Tras décadas de conflicto y dictadura, Siria busca un nuevo comienzo a través del diálogo nacional. Una conferencia de dos días en Damasco reunió a diversas facciones para discutir el futuro del país y trazar un camino hacia la reconstrucción. Este evento se produce en un contexto de profunda fragmentación social y territorial, exacerbada por la prolongada guerra civil que ha asolado la nación desde 2011. La situación se ha visto aún más complicada por la presencia de múltiples actores externos y la persistencia de grupos armados, lo que dificulta la consolidación de la paz y la estabilidad.
Según la investigación publicada por The New York Times, el presidente interino sirio, Ahmed al-Shara, hizo un llamado a la unidad y a la cooperación para sanar las heridas del país durante la conferencia. La iniciativa, denominada “diálogo nacional”, buscó reunir a representantes de las diversas religiones y sectas sirias.
A pesar del ambicioso objetivo de la conferencia, una notable ausencia marcó el evento: la milicia kurda, que controla una parte significativa del noreste de Siria, no fue invitada. Esta exclusión plantea interrogantes sobre la representatividad del diálogo y su capacidad para abordar las complejas dinámicas étnicas y políticas del país. La cuestión kurda sigue siendo un punto álgido en la política siria, con demandas de autonomía y reconocimiento que no han sido completamente abordadas por el gobierno central.
En su discurso, el presidente al-Shara instó a los participantes a unirse para apoyar la recuperación de Siria. El conflicto ha dejado una huella imborrable en la infraestructura, la economía y el tejido social del país, lo que requiere un esfuerzo concertado y a largo plazo para superar las secuelas de la guerra. La reconstrucción no solo implica la reparación de daños materiales, sino también la reconciliación entre las diferentes comunidades y la restauración de la confianza en las instituciones.
La conferencia concluyó con la publicación de una lista de 18 recomendaciones dirigidas al nuevo gobierno. Estas recomendaciones, aunque aparentemente no vinculantes, abarcan una amplia gama de temas, desde la redacción de una nueva constitución hasta el control estatal de las armas y la revitalización de la economía. La implementación de estas medidas representaría un paso importante hacia la construcción de un nuevo orden político y social en Siria.
Un punto destacado en la declaración final fue la condena a la incursión militar israelí en el sur de Siria, tras la caída del antiguo dictador Bashar al-Assad. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había advertido que Israel no toleraría la presencia de fuerzas armadas vinculadas al nuevo gobierno sirio en la zona. La respuesta de Siria a esta demanda aún está por verse, lo que podría generar tensiones adicionales en la ya volátil región. La inestabilidad en la frontera sur de Siria es una preocupación constante para Israel, que ha llevado a cabo operaciones militares en el pasado para evitar la presencia de grupos armados hostiles en la zona.




