César Augusto kanashiro Castañeda
Metaverso es la palabra del momento. Este concepto está en boca de todos y lo cierto es que, aunque suene futurista es una realidad que ya se ha materializado. Se trata de un espacio virtual colectivo, creado por la convergencia de la realidad física y digital virtualmente mejorada.
El Metaverso supone una visión alternativa del futuro de Internet en la que tendrían que converger exitosamente iniciativas tecnológicas y empresariales que estamos empezando a ver y el resultado de esta convergencia tecnológica tendrá que ser rentable para las empresas (interés económico) y necesitará ser aceptado por mercados y consumidores.
Esta ecuación no fácil de resolver, un universo de mundos 3D persistentes e interoperables que se generarán en tiempo real y que cualquiera (desde cualquier parte del mundo) podrá experimentar simultáneamente si dispone de conexión a internet, un dispositivo adecuado de entrada.
Para llegar a esa visión del «metaverso» necesitamos dar un empujón a la tecnología actual en distintas direcciones. Sin ir más lejos, en el desarrollo de hardware para poder disponer de:
– Dispositivos eficientes que nos permitan acceder a esos entornos virtuales (gafas o cascos de realidad virtual, aumentada o mixta, hologramas…) ¿En qué punto estamos? Tenemos dispositivos que nos permiten experiencias inmersivas avanzadas, pero no le estamos sabiendo encontrar -de momento- otra utilidad que no sea el del entretenimiento -fundamentalmente juegos- y la venta de activos digitales (NFTs).
– Ordenadores con suficiente capacidad de computación como para crear ese universo virtual en el que interactuemos miles de usuarios a la vez; una cosa es que miles de personas disfruten de un concierto de Opera de manera casi sincrónica agrupados de 100 en 100 (nodos de servidor) y otra que millones de usuarios interaccionen en tiempo real en un mismo espacio virtual.
– Todo apunta a que la renderización del contenido 3D del metaverso se hará en la nube (XRCloud) así que es imprescindible contar con una red de telecomunicaciones que mueva -sin cortes ni latencia que haga esa experiencia poco satisfactoria- todo ese sunami de información… 5G, 6G, 7G, etc.
– Necesitamos servidores que guarden en su memoria toda nuestra actividad en el metaverso. Debe de ser persistente. Y no una «partida» que se reinicia, se pausa o se finaliza. Tendrá que seguir desplegada, aunque tú no estés presente.
Necesitamos software más eficiente. Llevamos 30-40 años creando realidad virtual pero las exigencias del metaverso (tal y como se propone hoy) no se resuelven con los mismos programas que renderizan en el mercado actual.
Tenemos a Unreal Engine, el software que utiliza Epic Game para el desarrollo de sus mundos virtuales… Otra de las iniciativas que ayudarán a entender el potencial creador de la inteligencia artificial es Promethean AI. Y la biblioteca de diseños y escaneos 3D del mundo real de Quixel.
Ese metaverso soñado necesita arquitectos y albañiles digitales; inteligencias creadoras (humanas y artificiales) que le den forma en 3D; programadores y diseñadores de experiencias ayudados por inteligencia artificial que escale su trabajo. Estamos hablando de universos virtuales persistentes, interactivos y realistas.
Una manera -muy interesante- de ir avanzando en su construcción es la colaboración de los usuarios. El metaverso es y será un medio de autoexpresión. Como usuarios hemos contribuido a la construcción de los entornos virtuales desde tiempos de los Sims (2000). No debería ser distinto.
Estando casi todo por definir, quizá lo más desarrollado sea la economía virtual. El metaverso es el ecosistema ideal para que las criptomonedas y tokens sociales demuestren su verdadero alcance.
El protometaverso que conocemos (el de los videojuegos) será en pocos años un zoco virtual en el que empresas, individuos y algoritmos venderán y comprarán productos virtuales y físicos. Utilizarán «monedas virtuales» que tendrán su conversión (o no) con las del mundo real.
El metaverso se está transformando en una economía digital en toda regla. Esta nueva economía digital permite a los usuarios comprar, vender e intercambiar bienes y servicios virtuales utilizando monedas virtuales. Con un mercado proyectado para alcanzar los 800 mil millones de dólares para 2024, según Bloomberg Intelligence, y una contribución estimada de más del 2.8% al PIB global en una década, las economías virtuales reflejan dinámicas de mercado del mundo real dentro de los confines únicos de mundos virtuales.
Elementos clave de esta economía incluyen:
– NFTs (Tokens No Fungibles): Estos activos digitales únicos han ganado tracción en industrias como el arte digital, juegos y bienes raíces virtuales.
– Mercados virtuales: Plataformas descentralizadas para el comercio de bienes y servicios en el metaverso.
– DAOs (Organizaciones Autónomas Descentralizadas): Indican el camino hacia la gobernanza democrática en el espacio digital.
La integración de inteligencia artificial en el metaverso está impulsando experiencias de usuario más inmersivas y dinámicas. Algunos desarrollos clave impulsados por AI en el metaverso incluyen:
– Asistentes virtuales basados en AI: Asistentes virtuales en el metaverso están evolucionando para ofrecer experiencias más naturales e interactivas.
– Interacciones realistas de NPCs: Personajes no jugadores mejorados con AI para conversaciones más realistas y conscientes del contexto.
– Experiencias personalizadas: Algoritmos de AI que analizan el comportamiento del usuario para ofrecer contenido y experiencias personalizadas.
Se espera un aumento en la integración de elementos de gamificación y juegos en escenarios de marca, con empresas explorando formas innovadoras de capturar y retener la atención de la audiencia. Las marcas están adoptando el metaverso para implementar estrategias más únicas y atractivas, creando experiencias virtuales interactivas.




