EL REGRESO DEL PRINCIPITO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Admiro sinceramente homenajes conmemorativos sobre Andrés Cloud Cortez. Tres años desde aquel infausto jueves 14 de enero de 2021. Grande pesar provocó en amigos y lectores. Uno de los “tres en raya” había levantado vuelo de Huánuco (su Congona, la patria de sus historias literarias, de Carmela Sayago, de papá Ata, Pibe, de Maneíto Martínez, el Convento de las Tres Marías); hoy tendría 83 años. A los festejos merecidos se debe sumar la mayor difusión de su literatura, obligatoriedad de sus libros en un plan lector regional y el esfuerzo institucional para editar sus  textos inéditos. Quedan por publicarse las novelas ¡Congona, siempre Congona! y Fin de siglo y, seguramente, algunos libros de cuentos y memorias. Cuando editó Usted comadre debe acordarse, su primer libro de cuentos, tenía 46 años.   

El regreso del Principito (2014, Págs. 95, 1 200 ejemplares) tiene el formato de una novela corta que contiene tres jornadas y un epílogo. Es una versión personal de El Principio de Antoine de Saint-Exupéry que propone Andrés Cloud; ambos tienen su propio Principito. El tema central es la ficción literaria (imaginación, fantasía, fabulación). Cloud propone la gran metáfora del “niño interior” que vive fresco y vigente en el adulto. El narrador-personaje, Zandro Duclós Tercé (anagrama y alter ego de Andrés Cloud Cortez) es un sexagenario que leyó El Principito cuando tenía 11 o 12 años, a instancias de su padre. Esta novela es un homenaje a El Principito y a sus lectores de ayer y de hoy; Cloud tenía 73 años cuando la publicó. La palabra clave es “regreso”. El Principito de Exupéry es curioso, éticamente inmaculado, fantasioso, persistente en sus propósitos; el de Cloud, pragmático, con fines concretos, menos imaginativo y socialmente extrovertido. Si bien ambos principitos llegan a la Tierra en el desierto, tiene recorridos y relaciones interpersonales diferentes. No hay rey, bebedor, farolero ni geógrafo; el Principito de Cloud se relaciona con un escritor y este lo conduce por varias jornadas en Congona.

El Principito de Cloud no recorre planetas ni conversa con un rey tirano, un vanidoso egocéntrico, un farolero, un bebedor, un negociante o un geógrafo; no se encuentra con un aviador cuya nave ha caído en el desierto ni dialoga con un zorro, una serpiente, un guardagujas o encuentra un pozo artesiano de agua. El Principito de Exupéry es un explorador obstinado, curioso, nostálgico, reflexivo, cuestionador de las actitudes de los adultos, agobiado por la soledad; en su planeta solo tiene tres volcanes, una flor y árboles de baobab. En el capítulo XXVII se hace una advertencia, una invocación y un pedido: “Miren atentamente este paisaje con el fin de estar seguros de reconocerlo, si algún día viajan al África y cruzan el desierto. Si por causalidad pasan por allí, les ruego que se no apresuren; esperen un poco justo bajo la estrella. Si entonces un niño se les acerca, si ríe, si tiene los cabellos de oro, si nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Entonces sean amables! ¡No me dejen tan triste! Escríbanme deprisa diciéndome que ha vuelto”. El codero y la serpiente del Principito de Cloud se quedan en la Tierra porque es el espacio geográfico donde serán felices. Otros personajes se vinculan en las jornadas durante la segunda visita del Principito a la Tierra como el pintor Loreto Panizo, quien dibuja un arcoíris y un manantial; aparece el rosedal de Kharmandú, un colibrí en pleno vuelo mágico, la laboriosidad de la abeja, el arte de la apicultura. Entre Zandro Duclós y el Principito hay una amistad consentida; se conocen. Le dice: “Gracias por ser mi amigo íntegro como los hay muy pocos, por confiar en mí y haberme esperado quién sabe cuánto tiempo”. Visita la casa-hacienda de la niñez de Zandro y bebe café en el cafetín Stop, atendido amablemente por la mesera Katiuska, donde le agradece calmar su sed, sacarlo del desierto, acogerlo en su casa y apoyarlo en su partida. También le reporta que ha conversado con los miembros de tres gremios: CERO, CIEN y ALFA. Finalmente, El Principito se aleja por el mar de la Tierra. Dice: “El mar es el camino y ahora me toca a mí”. Así culmina la segunda visita del Principito a la Tierra y Zandro Duclós despierta. Todo había sido un sueño feliz de un lector de ficciones que de casualidad hace un hallazgo inusitado: “un recordatorio de bautizo” del niño Xavier Díaz Cabrera (..) … hermosa figura de un niño de no más de diez centímetros de alto, ataviado con una corana dorada, que está sentado sobre un trono de cristal (…) … me recordó al Principito por quien siento un gran aprecio…”. Ese sábado 7 de mayo, aislado en la biblioteca, como un “santo o un monje en retiro”, con mayor voracidad que en la adolescencia, Zandro Duclós leyó los 27 capítulos, por enésima vez, de la “tierna historia de El Principito“. Se quedó “profundamente dormido con el libro abierto sobre el pecho”.       

Esta novela no es la muestra de la pericia narrativa de Cloud como en Ay, Carmela o en Los últimos días de papá Ata; sin embargo, tiene virtudes: lenguaje sencillo, puntuación casi perfecta, con incisos aclarativos, párrafos cortos, inclusión de cartas y recados, sin hipérboles ni adjetivos negativos atribuidos a personajes. Son relevantes Katiuska y Anniel. Cloud ha penetrado en la conciencia y sensibilidad de la mujer: Carmela, Práxedes Sudario, Chela Cordero, etc. La ficción está elevada exponencialmente. Un lector de El Principito se queda dormido por fatiga y sueña que el Principito de Saint-Exupéry ha regresado a la Tierra; no se encuentra con un aviador, sino con un escritor; al despertar todo regresa a la normalidad. “No importa que todo esto sea un sueño, ficción o realidad o todo a la vez; al final de cuentas, quién puede dudar de que el Principito estuvo conmigo y cumplió tres jornadas en la Tierra antes de desparecer en los confines del mar” (Pág. 93). Mantiene con certeza su estilo literario, identificable sin mayor esfuerzo, vinculado a la naturaleza, descripción de escenarios, personajes y circunstancias, recurrencia de sustantivos que pertenecen a un mismo campo semántico. Es encomiable la intensidad del discurso narrativo, que tiene ritmo controlado y mantiene en suspenso al lector hasta el final de la historia. El regreso del Principito permite disfrutar ficción, relato entretenido y deleite estético, sin intromisión pedagógica, política ni lecciones morales. Andrés Cloud es un escritor capital de la literatura en Huánuco. Es necesaria la relectura de sus novelas, libros de cuentos y ensayos. A Cloud sus amigos y epígonos lo admiran e idolatran; sus lectores lo estimamos y agradecemos su imperecedero legado literario. Dice ACC: “Yo capturo mis temas de sopetón en el momento menos pensado. De repente una frase bien dicha, una imagen visual o una lectura cualquiera, sorpresivamente me abre una valvulita en la imaginación que me pone en sobre aviso. A partir de ese momento le doy vueltas al asunto, tomo apuntes, imagino cosas y hasta hago esquemitas que casi nunca se cumplen” (Literatura huanuqueña en debate, 1989). Cloud ha reescrito una versión más terrenal, pragmática y menos ingenua de El Principito.