Harry, un joven que escapó de Corea del Norte en 2013 junto a su madre, compartió su experiencia sobre el sistema educativo bajo el régimen de Kim Jong-un en una entrevista para el pódcast Tenía la duda, presentado por Judith Tiral. En su relato, diez años después de haber huido del país, Harry detalló las precariedades educativas que enfrentó en su niñez y cómo su vida dio un giro al establecerse en Corea del Sur.
Harry explicó que, aunque la educación en Corea del Norte se promueve como gratuita, las familias deben cubrir muchos gastos relacionados con el mantenimiento escolar y los materiales educativos. Los recursos disponibles en las aulas eran escasos y de baja calidad. “Los textos se heredaban de estudiantes mayores y a menudo estaban incompletos o llenos de marcas”, explicó. Además, solo había disponibles unos pocos ejemplares de los textos más complejos, lo que obligaba a los estudiantes a compartirlos entre varios compañeros. Esta información fue proporcionada por Daniela Magallanes para La República.
Control del contenido educativo y censura
Harry también señaló que el contenido de la enseñanza estaba controlado de manera estricta por el régimen de Kim Jong-un. Los temas relacionados con la familia Kim eran el eje principal de las lecciones de historia. “La historia que se enseña en las escuelas gira en torno al abuelo de Kim Jong-un, al padre y hasta a la abuela”, relató. En contraste, temas sobre Estados Unidos y otros países eran apenas mencionados.
A pesar de que los estudiantes llevaban clases de geografía, el conocimiento sobre el mundo exterior era limitado. “Tu destino está pisando Corea del Norte, pero ves fuera de Corea del Norte”, dijo Harry, resaltando que el régimen permite tener una idea del exterior, pero sin la posibilidad de salir de las fronteras del país.
El deporte y las contradicciones del sistema
Como parte curiosa de su testimonio, Harry mencionó que el fútbol ocupaba un lugar destacado en las escuelas de Corea del Norte. Los estudiantes tenían acceso a ver partidos y eventos deportivos internacionales, como los Juegos Olímpicos, lo que contrasta con el control de la información sobre otros aspectos de la vida en el exterior.
Sin embargo, Harry hizo hincapié en las contradicciones del sistema educativo norcoreano, que bajo el pretexto de ser público y gratuito, obligaba a las familias a financiar la infraestructura y materiales necesarios. “Si hay que hacer alguna construcción, tenemos que hacerla y pagarla nosotros. No existe ningún sistema gubernamental que se encargue de eso”, explicó.
La transformación tras escapar de Corea del Norte
Tras escapar de Corea del Norte, la vida de Harry cambió radicalmente. Uno de sus primeros choques culturales fue en China, donde notó grandes diferencias con su país de origen. “Todo era muy diferente. La gente desperdiciando la comida (…) los edificios y muchas luces en las calles”, recordó.
Aunque ahora reside en Corea del Sur, Harry reveló que su pasado en Corea del Norte ha dejado cicatrices en su salud mental. Ha sufrido ataques de pánico en situaciones cotidianas como en el metro o en la universidad, pero a pesar de los desafíos, su vida ha mejorado considerablemente tras haber escapado del régimen norcoreano.




