En un acontecimiento que ha sacudido la confianza pública, el pasado domingo en la localidad de Acomayo, cuatro individuos, entre ellos dos expolicías, fueron detenidos en un vehículo con placas adulteradas. Lo más escandaloso del caso es que las armas que portaban los expolicías no estaban registradas a sus nombres, y la fiscalía, al intervenir, descubrió que el exsuboficial Bonilla y el otro exsuboficial Huanca, junto a otros dos sujetos, transportaban en su vehículo pasamontañas, guantes y una cizalla, herramienta comúnmente utilizada por ladrones para forzar puertas y candados.
La fiscalía sospecha que estos individuos formarían parte de una organización criminal dedicada al asalto y robo en toda la ruta que conduce a Tingo María. Es lamentable y, por supuesto, indignante que dos exmiembros de las fuerzas encargadas de la seguridad ciudadana estén involucrados en actos que van en directa contra la población, posiblemente aprovechándose de personas indefensas del campo que no tienen a quién acudir.
Esperamos que la fiscalía, al llevar a cabo las investigaciones pertinentes, no deje impunes estos actos. Las dos pistolas que utilizaban los expolicías, repetimos, no acreditaban su propiedad policial. ¿Por qué adulteraron las placas del vehículo? ¿Cuál era su intención? ¿Para qué las pasamontañas? Todo apunta a que estos objetos son utilizados en la comisión de delitos graves, según la fiscalía. Por lo tanto, la población debe vivir en estado de alerta y cuidado permanente, no solo de los delincuentes extranjeros, sino también de algunos miembros de la Policía Nacional.
Este hecho es un reflejo de la crisis política, económica y social que atraviesa el país. La crisis en el ministerio público, en la economía, en el sector salud, la falta de escuelas y colegios, y para colmo, la presencia de algunos docentes comprometidos con Sendero Luminoso en algunas escuelas y colegios. El ministerio de educación, mediante estudios minuciosos, está separando a estos docentes para que no sigan enseñando falsas historias a sus alumnos, en lugar de inculcarles los valores del cariño a la bandera, a la patria, a los héroes y a la familia, que siempre han sido el pilar de la educación.
Ante esta situación, es necesario que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto y refuercen las medidas de seguridad y control, tanto en la Policía Nacional como en el ministerio público y en el sector educativo. Solo así podremos garantizar la seguridad y el bienestar de la población.




