¿Promesa de progreso o elefante blanco?

La culminación del Malecón Walter Soberón en Huánuco se perfila como un hito largamente esperado, pero no exento de controversias. Este proyecto, que lleva el nombre de un recordado alcalde, ha sido objeto de numerosos retrasos y modificaciones desde su concepción durante la administración del gobernador Antonio Pulgar. La promesa de finalización para mediados de septiembre, anunciada por el ingeniero Álvaro Mendoza Castillo de la Dirección Regional de Transportes y Comunicaciones, genera más escepticismo que entusiasmo entre la población.

Es innegable que la obra promete beneficios significativos: un enrocado en las riberas de los ríos Huallaga e Higueras, una pavimentación supuestamente resistente a las inclemencias del clima local, y el alivio del tráfico pesado en la carretera central. Sin embargo, cabe preguntarse si estas promesas se materializarán con la calidad esperada o si serán otra muestra más de la mediocridad que a menudo caracteriza las obras públicas en nuestra región.

La solicitud del propio ingeniero Mendoza Castillo de investigar las seis adendas o adicionales del proyecto es, sin duda, un gesto loable hacia la transparencia. No obstante, esta acción tardía genera interrogantes sobre la gestión previa del proyecto. ¿Por qué se necesitaron tantas modificaciones? ¿Quiénes se beneficiaron de estos cambios constantes en el presupuesto y el alcance de la obra?

El Malecón Walter Soberón podría ser una oportunidad única para Huánuco, un símbolo de progreso comparable al histórico puente Calicanto. Sin embargo, la historia nos ha enseñado a ser cautelosos con las grandes promesas. La calidad de la construcción, la durabilidad de los materiales y la efectividad del diseño están aún por probarse. ¿Resistirá esta obra los embates del clima huanuqueño, o se convertirá en otro elefante blanco que requiera constantes reparaciones a costa del erario público?

Es imperativo que la ciudadanía se mantenga vigilante y exija no solo la culminación de la obra, sino también su calidad y funcionalidad a largo plazo. La propuesta de un comité de supervisión ciudadana, aunque necesaria, no debería ser responsabilidad de los habitantes, sino una iniciativa proactiva de las autoridades para garantizar la transparencia y eficacia en la ejecución de obras públicas.

En conclusión, mientras Huánuco espera con una mezcla de esperanza y recelo la inauguración de esta obra emblemática, es fundamental que como sociedad mantengamos una postura crítica y vigilante. El verdadero éxito del Malecón Walter Soberón no se medirá en el día de su inauguración, sino en su capacidad para resistir el paso del tiempo y servir efectivamente a las necesidades de la comunidad.