Trabajadores de lácteos podrían haber transmitido gripe aviar a gatos domésticos, indica estudio de los CDC.

La amenaza de la gripe aviar, también conocida como influenza aviar, persiste como una preocupación global, especialmente en el sector agropecuario. Recientes investigaciones han arrojado luz sobre un posible nuevo vector de transmisión: mascotas domésticas. En este escenario, un estudio reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sugiere que dos trabajadores del sector lácteo en Michigan pudieron haber transmitido la gripe aviar a sus gatos domésticos el pasado mes de mayo.

Gripe Aviar Felina

De acuerdo al reportaje de The New York Times, el estudio, inicialmente programado para su publicación en enero, sufrió retrasos debido a una pausa en las comunicaciones del CDC impuesta por la administración Trump. Además, la divulgación inicial de una tabla de datos del reporte en un documento sobre incendios forestales en California, que desapareció rápidamente, generó controversia y exigencias de publicación por parte de expertos en salud pública.

A pesar de la publicación, persisten interrogantes cruciales. No se ha determinado con certeza la ruta de infección inicial en los gatos, ni se puede confirmar si los trabajadores agrícolas fueron responsables de la transmisión del virus a los felinos y, potencialmente, a otros miembros de sus hogares. Jennifer Nuzzo, directora del Centro de Pandemias de la Universidad Brown, subraya la incertidumbre respecto al origen de la infección: “No creo que podamos afirmar con seguridad si la transmisión fue de humano a gato, de gato a humano, o si los gatos se infectaron de otra fuente.”

Las investigaciones en Michigan se iniciaron tras la aparición de síntomas respiratorios y neurológicos en gatos domésticos, estrictamente de interior, que posteriormente dieron positivo al virus H5N1 tras su fallecimiento. Las entrevistas con los dueños de los gatos y otros miembros del hogar no fueron concluyentes.

En el primer caso, el trabajador agrícola no interactuaba directamente con las vacas, y no se habían reportado infecciones en las manadas de la granja. No obstante, el trabajador informó una alta mortalidad entre los gatos de la granja, y haber experimentado vómitos y diarrea antes de la enfermedad del gato. En el segundo caso, el trabajador reportó salpicaduras de leche en la cara y ojos, con irritación ocular resultante. Ambos trabajadores declinaron someterse a pruebas de detección del virus. Este rehusamiento a las pruebas preocupa a los expertos, como señala la Dra. Nuzzo: “Este estudio proporciona aún más evidencia preocupante de que los trabajadores agrícolas con exposiciones de alto riesgo pueden negarse a las pruebas”.

La Dra. Nuzzo enfatiza la necesidad de eliminar los obstáculos que impiden la realización de pruebas: “Para proteger a las personas y mantenernos un paso adelante de este virus, necesitamos eliminar los desincentivos para que los pacientes se hagan las pruebas”. Las preocupaciones financieras o personales no deberían ser un factor disuasorio.

En la primera vivienda, el primer gato afectado mostró inapetencia, falta de aseo, marcha anormal, letargo, y su condición se deterioró rápidamente, culminando en su eutanasia al cuarto día. Un segundo gato desarrolló secreción ocular acuosa, respiración acelerada e inapetencia, recuperándose sin necesidad de pruebas. Un tercer gato no presentó síntomas y resultó negativo al virus 11 días después. Ni los gatos ni los humanos consumían leche sin pasteurizar.

En el segundo hogar, un gato desarrolló síntomas neurológicos severos, incluyendo anorexia y movimiento mínimo, falleciendo al día siguiente y dando positivo a la gripe aviar. El dueño transportaba leche sin pasteurizar, incluso de granjas con brotes conocidos. El estudio destaca que el dueño no utilizaba equipo de protección personal (EPP) al manipular la leche cruda, reportando salpicaduras frecuentes en cara, ojos y ropa, y no se cambiaba de ropa de trabajo antes de entrar a casa. El gato enfermo solía “revolcarse en la ropa de trabajo del dueño”, lo que sugiere una posible vía de infección.

De los 24 miembros del personal veterinario expuestos a los gatos infectados, siete reportaron síntomas leves. Solo cinco accedieron a las pruebas, y todos resultaron negativos. La Dra. Coleman recomienda que los veterinarios permanezcan vigilantes ante la posibilidad de infecciones por gripe aviar en gatos enfermos, enfatizando que “los dueños de mascotas no deberían tener que depender de muestreos post mortem para obtener un diagnóstico”.