ADUMBRATIO O FRANCISCO VÍLCHEZ 

Y está bastante claro que para lograr todo eso hay que ser mucho más que virtuoso (Czar Gutiérrez).

Por Ismael Tolentino 

Inicia la temporada de lluvia, el viento sopla en diagonal con la fuerza de quien desclava de un sopetón una calamina, rápidamente se inunda la huerta, el patio, la cocina. El agua se junta en tinajas grandes, de los caños sale chocolatada. Se hierve el agua de lluvia. 

Francisco Vílchez, en su infancia ha tenido que beber agua ionizada de lluvia; las descargas de los rayos, los truenos descomunales enmarañaron su joven sistema nervioso, Paco ha bebido el illapa en cada gota mórbida del líquido elemento. Otra relación inseparable de su visualidad es el color carmín, antiguamente se hallaba al triturar los cuerpos secos de algunos insectos (texto compartido por Lucy Angulo) ya con estos ingredientes y los campos templados de Cajamarca, su cocina estaba abastecida: rayos, polvo de insectos, carbón/lápiz y arco iris.

Francisco “Paco” Vílchez expone en el centro Ccori Wasi bajo la dirección del entrañable Alfonso Castrillón y la curaduría de Juan Peralta, con quien, desde el primer encuentro, nutren una fructífera amistad.

Paco es un dibujante atemporal, con vocación, nacido; el mundo y el oficio muestran de él, su alma de artista huidizo a los ojos comunes. Como el que va a años luz de su virtuosismo, lo suyo es como un espejo infinito, sus pesadillas son los rincones donde la luz pierde su llegada, dejando ocultas los “misterios sin resolver” que desde sus manos se hacen visibles.  Revisando una edición facsimilar de Martínez de Compañon, se descubre en cada ilustración al artista anónimo presente… Haciendo un símil, hay energía en la imagen, como en los descarnados cuerpos de Vílchez. Cada dibujo no es un mundo independiente, es el mundo de hoy, ayer y adelante, en cada centímetro cuadrado de trazo, esfumado o pincelada.

Esta alquimia presente en el título de ADUMBRATIO, estarse entre la luz disipándose y como en un viaje bajo el resplandor de la luna, las criaturas visibilizándose; nunca como son, sino como la imposibilidad con que se percibe. Esta muestra individual 19, afirma ello y, sobre todo, muestra la impronta reunida en el uso del lápiz y papel, cuál jungla interestelar del cerebro. Todo sale de su cabeza directamente, no tiene modelos, ni imagen frente a sus dos ojos, solamente la desértica hoja en blanco y el lápiz Conté.

Paco tiempla con sus movimientos cada nervio del espectador, sus melodías son apacibles por un rato y luego un quiebre te sumerge en algún círculo de Dante; su obra se codea con esas entelequias que nacen una en cada cien años. Podría ser el ilustrador de las visiones de un chamán al consumir Ayahuasca, San Pedro, Chamico o un atómico con todas las raíces del monte; infortunadamente no es ese mediador, su condición va más allá, Paco es el chamán, el autor de las visiones. Hace confundir al subconsciente con la realidad y el sueño, sin leer a Bretón o saber el apellido materno de Freud. Escribe Pedro Granados: “compartimos un alma o cultura común, tanto humanos como animales (César Vallejo, añadiría, objetos), y lo que nos diferencia son los cuerpos”.  Lo que exterioriza Paco Vílchez, volviendo a Granados, es: “en realidad, este tanteo simétrico y conceptual (post folklórico), el del multinaturalismo, sería lo más destacado y revelador de su propuesta: ni utopía ni distopía, y sí, posantopocentrismo”.

Paco aprendió a respirar el humo de la ciudad de Lima, luego el tornado de San Juan de Puerto Rico, es en Adumbratio: Medusa, Cancerbero, Ai Apaec, Wiracocha, Tunche, Quetzalcóatl… Allí; Dante, Leonardo, Dalí, Boris, Witkin, Bacon, Chávez, Frazzeta, las cervezas y huaynos con “Toño” Cisneros son espíritus hermanos. Sus dibujos son orgánicos, vivos; tripas saltando en la parrilla o sobre la pista. 

En Adumbratio o Francisco Vílchez tragas saliva, apagas las luces, incluido el alumbrado público y sentándote en un viejo sillón como María Ostolaza repites: “Lima, un descuartizado, a la espera de una autopsia que, devele sus agonías y placeres. La sombra imperfecta de una ciudad de gallinazos. Anidando hogueras. Desenterrada” (Prusia, setiembre 2023).