#NOALAIDIOTOLOGÍADEGÉNERO

Por: Jorge Farid Gabino Gonzáles
Desde que a mediados de diciembre de 2016 se promovieran marchas y plantones en protesta por la supuesta aplicación de la llamada ideología de género en las escuelas, las redes sociales no han parado de hacer eco de una serie de argumentos, con que los colectivos promotores de dichas iniciativas pretenden convencer al resto de la población de la veracidad de sus afirmaciones. Estas, como es ya de amplio conocimiento, van desde alegar que el nuevo Currículo Nacional de la Educación Básica promueve la ideología de género, pasando por asegurar que destruye el concepto de “familia”, hasta terminar por sostener lo insostenible: que promueve la homosexualidad.
Ignoramos hasta dónde pueda llegar la estupidez del hombre. Y cuando decimos hombre nos referimos, naturalmente, tanto a hombres como a mujeres. Aclaración que, por lo demás, ni siquiera tendría por qué haber sido hecha; si no fuera, claro, por lo “políticamente correcto” que se dice ser hoy el visibilizar a la mujer en todos los ámbitos de la vida, incluido, ¡faltaba más!, el del lenguaje. Que ignoramos, decía, cuán lejos pueda llegar la estupidez del hombre. De lo que no nos cabe ninguna duda, en cambio, es de que no importa cuánto se esfuerce este por continuar escalando peldaños en su proceso de involución, siempre encontrará la manera de superarse a sí mismo. Si no, ¿cómo entender, por ejemplo, que un gran sector de la población peruana, mismo rebaño de carneros, se deje llevar por los argumentos de quienes promueven las referidas protestas, sin que al parecer se haya tomado siquiera el trabajo de revisar el documento materia de discusión, para constatar si realmente fomenta aquello que se le atribuye?
El nuevo currículo plantea siete enfoques transversales. Entiéndase a estos como los encargados de aportar conceptos, ideas, puntos de vista respecto del hombre como ser individual y social a la vez. Lo que se buscaría con ellos, en buena cuenta, no sería otra cosa que el que los estudiantes fueran capaces de demostrar en su accionar cotidiano, formas de actuar en las que sean observables la empatía, la solidaridad, el respeto, la honestidad, etc. Son los enfoques en cuestión, a saber, los siguientes: Derechos, Inclusivo o de atención a la diversidad, Intercultural, Igualdad de género, Ambiental, Orientación al bien común y Búsqueda de la excelencia.
Como se podrá deducir, es el cuarto, el de la Igualdad de género, el que ha desatado la oportuna rabia de la clase política, la “indignada” indignación de nuestra ilustrada sociedad civil, las desaforadas iras santas de las iglesias Católica y Evangélica, que han querido ver en él la prueba real y patente de que el ser humano ha tocado fondo en materia de perversión y degradación morales, al pretender que se haga apología al homosexualismo al interior de la escuela.
La necesidad imperiosa de que se aclaren las cosas justifica, a nuestro juicio, la extensión de la cita:
Enfoque Igualdad de Género. Todas las personas, independientemente de su identidad de género, tienen el mismo potencial para aprender y desarrollarse plenamente. La Igualdad de Género se refiere a la igual valoración de los diferentes comportamientos, aspiraciones y necesidades de mujeres y varones. En una situación de igualdad real, los derechos, deberes y oportunidades de las personas no dependen de su identidad de género, y por lo tanto, todos tienen las mismas condiciones y posibilidades para ejercer sus derechos, así como para ampliar sus capacidades y oportunidades de desarrollo personal, contribuyendo al desarrollo social y beneficiándose de sus resultados. Si bien aquello que consideramos “femenino” o “masculino” se basa en una diferencia biológicasexual, estas son nociones que vamos construyendo día a día, en nuestras interacciones.
Si bien las relaciones de género históricamente han perjudicado en mayor medida a las mujeres, también existen dimensiones donde perjudican a los varones. En general, como país, si tenemos desigualdades de género, no podemos hablar de un desarrollo sostenible y democrático pleno.
Hemos leído repetidas veces el citado enfoque, y por más que hemos intentado encontrar la parte en que se haga campaña a favor de la ideología de género, se destruya el concepto de “familia” o se promueva el homosexualismo, amén de otras estupideces por el estilo, confesamos que no hemos podido hallarla. Lo que sí hemos encontrado, y no porque seamos de esos lectores de olimpiadas, que no lo somos, es lo que encuentra cualquier hijo de vecino que haya pasado por la escuela ―incluso por aquella que no se caracterizaba precisamente por reconocer la igualdad de género―, que lo que busca el Ministerio de Educación es, en buena cuenta, que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades de desarrollo personal y social. Si hay, como parece, individuos que consideran que ello es un delito, no hay duda de que en verdad hemos tocado tondo, pero no ya en materia de perversión y degradación morales, sino de inteligencia.
¿Acaso la Organización Mundial de la Salud, en el documento titulado Política de la OMS en materia de género, y que circula desde 2002, no había dejado ya las cosas claras?:
El término género se utiliza para describir las características de hombres y mujeres que están basadas en factores sociales, mientras que sexo se refiere a las características que vienen determinadas biológicamente. Las personas nacen con sexo masculino o femenino, pero aprenden a ser niños y niñas que se convierten en hombres y mujeres. Este comportamiento aprendido compone la identidad de género y determina los papeles de los géneros.
¿Acaso el Ministerio de Educación, como es bien sabido, y como consta en la “Presentación” del nuevo Currículo Nacional, no sometió a este a «un proceso de consultas nacionales entre el 2012 y el 2016 con actores de sectores públicos y de la sociedad civil, docentes, especialistas, expertos nacionales e internacionales para la estructura y contenido curricular a lo que se suma la realización de consultas virtuales organizadas con el Consejo Nacional de Educación en el 2014 y 2015»? ¿Dónde estuvieron los que lo critican ahora, que no advirtieron lo que dizque los escandaliza? ¿Dónde, las iglesias Católica y Evangélica, que por lo demás parecen haber olvidado el Eclesiastés 18: 19: «Antes de hablar, infórmate»? ¿Dónde, los congresistas que hoy se rasgan las vestiduras?
Basta de engañar a la gente. Basta de tomarla de idiota. Basta de tanta cortina de humo. Cualquiera diría que seguimos en los noventa. No, ya no estamos en los noventa. Y no importa cuánto lo deseen las bancadas fujimorista y aprista, aquella década nefasta no regresará nunca más. Y si por alguna razón tuviera que repetirse algo de lo acontecido entonces, tendría que ser, si Dios es justo, lo de di-sol-ver, di-sol-ver el Congreso. Donde las das, las tomas. Pero no. A estas alturas la fe ya no nos da para tanto. Ni siquiera para esperar que esta nota sirva para algo.