El papel de Elon Musk, Jeff Bezos y otros líderes tecnológicos en la era Trump
Donald Trump ha mantenido, a lo largo de su carrera política y personal, una filosofía que podría resumirse en la creencia de que la fama y el poder conllevan un grado de impunidad. Esta idea, que alguna vez expresó de manera provocativa, parece haberse consolidado en su figura pública. A pesar de las múltiples controversias que han marcado su trayectoria —desde acusaciones de conducta inapropiada hacia mujeres hasta su papel en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021—, Trump sigue contando con un respaldo significativo entre una parte del electorado estadounidense. Este fenómeno ha llevado a muchos a cuestionar cómo las instituciones democráticas, diseñadas para equilibrar el poder, han sido influenciadas o incluso desbordadas por su liderazgo.
Figuras influyentes
Uno de los aspectos más llamativos de la presidencia de Trump fue su capacidad para rodearse de figuras influyentes, particularmente de multimillonarios del sector tecnológico. Nombres como Elon Musk (Tesla, SpaceX), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta, anteriormente Facebook), Peter Thiel (Palantir) y Marc Andreessen (Andreessen Horowitz) han sido asociados con su círculo cercano, reforzando lo que algunos han denominado la “broligarquía”. Este término, que combina “bro” (hermano, en inglés coloquial) con “oligarquía”, describe a un grupo de hombres poderosos que comparten una visión particular del mundo: una en la que la innovación tecnológica, la ambición desmedida y la impunidad operan como pilares fundamentales.
Según informe del Diario El País, durante la toma de posesión de Trump, estos magnates fueron colocados en un lugar prominente en la Rotonda del Capitolio, por delante incluso de miembros clave del nuevo gobierno. Este gesto simbólico no pasó desapercibido y reflejó la influencia que estos líderes tecnológicos ejercen en la política y la sociedad estadounidense. Su presencia no solo respaldaba a Trump, sino que también reforzaba una narrativa de poder ilimitado y de desafío a las normas establecidas.
“Broligarquía”
La ideología de esta “broligarquía” no es nueva en el contexto estadounidense. Desde la retórica del “hombre hecho a sí mismo” hasta la creencia en la excepcionalidad de Estados Unidos, estos conceptos han permeado la cultura del país durante décadas. Sin embargo, bajo la influencia de Trump y sus aliados tecnológicos, estas ideas han adquirido un tono más agresivo y menos empático. La ambición desenfrenada, la búsqueda de la inmortalidad a través de la tecnología y la idea de que solo unos pocos están destinados a liderar el futuro son temas recurrentes en su discurso.
Por ejemplo, Marc Andreessen, uno de los inversores más influyentes del Silicon Valley, ha expresado abiertamente su creencia en la ambición sin límites. En uno de sus escritos, afirmó: “Creemos en la ambición, en la agresión y la persistencia, en la fortaleza. Vamos a muerte, sin descanso”. Esta mentalidad, que algunos comparan con la ciencia ficción distópica de autores como Isaac Asimov o Neal Stephenson, ha sido adoptada de manera literal por estos líderes tecnológicos. Su objetivo no es solo transformar la economía o la sociedad, sino también desafiar los límites de la biología humana, financiando proyectos que prometen retrasar el envejecimiento y, en última instancia, vencer a la muerte.
Innovación sin límites
Este enfoque ha generado tanto admiración como preocupación. Por un lado, representa la culminación de la innovación y el espíritu emprendedor que han caracterizado a Estados Unidos. Por otro, plantea serias preguntas sobre la ética y las consecuencias sociales de un poder tan concentrado en manos de unos pocos. La “broligarquía” no solo busca dominar el presente, sino también moldear el futuro, y lo hace con una visión que a menudo parece ignorar las necesidades y los derechos de quienes no forman parte de su círculo privilegiado.
En este contexto, la figura de Trump actúa como un catalizador. Su capacidad para desafiar las normas políticas y sociales, combinada con el respaldo de estos magnates tecnológicos, ha creado un escenario en el que la impunidad y la ambición desmedida parecen no tener límites. Aunque algunos ven en esto una forma de empoderamiento, otros lo interpretan como un síntoma de decadencia cultural y ética.
El caso del pastor Lorenzo Sewell, quien durante un evento público imitó el tono solemne de Martin Luther King Jr. y repitió las palabras “Free at last, free at last”, es un ejemplo de cómo estos mensajes pueden ser distorsionados y utilizados para fines que poco tienen que ver con su significado original. Este tipo de gestos, lejos de inspirar, generan desconfianza y cuestionan la integridad de quienes los promueven.
EL DATO
En definitiva, la alianza entre Trump y la “broligarquía” representa un fenómeno complejo y multifacético. Por un lado, refleja la capacidad de estos líderes para desafiar las convenciones y proponer visiones audaces del futuro. Por otro, plantea serias dudas sobre los valores que guían estas ambiciones y las consecuencias que podrían tener para la sociedad en su conjunto. En un mundo donde la tecnología y el poder están cada vez más entrelazados, la influencia de estos actores no puede ser subestimada. Su impacto, tanto en la política como en la cultura, seguirá siendo objeto de debate en los años venideros.



