La guerra de espionaje entre Estados Unidos y China ha alcanzado niveles sin precedentes, exacerbando las tensiones geopolíticas y poniendo en alerta a las agencias de inteligencia de ambas naciones. Un incidente reciente que involucra un globo espía chino que se desvió sobre el territorio continental de Estados Unidos ha revelado la creciente audacia de las operaciones de inteligencia chinas y la capacidad de respuesta de las agencias estadounidenses.
El globo, originalmente destinado a sobrevolar bases militares en Guam y Hawái, se desvió, provocando la ira del presidente chino Xi Jinping, quien reprendió a sus altos mandos militares por no informarle del incidente. Este episodio pone de manifiesto la creciente competencia en el ámbito del espionaje entre las dos superpotencias, con implicaciones significativas para la seguridad global.
Para Estados Unidos, las operaciones de espionaje son fundamentales en la estrategia del presidente Joe Biden para limitar el crecimiento militar y tecnológico de China. En contraparte, en Pekín, Xi Jinping ha impulsado un enfoque más agresivo en las operaciones de inteligencia, especialmente en las fronteras y en lugares remotos.
Ambas naciones están enfocadas en descifrar las intenciones y capacidades militares y tecnológicas de la otra. La CIA se centra particularmente en Xi y sus intenciones con Taiwán, mientras que las agencias chinas buscan entender si Biden tiene la intención de defender a Taiwán en caso de un conflicto.
La competencia también se extiende al ámbito de la inteligencia artificial (IA), con ambas naciones viendo la tecnología como un medio para obtener una ventaja estratégica. Según el director del FBI, Christopher Wray, la guerra de espionaje con China es incluso más extensa que la que Estados Unidos mantuvo con la Unión Soviética durante la Guerra Fría.




