Chancay: inauguración del megapuerto y los desafíos sociales y ambientales que enfrenta la ciudad

Este 14 de noviembre, se inaugura oficialmente el megapuerto de Chancay, un proyecto de gran envergadura que representa una alianza estratégica entre China y Perú. Mientras que la presidenta Dina Boluarte y el mandatario chino Xi Jinping presenciarán el evento de manera remota desde el Palacio de Gobierno, las autoridades locales y pobladores de Chancay observan el acontecimiento con una mezcla de preocupación y escepticismo. Según el informe de Carlos Oré Arroyo para Infobae, la construcción y puesta en marcha de esta obra, aunque celebra la apertura de un nuevo centro logístico clave en el Pacífico, se enfrenta a una serie de problemas sociales y ambientales que han impactado profundamente en la comunidad local.

El descontento local: una obra que prioriza intereses externos

Para el alcalde de Chancay, Juan Álvarez Andrade, el nuevo megapuerto refleja más una iniciativa extranjera que un proyecto pensado en el bienestar de los habitantes de la ciudad. En una reciente entrevista con Exitosa Noticias, Álvarez expresó su desilusión con el trato del gobierno de Dina Boluarte hacia su jurisdicción, señalando la falta de recursos y apoyo estatal para atender los problemas que enfrenta Chancay como consecuencia del megaproyecto. “También necesitamos el apoyo del Estado nacional”, manifestó, lamentando que, aunque se han creado comisiones para beneficiar al distrito, no han recibido el financiamiento necesario para implementar iniciativas que compensen el impacto del puerto en la comunidad.

Las relaciones entre la municipalidad de Chancay y los ministerios de Vivienda, Construcción y Saneamiento, así como el de Transportes y Comunicaciones, han sido tensas desde el inicio de las obras. Uno de los puntos más conflictivos ha sido el plan para construir una vía a solo 100 metros de la playa, decisión que, según Álvarez, despojaría a la población de su vista al mar y afectaría aún más la calidad de vida en la zona. Los pobladores, que se han visto forzados a adaptarse al desarrollo del puerto, sienten que sus preocupaciones han sido ignoradas por el Estado, que ha privilegiado los intereses comerciales sobre los sociales y ambientales.

Daños estructurales y pérdida del turismo

A lo largo de la construcción del megapuerto, los habitantes de Chancay han experimentado una serie de afectaciones en su entorno. Entre los problemas más notorios se encuentran las explosiones realizadas durante las obras, que causaron daños en viviendas cercanas, generando grietas y hundimientos que comprometen la seguridad de las edificaciones. Además, el proyecto ha limitado el acceso al mar y alterado los atractivos turísticos naturales, lo cual ha impactado directamente en la economía local al reducir la afluencia de visitantes. Este golpe al turismo representa una pérdida significativa para los habitantes, muchos de los cuales dependían de la actividad turística como fuente de ingresos.

Vladimir Cantoral, presidente del Frente de Defensa por la Dignidad y Libertad de Chancay, ha alzado la voz en defensa de la comunidad, destacando que los efectos del megapuerto no solo son económicos, sino también sociales y ambientales. Según Cantoral, el aumento del tráfico vehicular y la especulación de terrenos han cambiado drásticamente la dinámica urbana y económica del distrito. A su juicio, el proyecto ha desatendido la opinión y las necesidades de la población local, exacerbando las tensiones entre los intereses comerciales y el bienestar de la comunidad.

La influencia de China en la región: oportunidades y riesgos

La construcción del megapuerto de Chancay se enmarca en una estrategia más amplia de China para consolidar su influencia económica y política en América Latina, una expansión que comenzó a principios de la década de 2000 y ha crecido significativamente en los últimos años. China ha establecido tratados de libre comercio con varios países de la región, incluidos Perú, Chile, Costa Rica y Ecuador, y mantiene una presencia activa en el desarrollo de proyectos de infraestructura. Sin embargo, este crecimiento ha suscitado preocupaciones internacionales sobre el impacto de estas inversiones, especialmente en términos de sostenibilidad ambiental y autonomía política de las naciones receptoras.

Un informe reciente del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas señaló que los proyectos de gran escala liderados por China en América Latina han tenido efectos adversos en el medio ambiente y en comunidades vulnerables, en particular las indígenas. Además, existen temores de que la influencia china esté motivada por objetivos geopolíticos, tales como el aislamiento de Taiwán y el apoyo a regímenes autoritarios en la región, como el de Cuba y Venezuela. La presencia de Xi Jinping en Perú durante esta inauguración, junto con reuniones bilaterales con Boluarte y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, refuerza la importancia de este megapuerto no solo para la economía peruana, sino para el panorama geopolítico regional.

La comunidad local y el desafío de integrar el desarrollo

La falta de diálogo efectivo entre las autoridades nacionales y la comunidad de Chancay es uno de los factores que ha dificultado la integración del proyecto al desarrollo local. Para los habitantes, el megapuerto simboliza una imposición externa que no ha sido diseñada en función de sus necesidades ni de sus aspiraciones. El alcalde Álvarez y líderes comunitarios, como Vladimir Cantoral, han pedido reiteradamente que se revise la planificación del proyecto para mitigar sus efectos negativos y generar oportunidades reales de desarrollo para la población local. Sin embargo, hasta el momento, no se ha alcanzado un acuerdo que satisfaga estas demandas.

La inauguración del megapuerto, por tanto, ocurre en un contexto de tensiones y divisiones. Mientras que el Ejecutivo celebra la obra como un avance para la modernización y competitividad del Perú en el ámbito del comercio internacional, los residentes de Chancay esperan soluciones concretas a los problemas que la construcción ha generado en su comunidad.

Conclusiones: un proyecto de alcance global con desafíos locales

La puesta en marcha del megapuerto de Chancay marca un hito en la infraestructura logística de Perú y fortalece la posición del país como un nodo clave en el comercio del Pacífico. Sin embargo, las celebraciones oficiales no logran ocultar la disconformidad de la comunidad local, que continúa demandando un trato justo y una atención efectiva a los problemas sociales y ambientales que el proyecto ha provocado. Para los habitantes de Chancay, la integración de un proyecto de esta magnitud debe incluir no solo un enfoque económico, sino también uno social que garantice beneficios tangibles para el bienestar de la población.

El gobierno peruano enfrenta el reto de equilibrar los intereses comerciales con las necesidades de sus ciudadanos y, en particular, con las demandas de una comunidad que siente que su voz ha sido ignorada. La situación en Chancay pone de relieve la importancia de una planificación inclusiva y de un diálogo constructivo entre el Estado y las comunidades afectadas por grandes proyectos de infraestructura. La atención que reciba este caso en los próximos meses será crucial para determinar si el megapuerto de Chancay podrá convertirse en un modelo de desarrollo sostenible o en un símbolo de conflicto y desigualdad en la región.