recortes de impuestos, aumentar el gasto público e incluso equilibrar el presupuesto federal. Sin embargo, esta visión optimista choca con la realidad de que las empresas estadounidenses importadoras son quienes abonan estos aranceles.

Expertos en comercio señalan que los aranceles no pueden lograr simultáneamente todos los objetivos que la administración Trump ha expresado. De hecho, muchos de sus objetivos se contradicen y se socavan mutuamente. La imposición de aranceles puede tener efectos contradictorios, afectando tanto a los consumidores como a las empresas.

Por ejemplo, si los aranceles de Trump impulsan a las empresas a fabricar más productos en los Estados Unidos, los consumidores estadounidenses comprarán menos bienes importados. Como resultado, los aranceles generarían menos ingresos para el gobierno. Este principio económico básico de oferta y demanda fue ampliamente debatido durante la implementación de estas políticas.

Esta contradicción inherente en la política arancelaria de la administración Trump generó incertidumbre y preocupación entre los economistas y los líderes empresariales. La complejidad de la economía global hace que las políticas proteccionistas tengan consecuencias imprevistas, afectando las cadenas de suministro, los precios al consumidor y el crecimiento económico en general. Un estudio del Peterson Institute for International Economics estimó que los aranceles de la administración Trump podrían reducir el crecimiento del PIB de EE.UU. en un 0,5%.