EL EMBRUJO DE PEDRO PÁRAMO

Por: Arlindo Luciano Guillermo

Pocos libros merecen relectura. Es el caso de El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), en este último año aparece La hojarasca de García Márquez, en 1958 se publica Los ríos profundos de José María Arguedas, escritor de lectura imperativa, junto a Garcilaso de la Vega, Vallejo, Vargas Llosa y Ribeyro. Hasta 1986 no sabía quién era Juan Rulfo. En la universidad, Andrés Cloud me enseñó afortunadamente Análisis e Interpretación de Textos Literarios, cuyo libro de consulta era Cómo se comenta un texto literario de Fernando Lázaro Carreter. En el curso no había erudición ni ínfulas teóricas. Cloud fue un inspirador de Rulfo. Dijo que debíamos leerlo. Desapareció varias clases. Mi primer ejemplar de El llano en llamas y Pedro Páramo fue de la editorial Seix Barral, de segunda, comprado en Willy Garrido. Leímos “Macario” y “¡Diles que no me maten¡” Quedé atónito. Mi incipiente instinto literario decía que esos relatos eran “buena literatura”. Entonces supe que había otros escritores aparte de Ricardo Palma, Ciro Alegría, Enrique López Albújar y Julio Ramón Ribeyro. Así descubrí a Juan Rulfo. Macario habla solo como un demente; es el monólogo interior o flujo de conciencia. Justino rescata a su padre fusilado por venganza. Luego leí otros cuentos: “Luvina” (antesala de Comala), “El llano en llamas”, “Talpa”, “No oyes ladrar los perros”, “La cuesta de las comadres”. Pedro Páramo fue epifanía literaria, valla alta e indicador estético.       

He vuelto a releer Pedro Páramo. Pronto se verá a Pedro Páramo, Juan Preciado, Dolores Preciado, Susana San Juan, Miguel Páramo y su caballo Colorado, Comala, la hacienda Media Luna y las almas en pena en Netflix. Juan Rulfo con Pedro Páramo se convirtió, casi de inmediato, en un novelista de admiración, idolatría, virtudes estilísticas, lenguaje conciso, certeza lingüística, que despoja al discurso de adjetivos innecesarios, de rupturas de tiempo y espacio -herencia de William Faulkner-; es una novela, de escasas 125 páginas, que no tiene capítulos, sino 69 estancias, de la ambigüedad y el desconcierto, pero coherente, de argumento feroz y construcción de una notable ficción literaria: no se sabe quién narra ni con quién se conversa, si Juan Preciado está vivo o ya murió, hablan los vivos y escuchan los muertos y viceversa. Juan Preciado, hijo de Dolores Preciado y de Pedro Páramo, viaja a Comala para conocer a su padre. En el trayecto se encuentra con un arriero, Abundio Martínez, quien lo guía hacia Comala y a la casa de Eduviges Dyada. Este personaje sordo le dice a Juan Preciado que Pedro Páramo está muerto, que el mismo está muerto y que Comala “está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”. En el pasado, en Comala había lluvias torrenciales, crecía el maíz, verdeaban los sembríos, corría viento, hacía frío. Después de la muerte de Susana San Juan, Pedro Páramo decreta: “Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre”. Morirá asesinado por Abundio en la puerta de la Media Luna.

En Pedro Páramo, Juan Rulfo no trasladó la autobiografía para transformarla en ficción. Cuando le preguntaron cómo surgió la novela, dijo: “Empezó a nacer la idea de contar una historia en donde el tiempo y el espacio no existieran. Entonces, para eso pensé, es decir, creía que lo mejor sería utilizar muertos, un pueblo muerto, con todos los personajes muertos”. Y así lo hizo. El único personaje vivo es Juan Preciado que llega a un pueblo fantasmagórico, donde viven espectros, allí él también morirá. En apariencia, el tiempo se muestra al lector como presente. Las andanzas, crímenes, estupros, fechorías, perversos alegados y sobornos del abogado Gerardo Trujillo para liberar a Miguel Páramo de la cárcel se cuentan con total verosimilitud. Pedro Páramo se casa con Dolores Preciado para adueñarse de sus bienes, luego la despide de Comala y se une a Susana San Juan, mujer clave para Comala y Pedro Páramo. Su muerte es la agonía de Comala y la desaparición de la hacienda la Media Luna. Según las versiones de Jorge Edwards, Premio Cervantes 2000, Pedro Páramo tiene vínculos técnicos y temáticos con Las memorias póstumas de Blas Cubas (1880) -75 años antes de Pedro Páramo– del brasileño Joaquim María Machado de Assis y La amortajada (1938) -17 años antes- de la chilena María Luisa Bombal. En ambas novelas, los muertos relatan sus historias.  Carlos Fuentes dijo: “Ya quisiera yo haber escrito una novela como Pedro Páramo. Me tiro al Sena al día siguiente con una pesa amarrada al cuello”. En la novela se constata la vigencia del lenguaje popular de los campesinos mejicanos y el afán de crear neologismos. El libro Juan Rulfo. Toda la obra (ALLCA XX, 1996), que me obsequió el Dr. Hernán Amat Olazábal, contiene un glosario de 81 palabras y frases que utilizan los personajes y narradores de la novela.    

Pedro Paramo, Dolores Preciado y Susana San Juan conforman un trío amoroso que se deshace por intereses económicos, locura y obsesión fatal. Juan Preciado emprende una búsqueda infructuosa; nunca conoce a su padre Pedro Páramo. Fulgor Sedano es el capataz servil de la Media Luna. Hay cuatro personajes sumamente relevantes en la historia popular de Comala. El Saltaperico Inocencio Osorio, amasador de la Media Luna, provocador de sueños y deseos sexuales; es “embaucador embustero”. La Cuarraca Dorotea, quien vive con una maternidad frustrada, alcohólica, alcahueta de Miguel Páramo, el padre Rentería la perdona por lástima. El Tilcuate Damasio, secuaz de Pedro Páramo, se une los revolucionarios con un ejército de bandoleros para preservar de cerca las propiedades del patrón de Comala. El Tartamudo lleva la noticia de la muerte de Fulgor Sedano. Juan Rulfo tenía clara su escritura literaria. Dice: “La literatura es una mentira que dice la verdad. Hay que ser mentiroso para hacer literatura, esa ha sido siempre mi teoría”.    

Después de leer, una vez más, Pedro Páramos terminé convencido definitivamente que escribir ficciones demanda talento y genialidad, quedé anonadado, sin aliento, hasta parece que la voz de mi conciencia es una mujer, llena de pecados y remordimientos, de Comala, que una sombra fugaz podría ser Abundio, Eduviges o Damiana. ¿Los muertos pueden ser personajes? ¿Puede en un pueblo mejicano hacer más calor que en el infierno? García Marque dijo, en 1961, de Pedro Páramo: “Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leía La metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de Bogotá -casi diez años atrás- había sufrido una conmoción semejante”. Su amigo Álvaro Mutis le “aventó” Pedro Páramo a Gabo para que lo leyera y así termine Cien años de soledad. Juan Rulfo tenía 38 años cuando publicó Pedro Páramo. Pedro Páramo es el “milagro literario” de un escritor nato que solo sabía fabular con originalidad. La novela de Rulfo es lección, precedente y vigencia basada en la renovación, la estética y la universalidad desde Comala.