CORTOPLACISMO ¿Es acaso una maldición?

Eleazar Anibal Trinidad Marcelo, Economista

La hermosa obra griega Edipo Rey de Sofocles, narra la historia de Layo y Yocasta, reyes de Tebas, del cual tienen un hijo llamado Edipo. Al nacer éste, el adivino Tiresias predice que en el futuro matará a su padre y se casará con su madre. Para eludir a este mal augurio, entregan a la criatura a un pastor para que lo matara. Pero el pastor compadecido del niño les entrega a unas gentes para que lo cuiden y eduquen. Cuando el tiempo pasó, sin saberlo, Edipo mata a un desconocido en el cruce de unos caminos que resulta ser Layo, y al poco tiempo se casa con la viuda reina de Tebas, su madre.

A lo largo de nuestras vidas nos han contado que los astros dirigen nuestras vidas, esto debido a la negación de la libertad humana, otras en cambio nos dijeron que Dios, la filosofía, la economía, los genes entre otras razones. Por lo tanto ¿Se podría afirmar que no hay nada que pueda hacernos cambiar del destino? Juzgue usted mismo, apreciado lector.

Cambiar de destino, proviene desde el concepto mismo del carácter. Richard Sennett, sociólogo estadounidense escribió en su libro la Corrosión del Carácter hasta qué punto el capitalismo hace prácticamente imposible la formación del carácter tanto de las personas como de las empresas. El carácter, según el autor se centra en el aspecto duradero de nuestra experiencia emocional, expresado por la lealtad y el compromiso mutuo, a través de la búsqueda de objetivos a largo plazo. No obstante forjarse un carácter parece imposible en una sociedad capitalista centrada en lo inmediato, en una sociedad que tiene por consigna no plantearse nada a largo plazo. Este principio socava las bases de la confianza, la lealtad y el compromiso que necesita del mediano y largo plazo para consolidarse.

Entonces ¿Cómo se puede perseguir objetivos a largo plazo en una sociedad cortoplacista? ¿Cómo se puede desarrollar una historia de gestión? ¿Cómo podría ser posible alcanzar la identidad en una institución y sociedad fragmentada? Con institución me refiero a aquellas de carácter público, aquellas que nos entregan servicios como contraprestación por nuestras contribuciones, me refiero al debilitamiento del carácter de las mismas. Sennett, intenta confirmar en su libro que la economía cortoplacista amenaza con corromper el carácter. Y es verdad que el cortoplacismo es una amenaza para la construcción del carácter en el mundo económico. No obstante la aplicación del carácter está en la generación de los bienes materiales, en los servicios e incluso en la empleabilidad. Pero también lo está en la clase política, en el sometimiento imperativo del corto plazo, ya que conquistar al electorado y conservar el poder por el resto del periodo elegido (si es que no son vacados por actos ilícitos o similares), requiere de una obsesiva atención del calendario electoral a fin de dar el próximo paso sin que se merme el número de votos.

No obstante, más allá del cálculo político, hace falta desechar episodios fragmentados y labrarse un buen carácter. Y esta es la tarea más difícil de la gestión pública.