La seguridad europea se encuentra en un momento crítico, evidenciado por la reciente reunión de líderes de las principales naciones europeas en París. La iniciativa, liderada por el presidente francés Emmanuel Macron, surge como respuesta a la creciente incertidumbre generada por la nueva administración estadounidense y su enfoque en la resolución del conflicto en Ucrania. La reunión, que se llevó a cabo en el Palacio del Elíseo, buscó forjar una estrategia común ante la percepción de una posible disminución del compromiso estadounidense con la seguridad del continente, especialmente en un contexto marcado por la continua agresión rusa. La situación se agrava por las divergencias existentes entre los países miembros de la Unión Europea sobre cómo abordar la crisis y garantizar la estabilidad regional.
Según el reportaje de The New York Times, el encuentro en París se organizó con celeridad tras la primera visita a Europa del vicepresidente JD Vance y el secretario de Defensa Pete Hegseth, quienes dejaron a los líderes europeos inquietos tanto por el tono como por el mensaje de la nueva administración Trump y lo que podría significar para el continente.
La preocupación europea se intensificó tras el discurso crítico de Vance en Múnich, donde cuestionó la exclusión de grupos de extrema derecha en la política europea. Paralelamente, causó alarma el anuncio de negociaciones de paz entre Estados Unidos y Rusia en Arabia Saudita, sin la participación de Ucrania ni de los aliados europeos. Este cambio de rumbo en la política exterior estadounidense, sumado a una llamada telefónica entre Trump y Putin –rompiendo con los esfuerzos europeos por aislar al líder ruso–, alimenta el temor a que Washington negocie un acuerdo a espaldas de Kiev y Bruselas. En este sentido, es importante recordar que desde 2014, tras la anexión de Crimea por parte de Rusia, las relaciones entre Moscú y Occidente han experimentado un marcado deterioro.
La posibilidad de una retirada de tropas estadounidenses de Europa, insinuada por Hegseth en Bruselas, ha generado especial inquietud. Los líderes europeos temen que un retiro prematuro, sin garantías de seguridad adecuadas, deje al continente vulnerable ante una Rusia expansionista. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, expresó su preocupación en X, enfatizando la necesidad de una mayor urgencia y un aumento en el gasto en defensa. La falta de claridad sobre el futuro apoyo financiero y militar de Estados Unidos a Ucrania también contribuye a la incertidumbre, ya que los europeos insisten en participar en cualquier mesa de negociación que se establezca.
El canciller alemán Olaf Scholz consideró “completamente prematuro” e “inapropiado” cualquier debate sobre el envío de fuerzas de paz a Ucrania mientras el conflicto continúe. Esta postura es compartida por otros países como Polonia y España, especialmente dada la vaguedad sobre lo que implicarían las garantías de seguridad. A pesar de las diferencias, Scholz y el primer ministro polaco Donald Tusk advirtieron contra la división entre Europa y Estados Unidos, reafirmando la importancia de la unidad dentro de la OTAN. Sin embargo, otros líderes, como el primer ministro holandés Dick Schoof, interpretaron las señales de Washington como un incentivo para que Europa aumente su gasto militar y se involucre más activamente en la seguridad ucraniana.
En tanto, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, quien se encontraba en los Emiratos Árabes Unidos para negociaciones separadas con Rusia centradas en el intercambio de prisioneros y el retorno de niños ucranianos, reiteró que Ucrania no aceptará ningún acuerdo negociado sin su participación. Zelensky también enfatizó la importancia de la participación europea en cualquier negociación con Rusia. La reunión en París no estuvo exenta de críticas, especialmente por parte de los estados bálticos que no fueron invitados, quienes consideraron que la iniciativa de Macron socava la unidad europea. A pesar de estas divisiones, se espera que la reunión sea la primera de muchas entre los líderes europeos en las próximas semanas, buscando una respuesta colectiva a lo que muchos perciben como una retirada estadounidense del liderazgo en seguridad en Europa. El Primer Ministro británico Keir Starmer planteó la posibilidad de desplegar tropas en Ucrania si fuera necesario, pero insistió en que cualquier despliegue europeo necesitaría el respaldo de Estados Unidos.
Expertos militares han señalado la necesidad de definir el tipo de fuerza requerida, los recursos necesarios y las posibles respuestas a un ataque ruso. La necesidad de garantías de participación estadounidense, incluso sin tropas sobre el terreno, sigue siendo crucial para la provisión de sistemas de armas clave, defensa aérea, cobertura aérea e inteligencia satelital. Los líderes europeos también discutieron la aceleración de las capacidades de defensa europeas, ante la creciente creencia de que Estados Unidos retirará decenas de miles de soldados de Europa.




