Por: María Decada Palavicini
La vida religiosa de Villa Rica se encuentra profundamente unida a la Laguna El Oconal. Cuenta la historia que un 13 de octubre de 1970, mientras las personas paseaban por los stands instalados con motivo del Festival del Café de Villa Rica, que por aquel entonces se celebraba cada 12 de octubre como día central con mucha pomposidad, un campesino que venía del Oconal irrumpió en medio de la algarabía de la tarde trayendo una noticia por demás misteriosa. En medio de la incredulidad de la gente, el hombre, todo despavorido, narró que había visto la imagen de la Virgen María en medio de la laguna El Oconal. Y, para acreditar la insólita aparición, el campesino aseguraba que la primera persona en ver a la Virgen había sido la señora Jenny Fernández Hurtado, quien la vio junto a un frondoso árbol, rodeada de fulgurantes rayos de luz.

Aun cuando sabía que no le estaban creyendo, el atribulado hombre comenzó a divulgar dicho acontecimiento sobrenatural a todo aquel que encontraba a su paso en la feria y en las calles de Villa Rica. La muchedumbre, inquieta y curiosa por tan misteriosa aparición, se trasladó masivamente al lugar para comprobar la noticia. Algunos iban en carros, otros en camiones, y la gran mayoría a pie, pero todos se desplazaban con el mismo objetivo: comprobar la mítica aparición de la Virgen. Lo cierto es que todos llegaron hasta el lugar indicado con la firme intención de ver la imagen de la Virgen, dirigiendo su mirada hacia el árbol frondoso que se hallaba en el medio de la laguna.
Lo que se observaba eran los rayos del sol que caían directamente sobre el árbol, produciendo visiones que daban lugar a diversas interpretaciones. Algunos decían que podían notar la silueta de la Virgen, mientras que otros, más escépticos, aseguraban que simplemente no veían nada. Así transcurrieron los meses, y la Laguna El Oconal se convirtió en un lugar de peregrinación santa. Cada día, una gran cantidad de feligreses llegaba desde diferentes lugares, portando flores, velas y deteniéndose a orar.
Las creencias y ritos en homenaje a la Virgen del Oconal enfurecieron a una ciudadana muy católica, quien mandó a cortar el árbol, argumentando que se estaba faltando el respeto a Dios porque todo era una falsedad. Pero grande sería la coincidencia que, a los pocos meses de esta extirpación de la idolatría, uno de los hijos de esta señora murió ahogado en el río San Ramón. Como era de esperarse, algunas personas murmuraban que aquello le había sucedido como castigo por haber ordenado cortar el árbol de la aparición de la Virgen.
Este enigmático suceso hizo reflexionar a los habitantes del Oconal, quienes, queriendo remediar en algo su incredulidad, colocaron una pequeña urna al borde de la carretera, donde pusieron la imagen de la Virgen María. De este modo, los transeúntes que pasaban por el lugar podían detenerse a rezarle, ponerle una flor o prenderle una vela como señal de respeto y devoción. La urna se convirtió en un espacio de concentración espiritual para aquellos que le pedían a la Virgen su protección para recorrer el camino de la vida.
Con el transcurrir del tiempo y de manera inexplicable, otro grupo de habitantes decidió retirar dicha urna del lugar. Pero, como si se tratara de un nuevo castigo divino, ocurrió otra tragedia. Sucede que uno de los hijos de los moradores murió ahogado al volcar su vehículo en la bocatoma de la laguna El Oconal mientras regresaba del pueblo a su casa.
Sea como fuere, estos dos desenlaces fatales pusieron en entredicho la falta de fe católica. Para mí, como testigo presencial, siempre será un misterio lo que realmente sucedió. Lo cierto es que la aparición de la Virgen en El Oconal ocurrió en una fecha que coincide con el 13 de octubre, día en que la Virgen de Fátima, según la historia del catolicismo universal, se apareció a tres pastores en Portugal y les pidió que rezaran el Santo Rosario.
En señal de culto por estas revelaciones, después de casi 20 años de haberse producido este acontecimiento, las autoridades católicas dieron a conocer a la población que existía una resolución donde se nombraba como patrona del distrito de Villa Rica a la Santísima Virgen Nuestra Señora del Rosario, que también es el nombre de la parroquia. Desde entonces hasta la fecha, la inicial Virgen del Oconal es motivo de fe y devoción por parte de todos los pobladores, quienes, con gran fervor religioso, le tributan su homenaje con múltiples celebraciones, acompañadas del inconfundible aroma del café de la región, reconocido a nivel mundial.




