Por : Eliseo Talancha Crespo
El abastecimiento de agua potable en la ciudad de Huánuco, tanto en calidad como en cantidad, no es un asunto contemporáneo, sino un problema histórico que se remonta a tiempos muy antiguos. Así lo dio a conocer el ilustre abogado y periodista huanuqueño Aníbal Maúrtua en su artículo “El Problema del Agua Potable de Huánuco”, publicado en “El Comercio” en su edición del 29 de septiembre de 1946.
Aníbal Maúrtua, quien fuera diputado por Pachitea entre 1919 y 1924, revela que a principios del siglo XVII el despoblamiento de la ciudad de Huánuco por parte de familias españolas tuvo su causa en la contaminación del río Higueras, lo que trajo consigo problemas de salubridad pública. Asimismo, hace mención a las diversas formas de polución a lo largo del curso del río Higueras hasta la acequia madre de la ciudad por las actividades y costumbres de los indígenas.
En una visión sobre la situación del líquido elemento en 1946, Maúrtua retrata la problemática del suministro de agua potable y los proyectos de solución que alentaba el gobierno de Manuel Prado. Sin lugar a dudas, los apuntes de Maúrtua constituyen una valiosa fuente para comprender la evolución histórica del problema concerniente a la dotación de este recurso vital para la vida, que hasta ahora sigue afrontando la ciudad de Huánuco, próxima a cumplir 500 años de fundación española.
A raíz de la publicación del Dr. Maúrtua, poniendo en evidencia los problemas de salud pública por la mala calidad del agua potable en la ciudad de Huánuco, el decano de la prensa nacional “El Comercio” recogió diversos puntos de vista sobre las causas, consecuencias y alternativas de solución para encarar la pandemia de la tifoidea que se había desatado por la contaminación y el mal tratamiento del agua proveniente del río Higueras a mediados del siglo XIX.
En su edición del sábado 28 de septiembre de 1946, “El Comercio” publica la carta del Dr. Aníbal Maúrtua, quien sostiene la necesidad de solucionar científica y eficazmente el problema del agua potable de Huánuco para extinguir la epidemia de la tifoidea que venía diezmando a la población. Hace mención de que el agua del río Higueras, que se distribuye a partir de la “Acequia Madre” por redes secundarias, se encuentra contaminada con diversos microbios. Maúrtua hace referencia a diversos proyectos de solución que a través del tiempo se habían venido esbozando, incluso desde cuando era diputado por Pachitea.
En su edición del 30 de septiembre de 1946, “El Comercio” publica la carta del médico huanuqueño Pastor Carranza, quien explica que la mal llamada agua potable ha sido la causa de numerosos casos de tifoidea con consecuencias fatales, entre ellos la muerte de su esposa. Hace mención de que la gestión del agua que se consume en la ciudad no solamente es un asunto del pasado, como plantea el Dr. Maúrtua, sino también del presente al no haberse tomado las medidas preventivas, proponiendo una comisión investigadora para deslindar responsabilidades por la pérdida de vidas humanas y más de 500 enfermos.
En medio del tenso debate sobre los responsables de la pandemia de la tifoidea que vivía Huánuco, en su edición del 2 de octubre de 1946, “El Comercio” publica una extensa carta del ingeniero civil Guillermo Saco Vértiz, quien como contratista de las obras cuestionadas menciona que sus trabajos han respondido a los estudios hechos y proyectados por la empresa “The Foundation Company”, que delineó los sistemas de captación, conducción, almacenamiento y distribución del agua a los pobladores. Hace mención de que las obras para dotar de agua potable a la ciudad de Huánuco han sido bien proyectadas y conscientemente ejecutadas. El ingeniero Saco Vértiz menciona que la construcción de otras galerías paralelas al río Higueras no autorizadas han ocasionado la enfermedad tífica con lamentables pérdidas de vidas de pobladores y visitantes de Huánuco.
Y en su edición del miércoles 9 de octubre de 1946, “El Comercio” recoge los puntos de vista del ingeniero E. Buzzi, quien hace mención de que la causa de la pandemia de la tifoidea en Huánuco ha sido el agua potable a la luz de los análisis bacteriológicos y las deficientes obras de captación ejecutadas en el lecho del río Higueras. Hace mención de que en tiempos de avenida llega agua turbia a la ciudad. Buzzi menciona que las obras de canalización dejan mucho que desear y que ha sido un gran error el no haber dejado, al colocar las tuberías de desagüe en las calles, las tees para la conexión de los desagües.
Las veces que retornamos de visita a nuestra primaveral y leonesca ciudad, logramos advertir que en pleno siglo XXI los problemas de dotación de agua potable que se dieron a mediados del siglo XX persisten. Cuando abrimos los caños vemos caer la turbidez del agua como si se tratara de un chocolate espeso. Es fácil inferir que las tuberías de agua y desagüe deben ser muy antiguas. En algunas ocasiones simplemente no hay agua. Hasta ahora no se cuenta con una buena planta de aguas residuales. Es inconcebible que la capital departamental no tenga un sistema ambiental y sanitariamente sostenible del agua potable, tan indispensable para las diversas formas de vida.
El diagnóstico actual de la situación del suministro de agua potable presenta los mismos problemas que se tenían a mediados del siglo XX, con la agravante de que la población ha crecido con los distritos de Amarilis y Pillcomarca. Yo creo que hace buen rato el sistema de agua y desagüe en la ciudad de Huánuco se encuentra en estado de emergencia, y entonces nos preguntamos: ¿acaso es necesario que se repita la pandemia de la tifoidea en Huánuco de 1946 para tomar cartas en el asunto? Si hay algo para lo que sirve la historia es para que no se repitan los errores.




