Cementerio General de Huánuco: la vergonzosa realidad de un lugar sagrado abandonado

La celebración del Día de los Muertos y de Todos los Santos debería ser un momento solemne, dedicado a recordar a nuestros seres queridos fallecidos, una oportunidad para rendir homenaje en un espacio digno y limpio. Sin embargo, el Cementerio General Augusto Figueroa Villamil en Huánuco, administrado por la Beneficencia Pública, se encuentra en un estado deplorable, sorprendiendo y disgustando a quienes visitaron este sitio en las fechas más significativas del año.

Familias que viajaron desde diversos puntos del país encontraron un cementerio descuidado, con pasillos y estructuras en total abandono, cubiertos de suciedad, sin mantenimiento, y con un entorno en el que proliferan palomas y roedores. Este estado de abandono no solo daña la memoria de quienes reposan en este lugar, sino que es una falta de respeto hacia las familias que, en su dolor, esperan encontrar un espacio adecuado para el recogimiento y la memoria.

Este cementerio, al igual que otras propiedades, fue donado hace más de un siglo por la familia Figueroa para el uso público, bajo la expectativa de que sería un espacio bien conservado y accesible. Hoy en día, la Beneficencia Pública, que se encarga de administrarlo, parece haber olvidado esta responsabilidad esencial, priorizando aparentemente intereses económicos en otras propiedades, sin mostrar el mismo compromiso por la dignidad del cementerio.

A esto se suma la deficiente atención al público, que, el pasado 1 de noviembre, inició sorprendentemente después de la 1 de la tarde, obligando a familias enteras a esperar en largas filas, con ramos de flores en mano y sin explicación por parte del personal administrativo. Tal indiferencia pone en evidencia una gestión que no solo carece de eficiencia, sino también de sensibilidad hacia la comunidad.

Es alarmante ver que el propio alcalde, quien también tiene la responsabilidad de supervisar el mantenimiento de este espacio sagrado, parece distante frente a esta situación. Resulta inconcebible que en una ciudad como Huánuco, con su historia y tradición, se permita este nivel de descuido en uno de los lugares más simbólicos y emotivos. No se trata de una exigencia excesiva; la limpieza y el mantenimiento adecuado de este cementerio es un derecho de la ciudadanía y un deber de las autoridades.