Un devastador corrimiento de tierra en Papúa Nueva Guinea, tras un fuerte terremoto, ha causado una tragedia de gran magnitud con más de 600 posibles víctimas fatales, según informes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El deslizamiento sepultó casi por completo la remota aldea de Kaokalam en la provincia de Enga, dificultando gravemente las labores de rescate y evaluación de daños.
En respuesta al desastre, el Ministerio de Energía del país ha tenido dificultades para acceder a la zona, lo que impide proporcionar cifras exactas sobre el impacto total del incidente. Los equipos de rescate, enfrentando condiciones peligrosas y el riesgo de más deslizamientos, han recuperado solo cinco cadáveres hasta el momento. Mientras tanto, más de 1200 supervivientes han sido evacuados, aunque muchos otros permanecen desaparecidos o atrapados bajo escombros.
La región afectada es propensa a desastres naturales, incluyendo terremotos y avalanchas, exacerbados por condiciones meteorológicas extremas como lluvias intensas e inundaciones. Esta catástrofe ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las comunidades en áreas remotas de Papúa Nueva Guinea, muchas de las cuales viven en condiciones de extrema pobreza y con acceso limitado a servicios básicos.
El primer ministro James Marape ha anunciado el envío de equipos de emergencia, incluidas las Fuerzas de Defensa de Papúa Nueva Guinea, para asistir en las tareas de rescate y recuperación. Además, se ha planificado una reconstrucción de infraestructuras esenciales y el restablecimiento de las comunicaciones en las áreas devastadas. Esta tragedia destaca la urgente necesidad de mejorar la preparación y respuesta ante desastres en el país.




