El alcalde de Huánuco, Antonio Jara, ha reaparecido en la escena pública con críticas al Gobierno Regional y Nacional por el estado deplorable de la Carretera Central. Comparó la situación con los tiempos más difíciles de la historia del país, cuando la violencia azotaba las vías de comunicación. Sin embargo, esta repentina preocupación por la infraestructura vial contrasta con el abandono que su propia gestión ha demostrado en la ciudad de Huánuco, donde las calles permanecen deterioradas, llenas de baches y zanjas que él mismo prometió solucionar en campaña.
La pregunta que surge es si este despertar del alcalde responde a una genuina intención de gestión o si forma parte de una estrategia política con miras a un futuro cargo. Es sabido que la reelección de alcaldes no ha sido aprobada por el Congreso, por lo que su interés podría estar orientado hacia otras ambiciones políticas a nivel nacional.
Más allá de sus críticas, Jara debería asumir un rol más activo y efectivo en la búsqueda de soluciones. Es cierto que Huánuco, junto con Cerro de Pasco y San Martín, enfrentan un problema grave en sus vías de comunicación, lo que afecta el comercio y la exportación de productos clave como la papa, el café, el cacao y las frutas. Sin embargo, el alcalde, en lugar de solo pronunciar discursos, debería gestionar reuniones estratégicas con Provías y el Ministerio de Transportes para exigir con firmeza el presupuesto necesario para la mejora de la Carretera Central y las vías urbanas de su propia jurisdicción.
Asimismo, ha deslindado responsabilidades sobre el estancamiento del Proyecto de Tratamiento de Aguas Residuales (PETAR), culpando a su predecesor, Pulgar, por no haber adquirido los terrenos requeridos. No obstante, es evidente que Jara ha tenido tiempo suficiente para impulsar este proyecto, pero hasta la fecha, no se ha concretado ningún avance significativo. Su mandato no puede limitarse a la recuperación del mercado, dejando de lado otras necesidades urgentes de la ciudad.
En este contexto, resulta inevitable preguntarse si el alcalde ha salido de un prolongado letargo político o si, como dice la canción, “no estaba muerto, estaba de parranda”. Sea como sea, lo cierto es que Huánuco no necesita promesas ni discursos tardíos, sino acciones concretas que solucionen los problemas que afectan la calidad de vida de sus habitantes y el desarrollo económico de la región.




