La riqueza de Huánuco: Reseña de un libro

Talancha Crespo (2024). De Huánuco a Junín y Ayacucho. El paso de Bolívar en ruta hacia la independencia del Perú y América. Huánuco, Amarilis.

Por: Susana Aldana Rivera

Huánuco es un espacio clave en el proceso de independencia del centro del Perú y este libro lo demuestra. Con una trepidante narrativa, Eliseo Talancha, abogado-historiador explica, progresivamente, cómo Huánuco se convierte en el espacio patriota clave para la campaña de la sierra en la guerra de independencia. 

De allí la estructura del libro. Particularmente centrado entre 1823 y 1824, el autor desentraña los diversos hechos concadenantes en la consolidación de  Huánuco como una región independentista. 

El primer capítulo muestra la intervención de los naturales, hombres de la región, montoneros y guerrilleros que formaron el batallón Huánuco: desde Francisco de Paula Otero, jefe de la guerrilla; pasa por la problemática influencia de Riva Agüero en pugna con Torre Tagle y la compleja situación que enfrentaron los montoneros en medio de ella.

Los destinos del eje norte de la otrora intendencia de Tarma estuvo vinculada a Trujillo. Así lo visibilizada Talancha. Describe cómo se fueron dando los eventos que determinaron la conversión de la región en los cuarteles patriotas de la campaña de la sierra. 

Bolívar entiende la disyuntiva de un guerrillero como Marcelino Carreño, jefe militar del Batallón Huánuco, quien expresa lealtad a José de la Riva Agüero, su mayúsculoo opositor. A la caída de Riva-Agüero, queda dudoso del lado de quién está la verdad: Bolívar será el personaje clave de la definición, no Torre Tagle ni el Congreso Constituyente. 

Huánuco queda sancionado como espacio independiente con los hombres del batallón del mismo nombre incorporados militarmente al Batallón No.1, que nos remite a los avatares de los neogranadinos en esas tierras, con el batallón Bogotá y finalmente la presencia indiscutible del gran táctico militar, el Mariscal Sucre.

La amenaza realista, sin embargo, está siempre presente: como en cualquier lugar del espacio liberado por los insurgentes, más aún cuando se trata de Huánuco, debido a su ubicación estratégica en términos de riqueza agrícola, pero también y quizás sobre todo, por su relación con la ceja de selva. 

El tercer capítulo se centra en la presencia de Bolívar en las tierras de Huánuco y cómo desde allí y confiando plenamente en Antonio José de Sucre, se reconfirma en la clave de la victoria: la guerra definitiva tendría que darse por la sierra. 

Los comportamientos de los patriotas reviste de preocupación; todavía no se imponía lo que poco después establecería Bolívar con razias generales para conseguir abastecimientos y todo tipo de apoyo. Nunca hay mucho tiempo para disciplinar reclutas y la problemática de los hombres para la tropa se torna en un punto  de inquietud: Miguel Fano hace lo mejor que puede, pero no solo faltan bastimentos y aprovisionamiento, sino sobre todo,  el reconocimiento a los oficiales, quienes “se muestran disgustados por carecer de la investidura de sus respectivos despachos; es decir, su reconocimiento social y pecuniario”.

Pero también se daba la deserción de personajes como Luis Arias, que traicionó a la causa y se pasó al otro bando; finalmente la táctica realista era dejar papeles de perdón; cómo enfrentar las deserciones o quizás, mejor, el tránsito entre opciones liberales republicanas y monarquistas que, en el fondo, deben haber remitido a intereses de la verdadera patria en la época, lo que hoy es la patria chica. Una muestra de la complejidad de los problemas que no solo se daban en la tropa y entre la tropa, sino también con los oficiales y entre los oficiales. 

El texto expone la puesta en marcha de una verdadera maquinaria patriota que hará que todos los jefes coincidan en Huánuco y sus alrededores, en tránsito a Cerro de Pasco y el centro del Perú: literalmente, el centro del Perú está entre la laguna Chinchaycocha y el inicio del Huallaga en Huánuco y el Marañón.

El accionar de Sanchez Carrión, enfermo pero convencido de que Bolívar, O´Connor y, por supuesto, Sucre no hacen más que preparar la gran entrada del Libertador quien gobierna desde la zona: borra del escalafón militar a los que se plegaron a los realistas y se refugiaron en el Callao. 

Bolívar, el gran libertador tiene su lado humano. Talancha recoge de Varallanos la anécdota de cómo en Huánuco se tuvo que ocultar y hacer escapar a una mujer que atrajo al personaje, “aún afrontando las iras temibles del Libertador”.

Pero si la vida del hombre tiene tantos clarososcuros, el Libertador vuelve a emerger como tal en el último capítulo, la conclusión de la narrativa porque nos describe el tramo final, aquél que nos lleva de Huánuco a Junín y finalmente Ayacucho: la ruta de la independencia nos lleva a percibir el esfuerzo humano de las travesías, las estrategias, las enfermedades -de la que el mismo Bolivar acababa de salir, la necesidad de abastecimiento y, por tanto, las paradas en la ruta. 

El Libertador se establece en Huariaca, cerca de Cerro de Pasco; en Rancas, América es la esperanza del universo y gente de todo el subcontinente y más allá, está presente. Diez mil hombres, con 3500 peruanos en cuanto ejército; ¿cuántos más no estarán contados? La narración de la batalla de Junín es acuciosa; la batalla de Ayacucho estaba servida. Pero Talancha no deja de comentarnos los que sucede en esos 126 días que separan una de otra, la labor gubernativa de Sánchez Carrión en Huánuco se traslada con la persona, a Huancayo, Huamanga, Tarma y Chancay. Mientras los sucesos se deslizan y finalmente se da la batalla de Ayacucho. 

La labor administrativa ha continuado en todo momento y el departamento de Huánuco de ese espacio guerrero se convierte en Junín en recuerdo de esa gran pequeña batalla de tan sólo 45 minutos.

Múltiples temas subyacentes

Si bien, Tarma es la puerta de entrada tradicional a la ceja de selva centro norte, la ruta de los Antis, aquella por la que se transita al otro lado de los Andes, cuenta con algunos puntos de acceso que combina la riqueza de la zona. Es el caso de Huánuco, que se encuentra a la vera del Huallaga y supone el acceso a un valle fértil, rico y permite la riqueza del intercambio.

Su historia es muy rica desde el siglo XVI y su opción autonomista e individual queda marcada por su derrotero: fundada como León de los Caballeros de Huánuco (1539), mantiene su productividad y particularidad a lo largo del siglo XVII y cuando las reglas de juego comienzan a ser cambiadas por las autoridades españolas en el marco de las reformas borbónicas, se dan pequeños pero crecientes asonadas y revueltas cuya culminación es la rebelión de Huánuco de 1812. 

Pero cual rayuela de Cortázar, el libro puede ser sujeto a múltiples lecturas y por tanto, aprendizajes sobre la independencia de Huánuco. El material documental es sumamente rico y está presentado como sustento de los diferentes acápites de cada capítulo pero que, a la vez y por lo mismo, permite manejar cada uno de manera individual. Cada uno de los acápites tiene sentido en sí mismo, por lo cual es posible leer cada uno por separado si se busca alguna información particular.

(*) Historiadora y docente de la PUCP