Por Arlindo Luciano Guillermo
Quiero conservar en la memoria y en la imaginación de lector, las imágenes propias de los Buendía Iguarán y los personajes que nacieron, vivieron y murieron en Macondo. Una vez más he leído Cien años soledad, novela que yo recién conocí y disfruté en el tercer año de mis estudios universitarios; 19 años después de que se publicara en 1967. Netflix, en 19 episodios, difundirá una serie basada en Cien años de soledad. Los actores darán visibilidad a las generaciones de los Buendía Iguarán y la historia social, económica y política de Macondo desde que era “una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos” hasta cuando la “ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. García Márquez jamás hubiera autorizado la conversión de Cien de soledad en imágenes del cine; los hijos, que tienen los derechos de autoría, así lo decidieron. Cien años de soledad es irrepetible, única, inmarcesible, inagotable como los ríos tropicales de América; nunca agota al lector ni marchita en el tiempo.
Los propietarios legales de los “bienes literarios” de Gabriel García Márquez son los hijos. Primero autorizaron la publicación de la novela inédita En agosto nos vemos, que el propio Gabo dijo que no era publicable. Ahora autorizaron que Cien años de soledad incursione en el lenguaje cinematográfico y el código de las imágenes. Los derechos concedidos representen un contrato millonario. Otros textos literarios universales han sido llevados al cine: Ilíada (o la guerra de Troya), la Odisea, Los miserables, La ciudad y los perros, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quién le escriba o El amor en los tiempos del cólera. Eso no se puede evitar. El caso de Cien años de soledad es peculiar. García Márquez se ha negado a autorizar la filmación de CAS, con el argumento de que no quería afectar seriamente la imaginación de sus lectores. Por ejemplo, ¿cómo era Melquiades? Decir que era un viejo gitano, que rejuvenece mágicamente, viaja por el mundo y regresa a Macondo y entrega las claves para descifrar los pergaminos donde están escritos, en verso y en sánscrito, la historia y el destino de Macondo. Dice la novela: “Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades”. ¿Cómo presentará Netflix a José Arcadio Buendía, el descomunal primogénito, casado con Rebeca Montiel (que no es su hermana), que muere de un escopetazo? ¿Quién mató a José Arcadio Buendía? Ese dato escondido jamás se revela. Qué dirá de Pietro Crespi, manzana de la discordia entre Rebeca y Amaranta; él se suicida por amor, Amaranta empieza a tejer su mortaja. El coronel Aureliano Buendía, anciano, desilusionado de la guerra, en total soledad, viudo, con 17 hijos en mujeres diferentes, termina en Macondo fabricando pescaditos de oro. ¿Cómo se mostrará a Úrsula, matriarca, columna vertebral de la familia, centenaria, ciega, que muere un Jueves Santo? ¿Cómo era el burdel precario de Pilar Ternera? ¿Cómo se amaban desenfrenadamente Amaranta Úrsula y Aureliano? ¿Cómo se verá la casa grande en el esplendor y en la ruina? ¿Cómo se verán las ruidosas jaranas que organizaban Aureliano Segundo y Petra Cotes?
Cien años de soledad es la historia real-maravillosa de la familia Buendía Iguarán y del pueblo de Macondo, escenario imaginario como Comala de Rulfo o Yoknapatawpha de Faulkner. Macondo es el nombre de una finca bananera en Aracataca, pueblo donde nació García Márquez el 6 de marzo de 1927. Según el linaje elaborado por José Miguel Oviedo y Mario Vargas Llosa, los Buendía Iguarán tienen siete generaciones: los primos José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán (primera generación), José Arcadio, Aureliano y Amaranta, hijos de José Arcadio y Úrsula (segunda generación), Arcadio (hijo de José Arcadio, el primogénito, y Pilar Ternera), Aureliano José (hijo de Aureliano y Pilar Ternera) y los 17 hijos del coronel Aureliano Buendía en la guerra (tercera generación), Remedio, la bella, José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo (gemelos), hijos de Arcadio y Santa Sofía de la Piedad (cuarta generación), el seminarista José Arcadio, Renata Remedios (Meme) y Amaranta Úrsula, hijos del obeso Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio (quinta generación), Aureliano Buendía, hijo de Meme y Mauricio Babilonia, cuya presencia atraía multitud de mariposas amarillas (sexta generación) y el Aureliano, devorado por las hormigas, hijo incestuoso de Amaranta Úrsula y su sobrino Aureliano (séptima generación). La estocada fatal a Macondo es el nacimiento del aberrante Aureliano, tal como había ocurrido con un ancestro en Riohacha; era el temor recurrente de Úrsula Iguarán. El ciclo social de Macondo empieza con un incidente en el pueblo de Riohacha: José Arcadio Buendía asesina, por una ofensa grave al honor, a Prudencio Aguilar; el fantasma de este lo persigue, entonces decide migrar y fundar, luego de una fatigada travesía, Macondo. Tres hechos destruyen a Macondo: el diluvio (cuatro años, 11 meses y 2 días), la matanza de trabajadores de la compañía bananera (según Arcadio Segundo fueron 3 mil) y Aureliano Babilonia, el “monstruo con cola de cerdo”. Cinco mujeres y 26 varones constituyen la casta macondiana.
El 30 de mayo de 1967 ingresó Cien años de soledad a la imprenta de la editorial Sudamericana. En junio llegaron a las librerías los primeros ocho mil ejemplares que se vendieron en un tris, luego aumentaron los tirajes a miles y millones, se tradujo a casi todos los idiomas del mundo; es un best seller indiscutible. No leer Cien años de soledad es un “pecado cultural”. Un profesor de literatura que no haya leído Cien años de soledad, qué podría comunicar a los estudiantes cuando aborda el boom de la novela latinoamericana. Cien años de soledad es inmortal, vive eternamente en la memoria de los lectores. Cien años de soledad es un clásico, sin fecha de vencimiento. No hay lector, que se precie como tal, que no haya hojeado, leído una o más veces Cien años de soledad.




