Por Arlindo Luciano Guillermo
Mezcla de reportaje periodístico, ficción literaria y licencia para imaginar. Vargas Llosa y García Márquez, en Los genios, no son novelistas admirables y creadores talentosos, sino caricaturas y personajes hilarantes. En febrero de 1976, Vargas Llosa noqueó de un certero puñetazo, en el ojo izquierdo, a García Márquez. ¿Por qué lo hizo? ¿Era imperdonable la ofensa? ¿Qué había hecho Gabo en contra de Patricia Llosa? Gabriel se llevó a la tumba “su verdad”; Mario sigue hermético, tarea para los biógrafos. Este suceso público es aprovechado hábilmente, con información copiosa, pacientes indagaciones, excesos de morbosidad y vulgaridad, conducción ingeniosa del relato, performance lingüística y fabulación literaria, por Jaime Bayly para escribir Los genios (Galaxia Gubenberg, 2023. Págs. 238). Libro entretenido, ligero, controvertido y de redundancias literarias e históricas.
En la novela de Bayly se pueden identificar hasta seis hipótesis sobre el “célebre puñetazo”, creíbles según las especulaciones e inferencias del lector: terca lealtad de García Márquez a la Revolución cubana y a Fidel Castro, su íntimo amigo, a pesar del caso Heberto Padilla y la carta firmada por Vargas Llosa y otros contra la censura a los escritores en Cuba; celos descontrolados y perniciosos de Mario por la seducción de Gabo a su esposa Patricia Llosa cuando estaban separados; insinuaciones eróticas entre Gabo y Patricia y la escena entre ambos en un hotel antes de que Patricia tome el avión de regreso a Lima; infidencia de Mercedes Barcha y Gabo: Mario siempre había sido infiel a Patricia con putas elegantes, exclusivas y bellas; insistente sugerencia de los García Márquez para que Patricia se divorcie de Mario por canalla, mujeriego e irresponsable; el incidente escandaloso tuvo una finalidad comercial para vender más libros, ganancia de editoriales y fortalecer la celebridad de los novelistas, que ya habían publicado, con elogios unánimes, Cien años de soledad y Conversación en La Catedral. La novela de Bayly empieza con la famosa incriminación de Mario: “¡Esto es por lo que le hiciste a Patricia!” ¿Qué le hizo Gabo a Patricia? Un lector poco reflexivo, banal y consumidor de morbosidad y escándalo es atrapado fácilmente por este enigma. La escritora Elena Paniatowska pregunta a Gabo: “¿Le hiciste algo a Patricia?”. Él responde: “¡Jamás! ¡Cómo se te ocurre! Soy salchichón de un solo hoyo”. Mercedes Barcha, esposa de Gabo, agrega: “A Gabito solo le gustan las mujeres guapas”. Culmina en el preciso momento en que Gabo y Vargas Llosa están cerca. Gabo dice: “¡Hermano! ¡Hermanazo!” No se habían visto hace más de un año. Vargas Llosa responde: “Ni hermanito ni herrmanazo. Eres un hijo de puta. Te acostaste con mi mujer. Eres un traidor”. En 1976, ambos novelistas eran mundialmente leídos, preferido por lectores, editoriales y la crítica literaria. En 1982, García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura; Vargas Llosa, 28 años después.
¿Realmente merecen una novela, como la de Bayly, Vargas Llosa y García Márquez? ¿Vale la pena leer la novela de Bayly? Creo que sí. La tolerancia también es para el lector. Sobre Mario y Gabriel se han escrito libros, biografías, ensayos y estudios especializados. Ambos publicaron sus memorias en El pez en el agua y Vivir para contarla. Mario, en Historia de un deicidio, considera a García Márquez un dios que había creado una realidad ficticia paralela a la real. La novela de JB es una comedia (puñetazo público que provoca hilaridad y escándalo), un programa visual de espectáculo (desborde de privacidad y morbosidad sexual y vulgar), una fabulación de minúscula envergadura (literatura y ficción tiene que configurar verosimilitud y persuasión), una novela histórica frustrada (es más bien “novela periodística”). De Vargas Llosa y García Márquez, antes que un escándalo, ventilación de intimidades conyugales o ruptura de memorable amistad, es admirable la creación novelística, rol renovador que ejercieron con sus novelas, su oficio de escritores profesionales, una posición política e ideológica no necesariamente concordante. No digo que la novela carezca de virtudes y de impacto publicitario; la tiene con creces. Jaime Bayly no es ingenuo cuando escribe; investiga, hecha veneno corrosivo a su escritura y publica libros. No se lo digas a nadie (1994) fue publicada por la editorial española Seix Barral; Bayly tenía 29 años. Cuando se leen sus artículos o crónicas periodísticos se comprueba que tiene desaforada imaginación, acopio de datos e información, desempeño lingüístico y escritura ágil, amena y persuasiva. Los genios es una novela de excesos, irreverencias y errática. Los “compadres del boom” no merecían una intromisión a sus vidas privadas. Una novela histórica no es suma de anécdotas entretenidas ni distorsión de la realidad en nombre de la ficción. En las páginas de la novela están dispersas palabras, escenas, frases y episodios groseros descontextualizados que pecan por exceso y desatino, lenguaje vulgar y coprolálico. Eso desluce la creación literaria. Eso no ocurre con Los inocentes, En octubre no hay milagros ni El hombre y el escarabajo de Oswaldo Reinoso, donde la jerga y el lenguaje obsceno tienen factura artística y encajan con la estética del relato.
Si no te atrapa ni te interesa un libro no lo leas. No se lee por obligación, amistad ni imposición. El lector lee el libro que le dé la gana. Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez merecen una novela digna de su talento, trabajo literario responsable, abundancia creativa y reconocimiento planetario. Leí con interés y entusiasmo, hace muchos años, No se lo digas a nadie, Fue ayer y no me acuerdo, La noche es virgen y Los últimos días de la prensa; hasta ahí llegué. Me ahuyentó su vulgaridad, su endeble ropaje estético y recurrencia temática. Los genios es una novela con virtuosísimo lingüístico, entretenimiento, hilarante y patética en ciertos tramos y episodios, sin trascendencia ni nervio ni renovación; es un libro para el espectáculo, la publicidad y la memoria de corto plazo en los lectores. No basta que una novela esté bien redactada, sino también proponer un relato consistente y personajes perfilados con maestría y talento.
Bayly ha escrito este libro, precisamente, para la sociedad del espectáculo y la frivolidad. Gabo y Mario son notables escritores por sus libros, su oficio exclusivo de escritor, el premio Nobel. Mario Vargas Llosa, con 87 años, es el único sobreviviente de la generación del boom de la novela latinoamericana; Carlos Fuentes y Julio Cortázar no recibieron el Premio Nobel. A veces pienso que todos estamos sentenciados a vivir en soledad salvaje como el coronel Aureliano Buendía o tan frustrados y resignados como el periodista Santiago Zavala cuya célebre frase, “¿en qué momento se había jodido el Perú?”, pareciera un designio fatal, sin respuesta, que corroe a diario al Perú.




