Por Arlindo Luciano Guillermo
En la poesía de Samuel Cárdich aparecen tres mujeres: María Arteta, Arsenia Ampudia y Georgina Carrasco; les dedicó Hora de silencio, el poema “La madre” y Memoria del dolor respectivamente. César Vallejo es un poeta autobiográfico. En su poesía y prosa hay presencia de personajes que proceden de su familia y sus relaciones amorosas. Tres mujeres tuvieron un rol determinante en su creación poética: María de los Santos Mendoza Gurrionero, Otilia Benedicta Villanueva Gonzales y Georgette Marie Philippart Travers. Las amó con intensidad, pasión, dependencia emocional y sentimental, que solo Vallejo podía hacerlo, en tanto poeta de Los heraldos negros y Trilce, marxista, periodista sensible al arte, la cultura y la política, defensor de la causa del pueblo. Tuvo dos oportunidades de tener hijos, pero se frustró. La muerte de su madre provocó un dolor insuperable. Miguel Pachas Almeyda ha publicado Las mujeres de Vallejo (Edit. Infolectura, 2023. 154 Págs.).
El libro plantea la relación entre creación poética y experiencia amorosa y sentimental. Advertimos una faceta de la personalidad que no imaginaríamos en un poeta de rango universal, que revolucionó la poesía hispanoamericana. ¿Vallejo fue mujeriego, donjuán, seductor, incestuoso, amante? ¿Por qué sus romances en el Perú duraron poco? ¿En París tuvo pareja, pero enamoraba a otra? Estas relaciones amorosas están en su poesía. Pensemos en “Los pasos lejanos” y “LXV”. La madre tiene un sitial protagónico. Dice Pachas: “César Vallejo se caracterizó por ser un hombre completamente enamoradizo, y con especial predilección por las mujeres jóvenes y bellas. El problema estaba en que realmente no era correspondido por la mayoría de ellas, debido a su apariencia andina: tez cobriza y particular seseo al hablar. (…) … si no era correspondido, él igualmente la convertía en musa de su honda poesía” (Pág. 9). Ahora entiendo mejor aquellos poemas que repetía de memoria. “Qué estará haciendo esta hora / mi andina y dulce Rita de junco y capulí;” (“Idilio muerto”). ¿Ha existido realmente Rita? “Amada: no has querido plasmarte jamás / como lo ha pensado mi divino amor. / Quédate en la hostia, / ciega e impalpable, / como existe Dios” (“Para el alma imposible de mi amada”). ¿Tiene nombre concreto la amada?
Las mujeres de Vallejo de Miguel Pachas es el registro documentado de la vida amorosa y sentimental de César Vallejo. Son 12 mujeres. Se puede diferenciar hasta cuatro categorías: madre (María), identificables solo por el nombre (Pilar, Rita), amantes efímeras (María Rosa, Hermelinda, Natalia, Consuelo, Zoila Rosa, Ángela, Henriette) de impacto sentimental en Vallejo (Otilia) y esposa (Georgette). María de los Santos está presente en varios poemas: “Encaje de fiebre”, “A mi hermano Miguel”, “Los pasos lejanos”, LII (“… aunque mamá toda claror / nos despierte con cantora / y linda cólera materna”), XXIII (“tahona untuosa”), XXVIII (“He almorzado solo ahora, y no he tenido / madre…”), LXV (“muerta inmortal”), XVIII (“Amorosa llavera”); en el cuento “Más allá de la vida y la muerte”, incluido en Escalas (1923), escribe: “¡Mi madre apareció a recibirme! (…) ¡Mi madre! Mi madre en alma y cuerpo”. De Pilar, la primera enamorada de Vallejo, en la provincia de Ambo, solo se sabe el nombre. Vallejo, en 1911, fue preceptor de los hijos del hacendado Domingo Sotil en dicha provincia. Le escribió un acróstico y el soneto Te vas: “No me será posible cubrir con el olvido / el mundo de ilusiones que por tu amor soñé,”). Sobre la Rita de “Idilio muerto” hay varias hipótesis: Martina Gordillo Peláez, Deidamia García Zavaleta, Rita Uceda Callirgos (madre de Luis de la Puente Uceda, guerrillero del MIR), Otilia de Jesús Vallejo Gamboa (hija de su hermano Víctor Clemente), Gavina Salamanca López que le motivó el poema “¿……….”