Israel Tolentino
La porción de producción pictórica que se exhibe en la sala 113, Proyecto Gráfica Errante en casa FUGAZ de Monumental Callao, siempre con la buena pericia de Leyla Aboudayeh, es una parte significativa de los años que viene batallando frente al lienzo y otros soportes el artista y coleccionista Juan Luis Jimenez Bravo; quien en todo este tiempo ha tenido la modestia de permanecer en el anonimato; es en ese silencio que le hemos encontrado e invitado a participar en esta muestra individual. A parte de su pasión por la pintura, Juan posee una colección gráfica reveladora, nombres como: Chagall, Picasso, Moore, Tápies, Dalí, Chillida, etc. Descansan y se lucen entre sus anaqueles y paredes blancas.

Las construcciones de Juan J. Bravo, tienen los colores del desierto, de sus viajes por el mundo (Perú, Israel, Japón, España, Italia, Holanda, etc.) pinturas hechas con las sombras y las luces de los milenarios amaneceres en esas tierras desérticas que ha conocido. “Entre dunas”, es su primera muestra individual en un espacio competitivo, confronta con artistas encaminados su manera de concebir el territorio que rodea en estos tiempos su desarrollo profesional. Vive en Trujillo, ciudad que le da espacio para reunir y describir todas sus experiencias de vida. Lo eriazo del desierto se transforma en sus telas en matices transparentes, formas sintéticas, aproximaciones a caminos, ciudades cubiertas o mostrándose de a pocos, ambientes extraños donde la costa Norte del Perú es tan seca como el desierto de Néguev. Los pasos de Juan, por un momento confunden el terreno, ya si transitan entre Dos de Mayo y Mayro o Independencia y Junín; si deben andar hacia Tomaykichwa y visitar la casa de Ricardo Flórez o tomar un taxi hacia el Museo de Gerardo Chávez. Un deambular donde el norte o sur pueden conducirle al mismo itinerario.
Los paisajes desérticos están modelados por el mar y el viento; el agua modela con golpes las orillas dejando marcas y, el viento modela con caricias sinuosas, ángulos lijados a mano. Estas dos maneras de componer la configuración del territorio costeño y desértico se evidencian en los nombres de las obras: pintura I, pintura II… Maneras esquemáticas de titular, donde la anécdota que normalmente se explica en el título, se subvierte al hecho de pintar; es decir, a primera, es la pintura con todas sus cualidades lo que debe mirar el espectador.

Juan J. Bravo es un pintor que tiende a la abstracción: brochazos grandes, impetuosos; oscuras verticales donde se atisban síntesis y símbolos paisajistas reconocibles: pampas de diversas formas diseñadas por el agua de mar sobre la roca, formados con paciencia arcana, tonalidades de arena, de oscuras noches sin estrellas, silbidos del viento, antiguas tonadas con aroma salino, fachadas resquebrajadas, vientos que corroen el desierto y el adobe. La pintura es el arado que surca la tierra y, el sudor la semilla sembrando esperanza…
Hay un misticismo conmovido entre las construcciones tortuosas de los habitantes ausentes en “Entre dunas”, ¿cómo el acto de pintar puede trasmitir en un trozo de tela el encuentro del mar, la arena, el cielo y el ser humano? Los pliegues esconden, en estos lienzos como paredes, presencias humanas, encarnizada subsistencia que significa estar en ese lado; andar el desierto, la sed, la enfermedad, los conflictos y la desesperanza. Entre esa dinámica, los brochazos de Juan, son una pintura que une la dicotomía tierra y cielo, realidades (dos o más), eternamente en oposición, conexas por los rasgos y colores que asemejan escaleras. Este elemento arcano, símbolo constante en la salida de los momentos de pesadilla, de escapatoria del cuerpo del cubículo doméstico; forma que te dice: hay un arriba que mirar y un abajo donde poner los pies; un cielo con una cortina oscura por develar, una tierra eriaza o arrasada por las bombas, sedienta de paz, sostenida de misterio.
Pintar, por consecuencia, es para algunos artistas una forma de abordar su realidad y Juan, en su condición de trotamundos, encuentra en la pintura las respuestas buscadas desde su juventud, al menos eso creemos (Huánuco, enero 2024).




