Santiago se convirtió en el epicentro del desconsuelo para la Selección Peruana que, a pesar de jugar a no perder contra Chile, naufragó en un mar de decisiones tácticas y ejecuciones técnicas cuestionables. El cuadro dirigido por Juan Reynoso, que apostó por una estrategia defensiva y contragolpes que jamás se materializaron, se vio sumergido en un juego inconexo, falto de inventiva y sin la ambición necesaria para anotar.
Desde el inicio, se percibía la ausencia de protagonismo e intenciones de ganar de Perú. Fue tan notable la falta de cohesión y agresividad, que la única acción destacable en la primera mitad fue un remate, no muy certero, de Luis Advíncula. La ineficiencia ofensiva se complementó con una resistencia defensiva que colocó a Pedro Gallese, el guardameta, como el jugador más exigido en los 90 minutos, siendo el parapeto ante los constante asedios chilenos.
Reynoso, quien ya ha mostrado predilección por un juego defensivo en visitas por las Eliminatorias, efectuó cambios con Marcos López, Wilder Cartagena, André Carrillo y Anderson Santamaría, buscando alterar un destino que se vislumbraba inevitable. Sin embargo, el trámite del juego permaneció inalterado. Chile, persistente e insistente, halló recompensa en un gol de Diego Valdés tras un tiro de esquina rápidamente ejecutado, desnudando las falencias defensivas peruanas.
La reacción peruana vino tarde y las modificaciones de Reynoso, que incluyeron dar entrada a Bryan Reyna, no propiciaron la reinvención que el equipo necesitaba. Un segundo gol, esta vez un autogol de López, terminó por desplomar las esperanzas de un equipo que ya mostraba signos de resignación.