. María Rosa Sandoval Bustamante correspondió a Vallejo, pero tuvo que alejarse por la tuberculosis que padecía. Le escribió “Verano” y “Los dados eternos”. Hermelinda Melly mostró indiferencia, pero le inspiró “Linda regia” y “Comunión”. Natalia Munguía fue una admiración apasionada para Vallejo, no aceptó sus pretensiones; le escribió “Bordas de hielo”. Consuelo Hoyle le inspiró el poema “Los dos amores”: “Y eras breve, como un granito raro / como un ojito de agua oreado en vino!” Zoila Rosa Cuadra Ugarte, la Mitho, aparece en el cuento “Mirtho” de Escalas; le escribió “Para el alma imposible de mi amada”, “Amor”, “Setiembre”, El poeta a su amada” “Los anillos fatigados”, “Yeso”, “Heces”, “Fresco”, Lluvia”. Según Pachas, a Otilia le dedicó aproximadamente 30 de los 77 poemas de Trilce (VI, XIII, XXXV, XXXVIII, XLVI…) Se enamoró perdidamente, no quiso casarse, perdieron un hijo. Ángela Ramos Relayze y Vallejo solo flirtearon. En París, Vallejo tuvo dos romances: con Henriette Maisse que lo toleró y apoyó invalorablemente apenas llegado a París y Georgette Philippart con quien, finalmente, se casó el 11 de octubre de 1934; ella lo acompañó en sus viajes, fue testigo de sus actividades literarias, políticas, ideológicas y periodísticas y difundió su poesía póstumamente.
Este libro muestra el otro rostro del Vallejo poeta universal, del dolor humano, de la crisis existencial, de la irreverencia poética de Trilce, de las metáforas religiosas (“… Y saber que donde no hay un Padrenuestro, / el Amor es un Cristo pecador!”), de los poemas de solidaridad y de la Guerra Civil Española. César Vallejo fue un ciudadano terrenal, con genio y debilidades, de carne y hueso, frágil ante la tentación, no dios ni poeta infalible ni inobjetable ni inmunizado contra el fracaso, la adversidad y el desborde emocional. Dice Miguel Pacha que Vallejo “se convirtió en un amante exigente, caprichoso y endemoniadamente celoso. Amar para él era sinónimo de sufrimiento, aunque sabía gozar de los momentos felices. Era de esos hombres que consideraba a la mujer como una propiedad, y no podía tolerar que alguien osara mirarla” (Pág. 10). En este libro está el Vallejo amante, enamorador y mujeriego, distinto -o complementario- del poeta talentoso y vigente. En la memoria del lector siempre aparecen “Los heraldos negros”, “Los dados eternos”, “Masa”, “Piedra negra sobre una piedra blanca”, “Los nueve monstruos”, “España, aparta de mi este cáliz”. Muchos poemas tienen como personajes a mujeres que dejaron huellas en su vida de solo 46 años. El libro de Miguel Pachas pone en escena al Vallejo que amó a varias mujeres, tuvo desavenencias, pasiones, paranoias, celos y conflictos con ellas; sin embargo, de María de los Santos jamás se recuperó, no aceptó su deceso, nunca resolvió su complejo de Edipo. “Así, muerta inmortal. / Entre la columnata de tus huesos / que no puede caer ni a lloros, / y a cuyo lado ni el Destino pudo entrometer / ni un solo dedo suyo. / Así, muerta inmortal”. (Trilce, LXV). Para Vallejo su madre aún muerta estaba viva.



