GRUPO DESPERTAR

Por Arlindo Luciano Guillermo

“Aquí llegué afortunadamente hace dos años”, dijo. 8:43 p.m., sábado 25 de mayo, Hotel Cusco, doscientos asistentes, decoración modesta, sin barroquismo ni suntuosidad. 26 de mayo, aniversario 21 de la comunidad de Alcohólicos Anónimos Grupo Despertar de Huánuco, que congrega a decenas de ciudadanos con problemas con la bebida, todas las edades, condición social, no tiene fines de lucro, ingresas y si quieres no regresas. “Aquí no hay diferencias, somos iguales, no valen grados académicos, fortuna ni prestigio público. El alcohol es “democrático”: ataca por igual a todos”, dice el animador. “No hay jefes ni líderes, solo servidores”, puntualiza. “Yo llegué al Grupo Despertar hace ocho años sin nada, extraviado en la calle, título universitario, guitarra vieja, me ganaba la vida cantando en las cantinas. Aún siento a mi lado al flaco Espino, a Gitano y a los otros que ya no están aquí. Estoy vivo gracias a mi “poder superior”, tal como lo concibo. Mi padrino Wenceslao me trajo. Es un milagro; estoy vivo, estamos vivos”, recuerda. Se quiebra, llora, al instante sonríe, la vida continúa. El auditorio aplaude. Reparten golosinas, refresco morado, bocaditos. Felipe es diligente y amable anfitrión.    

El primer asistente dijo:

“Yo un día decidí: “Basta, hasta aquí nomás, Gabriel”. Si no hubiera llegado al Grupo Despertar, ser obediente, hacer el café después de las reuniones, barrer el local, asistir de 7 a 9 de la noche, seguiría sufriendo bajo el dominio poderoso del alcohol”.

El de respetable sobriedad, en la charla central, dijo:

“Yo estuve en el lodo, quebré mi negocio, golpeaba a mis hijos, mi esposa decidió botarme de la casa judicialmente; yo era un peligro para ella y mis tres hijas. Así tomé conciencia de lo que estaba haciendo. Yo iba camino al manicomio, el suicidio o la muerte. Un día llegué a la doble A. Vivo feliz sin alcohol desde hace 27 años”.

Otro dijo:

“Una fe sin acción es inútil. Eso dice la literatura, aunque me falta desinflar mi ego y lujuria. El alcohol es un enemigo astuto, desconcertante y poderoso”.   

Esaú, prodigiosa memoria y elocuencia, dijo:

“Alcohólicos Anónimos no está afiliada a ninguna secta, religión, partido político, organización o institución alguna. No desea intervenir en controversia, no respalda ni se opone a ninguna causa. Nuestro objetivo primordial es mantenernos sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad”.

Virginia, junto a su hija de 20 años, dijo:

“Decir con firmeza “solo por hoy no bebo”. El alcoholismo es incurable; no lo olvide”.

Alberto, el que habla sabiamente como Facundo Cabral, dijo:

“Aquí en la comunidad encuentro hermanos y amigos de verdad, soy un hombre libre, con total sobriedad desde hace 18 años, tres meses y esta noche; aquí nadie me dice “borracho de mierda”, “hueles a excremento”. Mi hija es mi “motor y motivo”.

Es difícil aceptar conscientemente que uno es alcohólico; la práctica de Los Doce Pasos, el secreto. ¡No se olviden de su padrino! ¡Ahijados, llámenlo!”    

Cuando le tocó hablar al poeta parafraseó unos versos de César Vallejo:

“Hay golpes en la vida que ya no son tan fuertes / pareciera que el odio de Dios se hubiera convertido en generosidad y compasión. / Son poco, pero son. / Dibujan amables sonrisas en mi rostro. / Serán tal vez la oportunidad que dona la vida / o el milagro que obró en mí cuando llegué aquí”.

Otro cogió el micrófono:

“Yo no necesito, después de 35 años de sobriedad y lucha contra mi ego, estar ebrio para vivir feliz, divertirme y bailar como un trompo. Yo era un barco a la deriva hasta que encontré la puerta abierta del Grupo Despertar: ingresé y me quedé”.

El que recién había cumplido 10 días de sobriedad en la comunidad dijo:

“No sabía por dónde andaba con mi botella de plástico de aguardiente. Aquí vi que había amigos sinceros que tenían la misma enfermedad que yo. ¿Dónde están los que “chupaban” conmigo? Soy nuevo, con su ayuda seguiré con mi recuperación”.

El último hermano, corbata vino, ojos de lechuza, sonrisa infantil, dijo:

“No dejen de asistir a la comunidad, no basta la voluntad. El alcohol es traicionero, espera una debilitad para doblegarnos. Si usted recae, regresa al infierno de donde vino. El alcoholismo es el averno; en la comunidad se disfruta de la vida a pesar de las diferencias, los defectos de carácter y las incoherencias. Nadie es perfecto”.  

Entregaron “el incentivo”, pequeña tarjeta plastificada que representa la perseverancia. Leonardo tiene 10 días en la comunidad, sirve bocaditos, la cena, recoge vasos descartables, ayuda a Soledad en la cocina. Recibe los incentivos desde aquel que tiene 10 días de sobriedad hasta el que ha cumplido 35 años. Prendimos velas azules en señal de esperanza y reafirmación de compromiso para continuar en sobriedad, cero alcohol, como condición para seguir el programa de Los Doces Pasos. Al final de la batalla, viendo al hermano sobrio y feliz, por atracción, con hechos y no palabras, los que sufren aún en bares y tabernas, por la ingesta ingobernable del alcohol, tocarán las puertas de la comunidad; un hermano estará dispuesto para recibirlos con amabilidad y compasión. Cantamos Cómo no creer en Dios y Millón de amigos, bailamos felices, sin alcohol. “Ves, Lolín, la felicidad viene sin trago”, dice Príncipe. El Grupo Despertar cumple un rol filantrópico, de servicio comunitario, de rescate de alcohólicos. “Todos vamos a morir, pero que no sea debajo del puente ni en el basural”, dicen en voz alta. Me retiro a las 11:45, sobrio, cansado, con los pies ardientes, feliz de haber gozado en una fiesta que no afecta la salud mental ni espiritual. Llego a casa sin incomodar ni provocar zozobra a los demás. Recuerdo la frase redentora: “Solo por hoy no bebo”. Me llama Próximo el domingo y dice: “Lolín, feliz 24”. “Ídem, hermano”, respondo sin resaca, paranoia ni lagunas mentales como hace unos años atrás cuando era el rey de las polladas con Lizandro Meza. Ahora la vida tiene otro color y sabor. “No gaste saliva en querer cambiar el pasado, disfrute del presente”, me escribe Julián.