Por: Arlindo Luciano Guillermo
Quien lee aprende más, sabe más, conoce más, aumenta sus conocimientos, puede dar mejores respuestas a interrogantes que la vida plantea.
Quien lee escribe con claridad, orden y argumentación convincente.
Leer es ingresar, como una aventura en la jungla, a la autopista del conocimiento y al manejo de la información. Un libro de literatura invita al lector a disfrutar del lenguaje metafórico, de ficciones que parecen verdades, de personajes que nunca se borran de la memoria. Siempre recordaremos con agrado a Aladino y la lámpara maravillosa, al loco don Quijote, a Sancho Panza, Dulcinea del Toboso, madame Bovary, a Aquiles (“el de los pies ligeros”), a Helena de Troya, a Aureliano Buendía, al poeta Alberto Fernández y al Jaguar, al niño Ernesto, etc. Precisamente, el Plan Lector que, por obligación legal, se implementa en las instituciones educativas del Perú sirve para fomentar, promocionar, difundir, crear condiciones para mejorar los aprendizajes y “ganar lectores”. La democracia se legitima con ciudadanos que entienden lo que leen, escuchan y ven. El hábito de lectura es equivalente a lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes después del almuerzo, llegar puntualmente al trabajo o cumplir las obligaciones profesionales y domésticas. No hay aprendizaje sin lectura.
Se supone que en todas las instituciones educativas rurales o urbanas de la región Huánuco existe el Plan Lector diseñado técnicamente, respetando los “intereses lectores” de los estudiantes y fijando la accesibilidad del libro, para complementar los aprendizajes y promover el hábito de la lectura, el aprecio por el libro y reforzar las habilidades verbales.
El hábito de lectura se aprende por necesidad o imitación. El hábito no es innato al ciudadano.
Nadie nace con predisposición a ser un lector apasionado y habitual. La escuela, desde el ingreso del niño a los 3 años, se esmera, con paciencia y estrategia didáctica, por enseñar a comprender los sucesos del alrededor, identificar los colores, las formas geométricas y desplazamientos sicomotrices. Luego viene la palabra escrita. Así la lectura se convierte en la herramienta diaria de aprendizaje y para las evaluaciones. Si un estudiante desaprueba un examen es porque “no sabe leer, no entiende lo que lee o no tiene memoria fotográfica.” Lee el docente para preparar la clase, elaborar la sesión de clase y la programación curricular anual. Lee el padre de familia para apoyar con las tareas a sus hijos y estar al tanto de las indicaciones que debe cumplir durante el año escolar. La lectura nos coge a todos, en todos los lados. Nadie se libra de la injerencia de la lectura. El hábito de lectura se adquiere cuando hay un paradigma cerca, visible, tangible, que no necesariamente son los padres, sino puede ser un amigo, un maestro influyente, un tío o el abuelo querendón.
El libro es el objeto cultural que poco aprecio tiene hoy. La librería Crisol ya cerró en Plaza Vea. Han aumentado las tiendas de ropa y comida. Crisol sobrevive heroicamente en Open Plaza. Se ve a algunos lectores visitando los estantes, tocando los libros con sus propias manos, leyendo títulos. Se anima y compra uno o más libros. En el patio de comida, todas las mesas están ocupadas, comensales devoran KFC con fruición. “Barriga llena, corazón contento, inodoro temblando.” El internet proporciona e-book (libro electrónico, digital o ciberlibro) y libros en PDF. El libro contiene conocimientos, respuestas a nuestras interrogantes, resuelve problemas académicos. El libro alimenta la vida, sensibiliza el espíritu del lector, hace funcionar al cerebro.
La lectura tiene que ser permanente hasta la muerte física del ciudadano. El hábito de lectura no termina en la universidad. Leemos todos los días. Lee el gobernador regional antes de firmar un memorando, un oficio, un convenio marco o específico o una resolución ejecutiva regional. Nadie, que sepa leer, firma algo sin leer, sin saber qué firma. Lee el juez, antes de sentenciar y escuchar al acusado, el voluminoso expediente con pruebas escritas. El prospecto de admisión es leído con interés y necesidad por el postulante en la universidad. La Ley de Contrataciones del Estado, que reglamenta la adquisición de bienes y servicios, se lee con claridad, minuciosidad y aplicación funcional para no incurrir en delito, infracción y “malas interpretaciones”. Todo aprendizaje exige lectura, comprensión y ejercicio del pensamiento crítico. La lectura educa ciudadanos con opinión propia.
El hábito de lectura cambia la vida personal, familiar y profesional de los ciudadanos. Si los padres leen, lo más probable es que los hijos también cojan un libro y lean. Así como se regala un celular o un tablet, también debemos comprar y obsequiar a nuestros hijos un libro. Necesitamos ciudadanos argumentales, con autonomía, con capacidad de reflexión y mejor lucidez para tomar decisiones. Nuestros hijos, en algún momento, van a enfrentar solos la vida. Hay que prepararlos para eso. La lectura es una gran herencia que podemos dejar a nuestros hijos. Ellos nos van a agradecer eternamente.



