Dina Boluarte ausente en Ayacucho: críticas por su desconexión en el bicentenario de la Batalla de Ayacucho

El bicentenario de la Batalla de Ayacucho, hito que marcó la independencia del Perú y de América Latina, se celebró en la Pampa de la Quinua sin la presencia de la presidenta Dina Boluarte. La mandataria alegó condiciones climáticas adversas como la razón de su ausencia, a pesar de que vuelos comerciales llegaron al aeropuerto de Huamanga durante la mañana. Su ausencia ha generado especulaciones y críticas tanto de autoridades locales como de la población.

Ceremonia en Ayacucho: autoridades presentes y Boluarte ausente

La ceremonia principal se llevó a cabo con la participación de altas autoridades, entre ellas el ministro de Relaciones Exteriores, Elmer Schialer; el comandante general del Ejército, César Briceño; y representantes de varios países sudamericanos como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Panamá. También estuvieron presentes el gobernador de Ayacucho, Wilfredo Oscorima, y el alcalde de Quinua, Rupert Limaco.

En contraste, Boluarte optó por encabezar un acto simbólico en el patio principal de Palacio de Gobierno, en Lima, a más de 333 kilómetros del lugar histórico. Desde allí, justificó su ausencia con estas palabras: “Esta mañana nuestro propósito era conmemorar los 200 años de la gloriosa Batalla de Ayacucho en las mismas pampas históricas donde se selló nuestra libertad. Sin embargo, los caprichos del clima nos impidieron trasladarnos al santuario histórico de las Pampas de Quinua allá en Ayacucho”.

El clima y las críticas al pretexto presidencial

El periodista ayacuchano Adrián Sarria desmintió las declaraciones de Boluarte, señalando que, aunque un vuelo temprano fue cancelado, otros vuelos posteriores arribaron sin inconvenientes. Según Sarria, la ceremonia en Ayacucho comenzó pasadas las 11:30 a.m., lo que habría dado tiempo suficiente para que Boluarte viajara si realmente lo hubiera deseado.

La ausencia presidencial coincide con un clima de rechazo popular hacia su figura en Ayacucho, especialmente por las muertes y abusos registrados durante las protestas de fines de 2022. Familiares de las víctimas habían organizado manifestaciones bajo la consigna “Bicentenario sin Dina” y expresaron su oposición a la posible llegada de la mandataria.

En una visita previa, Boluarte fue abucheada y confrontada por familiares de las víctimas, lo que ha marcado un distanciamiento entre la jefa de Estado y la región.

Discurso y contradicciones de las autoridades locales

El gobernador Wilfredo Oscorima, quien también ha enfrentado críticas por su cercanía con Boluarte y el escándalo del “Rolexgate”, utilizó su discurso para instar al Gobierno a atender las demandas de la población ayacuchana, como la lucha contra el hambre. Sin embargo, defendió a la mandataria, calificándola como “una provinciana que va a atender nuestras demandas”.

Este contraste entre las demandas sociales y el respaldo político fue señalado por el historiador Michael Mendieta, quien calificó la ausencia de Boluarte como una “oportunidad perdida”. Mendieta lamentó que las ceremonias fueran restringidas y criticó la desconexión de la mandataria con la población. “Boluarte es solo una figura secuestrada por las élites”, agregó el académico.

Actos oficiales y desconexión ciudadana

La ceremonia en la Pampa de la Quinua incluyó una escenificación de la batalla histórica, transmitida por el canal del Estado. Sin embargo, la falta de participación ciudadana y las restricciones de acceso fueron otros puntos criticados.

En Lima, Boluarte aprovechó la ocasión para llamar a los países de la región a mantener la unidad, rodeada de ministros y funcionarios, pero lejos de las calles y la población. Esta separación entre las conmemoraciones oficiales y el sentir popular ha reforzado las percepciones de aislamiento del Ejecutivo respecto a las necesidades y demandas de los ciudadanos.

Un bicentenario en medio de tensiones

La conmemoración del bicentenario de la Batalla de Ayacucho ha dejado en evidencia las tensiones políticas y sociales que enfrenta el gobierno de Boluarte. Su ausencia en un evento de tan alto significado histórico refuerza las críticas hacia su liderazgo, marcado por la incapacidad de reconectar con regiones afectadas por la violencia y el descontento social.

Mientras que el evento buscaba celebrar la independencia y unidad del Perú, las divisiones actuales reflejan una fractura que aún persiste en el tejido político y social del país.

Reflexión final

El bicentenario de Ayacucho, que pudo haber sido una oportunidad para fortalecer los lazos entre el Ejecutivo y el sur del país, se convirtió en un recordatorio de las brechas que separan al gobierno de Dina Boluarte de la ciudadanía. Su decisión de mantenerse en Lima, acompañada de una justificación que carece de fundamento sólido, ha profundizado las críticas y socavado su imagen en un momento crucial para su administración.