El impacto del uso de la inteligencia artificial en la cultura

César Kanashiro Castañeda

La inteligencia artificial está teniendo un impacto en la cultura y la cultura también tiene, o podría tener, un impacto en la IA.

Como bien sabemos, la IA ocupa hoy un lugar preponderante en las agendas políticas, económicas y tecnológicas a escala global. Se habla mucho, por ejemplo, de cómo la IA revolucionará la medicina (ya hay sistemas IA capaces de predecir o detectar enfermedades con enorme precisión); de la influencia de la IA en la educación (donde está creciendo cada vez más fuerte el tema de contenidos personalizados para cada estudiante); del impacto de la IA en los transportes (con el boom de los vehículos autónomos); de la IA en las finanzas (hay muchísimos bancos y fondos de inversión que entrenan algoritmos con grandes cantidades de datos para poder anticipar y localizar nichos de alta rentabilidad para sus futuras inversiones); del uso de la IA en defensa (por ejemplo, con el caso de las armas letales autónomas, en concreto, “los enjambres de drones”, que actúan de forma sincronizada para atacar determinados objetivos bélicos: el cerebro detrás de ese enjambre de drones es una IA); y del rol de la IA en las manufacturas (con la robotización de la industria), es decir, la industria 4.0.

Ahora bien, también nos encontramos con la cultura del otro lado de la ecuación, porque desde hace algunos años se están generando cada vez más obras artísticas, de altísima calidad, gracias a la IA. Por ese motivo, la cultura asimismo puede ser vista como output, como resultado de la IA. Actualmente, ya casi todos los grandes jugadores de la tecnología están desarrollando sistemas de generación de textos mediante grandes modelos del lenguaje, como GPT-3, de OpenIA, o LaMDA de Google/Alphabet, entre otros. Para ello, utilizan enormes cantidades de datos y consiguen realizar todo tipo de operaciones de lenguaje natural por ejemplo redactar un cuento, escribir un soneto o responder a ciertas preguntas, e incluso traducir un texto. Estos sistemas permiten también producir código de programación de manera automática.

La IA es entonces una herramienta clave a la hora de crear contenidos editoriales. En el sector de la música ocurre algo parecido porque existe un sinnúmero de startups, como AIVA, Amper, Matchtune y otras, que utilizan diferentes sistemas de IA para generar melodías y canciones de forma automática o semiautomática. En el mundo audiovisual, por su parte, la IA constituye hoy un instrumento fundamental para trabajar con efectos especiales. En el campo de las artes visuales tenemos casos como Obvious Art (un colectivo de arte francés compuesto por tres artistas-emprendedores que desarrollan y entrenan sus propios algoritmos, su propia IA para crear pinturas, esculturas y otras obras de arte), y también sistemas como Dall-E, ideado por OpenAI, que permite al usuario ingresar un comando de texto, un prompt, y obtener una serie imágenes ultrarrealistas que tienen como descripción ese comando.

Del lado de las industrias culturales y creativas, la IA implica un salto de productividad formidable. Pensemos en las empresas que desarrollan videojuegos o en las productoras cinematográficas, supongamos que necesitan editar algunas escenas y borrar parte del fuego de una explosión, o cambiarle el color al automóvil que pasa en segundo plano. Esa no es una tarea tan sencilla, en todo caso es bastante más compleja de realizar en una escena en movimiento que en una imagen estática. Con las técnicas que teníamos hasta hoy, este tipo de procesos demandaban bastante tiempo y esfuerzo, podían requerir no solo horas sino en ocasiones varios días, dependiendo de la complejidad del asunto. Ahora bien, hoy ya existen sistemas de IA que nos permiten seleccionar determinados elementos, para que luego la máquina los borre o los modifique, no solo en un cuadro puntual sino en toda la escena. Esto obviamente representa un salto en eficiencia y en productividad sin precedentes. En este marco, sin duda asistiremos a la aparición de un sinnúmero de nuevas empresas que desarrollan aplicaciones y sistemas de IA de este tipo, pensados para los sectores creativos. Ello derivará en la creación de nuevos puestos de trabajo calificados.

Si antes vimos que la IA permitirá generar muchísimos puestos de trabajo calificados (sobre todo de especialistas que vienen de la tecnología y que desarrollan proyectos en el cruce entre la tecnología y la cultura), al mismo tiempo la IA puede llevar a la destrucción y a la pérdida de miles de puestos de trabajo llamados tradicionales. Por ejemplo, si las editoriales empiezan a utilizar sistemas de traducción automática para traducir libros o artículos de revistas, y los diarios hacen lo mismo, ¿qué ocurrirá con los traductores, las traductoras? La profesión de traductor tal vez no desaparezca, pero muy probablemente las tarifas actuales estarán bajo tensión, porque si una máquina puede hacer en diez minutos un trabajo que antes insumía días, estamos frente a un quiebre sumamente profundo. Por otra parte, ¿qué ocurrirá con los diseñadores, ilustradores e ilustradoras, si la industria se lanza a utilizar imágenes generadas de manera automática, como las referidas anteriormente? Todos los sectores creativos enfrentarán desafíos de esta clase.