Sudamérica enfrenta una de sus peores crisis ambientales con cerca de 350,000 incendios forestales registrados entre enero y septiembre de 2024, superando el récord de 2017. Países como Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia han sido duramente afectados, con Bolivia y Brasil en situaciones especialmente graves. Los incendios, exacerbados por la sequía, el calor extremo y actividades ilegales, han destruido millones de hectáreas de selva y puesto en peligro la vida de miles de personas y animales.
Destrucción masiva en Brasil y Bolivia
En Brasil, la Amazonía ha sido devastada, con cerca de 7 millones de hectáreas destruidas, una extensión equivalente a 10 millones de campos de fútbol. El humo generado por los incendios afecta al 60% del territorio brasileño, y São Paulo, la ciudad más grande de América Latina, alcanzó niveles alarmantes de contaminación. Según IQAir, la calidad del aire en la ciudad superó 14 veces el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ha causado serios problemas respiratorios en niños y ancianos. “Es extremadamente difícil respirar en la calle”, relató Larissa, residente de Campinas, cerca de São Paulo.
En Bolivia, la situación es aún más desesperante. El guardaparque Ricardo Barbery ha luchado contra las llamas durante tres meses, enfrentándose a la falta de recursos como camiones cisterna y equipo adecuado para combatir los incendios. Los incendios en el departamento de Santa Cruz han afectado a 17 comunidades y destruido más de 25 propiedades. “Todo se ha convertido en cenizas”, lamenta Barbery, mientras la comunidad de San Matías ve cómo 15 familias han perdido sus hogares.
La respuesta internacional y los desafíos burocráticos
La situación en Bolivia mejoró ligeramente con la llegada de ayuda internacional de países como Chile, Brasil, Uruguay y Venezuela, después de que el gobierno declarara el estado de emergencia el 7 de septiembre. No obstante, las demoras en la reacción han sido criticadas. “La burocracia reina, y esto retrasa la respuesta cuando es más urgente”, señaló Barbery.
Los incendios han dejado un rastro de destrucción ambiental y humanitaria, con animales silvestres huyendo desesperadamente y personas como Ramalakwmi, de La Paz, sintiéndose impotentes ante la tragedia. “Es triste ver a los animales huyendo quemados, sin ayuda”, expresó, subrayando que no se trata solo de un desastre natural, sino de un crimen organizado que agrava la situación.
Perspectivas para el futuro
A pesar de la reducción reciente de los focos de calor en Bolivia, los residentes y activistas temen que las medidas sean insuficientes para prevenir futuras catástrofes. La falta de coordinación y recursos adecuados para enfrentar los incendios sigue siendo un problema grave en toda la región. Los afectados piden que las autoridades actúen con mayor rapidez en el futuro para evitar que estas tragedias se repitan.




