La diplomacia europea enfrenta un nuevo desafío al intentar influir en la política exterior estadounidense respecto a Ucrania. Tras el encuentro entre Emmanuel Macron y Donald Trump, ahora le toca el turno al Primer Ministro británico, Keir Starmer, quien viajará a Washington para abogar por el mantenimiento del apoyo estadounidense a Kiev. Este esfuerzo se produce en un contexto global marcado por la creciente incertidumbre sobre el futuro de la ayuda militar y financiera a Ucrania, crucial para su defensa frente a la agresión rusa.
Según la investigación publicada por The New York Times, Starmer se enfrentará a un delicado equilibrio similar al de Macron, aunque sin el beneficio de una relación establecida durante años con el expresidente Trump. Recordemos que la primera interacción entre Trump y Macron en 2017 fue un apretón de manos que se convirtió en un símbolo de la tensión latente entre ambos líderes.
A diferencia de su homólogo francés, Starmer llegará a la Oficina Oval con una carta bajo la manga: el compromiso de incrementar el gasto militar británico hasta el 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) para 2027, y alcanzar el 3% en la próxima década. Esta medida busca responder a una de las principales críticas de Trump, quien ha expresado en repetidas ocasiones su descontento con la supuesta falta de contribución de los aliados europeos a su propia defensa, argumentando que dependen demasiado de la protección estadounidense.
Para financiar este aumento en el gasto militar, el gobierno británico planea reducir su presupuesto destinado a la ayuda al desarrollo internacional. Esta decisión, aunque Starmer la califica de “lamentable” y justificada por motivos presupuestarios, guarda cierto paralelismo con las políticas implementadas por Trump durante su mandato, incluyendo el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Es posible que esta estrategia sea vista con buenos ojos por el mandatario estadounidense.
Fuentes oficiales británicas han indicado que Starmer combinará estos gestos de confianza en materia de defensa con un firme respaldo al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y una advertencia contra la precipitación en un acuerdo de paz con el presidente ruso, Vladimir Putin, que no garantice la seguridad futura de Ucrania. La postura del gobierno británico refleja la preocupación por evitar que cualquier tregua o alto el fuego se convierta en una falsa solución que no conduzca a una paz duradera y estable en la región.
Peter Mandelson, quien asumió el cargo de embajador británico en Washington hace tan solo tres semanas y ha desempeñado un papel clave en la organización de esta visita, subraya la importancia de no repetir errores del pasado en el trato con Putin. La diplomacia británica busca evitar que se repitan situaciones donde acuerdos precarios e insuficientes permitan a Rusia mantener su influencia y desestabilizar la región.




