La desaparición de Shiri Bibas y sus dos hijos, Ariel y Kfir, secuestrados en octubre de 2023, había marcado profundamente la memoria colectiva israelí. Sus rostros, inicialmente omnipresentes en carteles y paradas de autobús, se desvanecían gradualmente, víctimas del tiempo y la angustia, simbolizando el dolor persistente de una nación. La liberación de rehenes se había convertido en un punto central de las negociaciones para el cese al fuego. La esperanza, no obstante, se ha visto ensombrecida por los últimos acontecimientos.
Según el reportaje de The New York Times, la confirmación de sus muertes ha reactivado el trauma nacional y ha puesto en entredicho la estabilidad de la tregua en Gaza.
El viernes, la información sobre el destino trágico de la familia Bibas irrumpió con fuerza en la conciencia pública. Inicialmente, se anunció la devolución de los cuerpos de Shiri y sus hijos, pero las dudas surgieron rápidamente. El ejército israelí comunicó que el cuerpo atribuido a la madre no correspondía con su identidad. La situación provocó una conmoción generalizada.
La autopsia realizada a los cuerpos de los niños, de 4 años y 8 meses en el momento del secuestro, reveló detalles escalofriantes. Según las autoridades militares, los terroristas acabaron con sus vidas en Gaza “con sus propias manos”. Esta revelación ha generado una ola de indignación y dolor que recuerda los momentos más oscuros tras el ataque del 7 de octubre de 2023.
En respuesta a las acusaciones, un alto funcionario de Hamas, Mousa Abu Marzouq, ofreció una versión diferente de los hechos. Afirmó que la familia Bibas murió como consecuencia de un ataque aéreo israelí en noviembre de 2023. Desmintió la participación del grupo militante que supuestamente mantenía a la familia en cautiverio, las Brigadas Mujahideen. No obstante, Abu Marzouq reconoció que el cuerpo de Shiri Bibas podría haber permanecido en Gaza por error, y aseguró que Hamas estaba buscando sus restos en un lugar donde la familia habría sido enterrada junto a ciudadanos palestinos.
Es importante destacar que, hasta el momento, no ha sido posible verificar de forma independiente ninguna de las dos versiones. La falta de información confirmada añade incertidumbre a una situación ya de por sí compleja y dolorosa. La prioridad ahora es esclarecer lo sucedido y determinar las responsabilidades correspondientes. La resolución del conflicto israelí-palestino depende de la búsqueda de la verdad y la justicia.




