DICCIONARIO DE HUANUQUEÑISMOS

Por Arlindo Luciano Guillermo

El idioma es el más importante vaso comunicante de identidad cultural de los pueblos; no hay comunidad sin un código de comunicación verbal o no verbal vigente. Los hablantes de Kotosh no eran afásicos, tenían una lengua en común, no sabemos cuál porque no tuvieron escritura; era una cultura ágrafa como muchas otras en el valle del Huallaga. Huánuco y sus 11 provincias es irrepetible, único; aquí se utiliza la interjección ¡buishcha! De asombro y estupefacción y no él ¡oh!, ¡wao! O ¡bestial! Hace 56 años apareció un libro muy singular para la época: Notas para un diccionario de huanuqueñismos, que en la primera página se añade una aclaración, y otros peruanismos que se emplean en el departamento de Huánuco, de Javier Pulgar Vidal, sabio, geógrafo (8 regiones naturales del Perú, a Huánuco solo le falta mar), folclorista, ilustre ciudadano, paradigma de integridad y fundador, junto a Carlos Showing Ferrari, de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán en 1964. Es un libro inaugural de los estudios lingüísticos de Huánuco, que debe tener continuidad. Es una tarea lingüística y de investigación científica pendientes. 

Aparece la reedición de Notas para un diccionario de huanuqueñismos (2023). En la carátula aparece un vestigio cultural gráfico: pintura rupestre de las montañas rocosas del jirca Marabamba donde vive el Pillcomozo. La palabra “notas” revela que el trabajo de Pulgar Vidal no es completo, apenas un conjunto de palabras que pueden ser más. La recopilación abarca de 1933 hasta su publicación en 1967. No estamos ante un libro de literatura ni de ficción, sino de un trabajo de recojo de palabras para darles ordenamiento alfabético y explicación semántica básica. Hace 56 años los huanuqueños hablaban así, ese era nuestro vocabulario. Huánuco era una pequeña provincia en el centro del Perú, tránsito obligatorio hacia la selva, los tres jircas no habían sido profanados por la construcción de viviendas ni la migración. El diccionario de Pulgar Vidal contiene 2,218 vocablos huanuqueños.

Una tercera edición del Diccionario de huanuqueñismos no tiene justificación ni propósito coherente. La primera no existe en el mercado editorial, esa edición solo deben poseerla bibliófilos, coleccionistas o en alguna biblioteca familiar; la segunda cumple una noble y efectiva misión: difusión, motivación, mayor cobertura de lectores y un material original para estudios lexicográficos y de investigación lingüística. Francisco Pérez Naupay, director de la UGEL Huánuco, tomó una acertada decisión dentro del marco legal: destinar presupuesto para la segunda edición del Diccionario de huanuqueñismos, que muy diligente Hevert Laos hizo el trabajo. Celebro la aparición de este libro. Sin embargo, hay un reto editorial y académico: editar un diccionario de huanuqueñismos con el formato, la calidad, contundencia académica y envergadura de Peruanismos (2013) de Martha Hildebrandt. No basta el inventario de palabras y definirlas. Por ejemplo, en el Diccionario de huanuqueñismos aparece la palabra huarapo o guarapo con solo tres renglones; en Peruanismos, este mismo vocablo, abarca de la página 198 a 200. Hildebrandt recurre a la filología, etimología, lingüística histórica, dialectología, análisis bibliográfico y de fuentes escritas. De las 14 notas bibliográficas sobre guarapo, una es el Diccionario de huanuqueñismos; es decir, Martha Hildebrandt sí conocía el trabajo de Pulgar Vidal que, según él mismo, en “Notas a los amables lectores”, es el resultado del ordenamiento de una pequeña parte de las voces inventadas por los huanuqueños de ayer y de hoy. Debe crecer, perfeccionarse, convertirse en una verdadera ENCICLOPEDIA DE HUÁNUCO…”.

El vals Mi hermosa huanuqueña de Jaime Valentín es un canto romántico de halago a la mujer esquiva y bella. Utiliza contextualmente algunos huanuqueñismos: taplenco (torpe al andar), ocllar (acurrucarse), goshpo (de cabello ensortijado), shongo (corazón), cholo (“sinónimo de indio”) y el adjetivo participio janchado.  Este último término Jaime escuchó en su entorno familiar y en sus viajes como músico; no está en el diccionario Pulgar Vidal. Luego de una larga conversación llegamos a la siguiente conclusión: janchar significa “bailar cogidos de los brazos en el ayhuallá o jala jala y, por extensión, entrelazar los brazos para caminar juntos”. Está inventariado gatilinguia, pero no, precisamente, gatilín, el personaje que asiste durante varios días a un danzante de Los Negritos; el femenino sería gatilina. Esta palabra solo se usa en Huánuco. En la infancia jugamos caninas; utilizábamos pilunquitas, chetis y ñoquito. Pulgar Vidal registró mashcull y bueshcha; hoy se dice mashcullo y buishcha. Maschull tiene una explicación entomológica y una alusión histórica. Hoy es más que eso. Mashcullo es un cartel ominoso para calificar al huanuqueño, envidioso, perverso, el que critica y devasta iniciativas. Mi padre cuando no tenía liquidez en el bolsillo decía que estaba muca o calato. ¿Cuál es el femenino de shucuy? ¿Shocona, shucuya? ¿Es lo mismo shucuy y shuco?      

Diccionario de huanuqueñismos es libro precursor de los estudios lexicográficos en Huánuco. Ahí está nuestra identidad cultural y lingüística, palabras y frases que usamos cotidianamente. Las lenguas son instituciones colectivas con ciclo vital, contribuyen con otras lenguas y dilectos, se mueven y migran territorialmente con sus hablantes, se nutren de la tecnología y el contexto sociocultural. El español de Huánuco de 1967 no es el mismo de hoy; se ha adecuado a la historia, las artes y la idiosincrasia. En las 11 provincias de Huánuco se habla distinto el mismo español. Aparecerán huanuqueñismos, otros envejecerán hasta la extinción, surgirán neologismos, jergas, locuciones coloquiales y populares. Es la ley de las lenguas y dialectos. Dice, en el prólogo de la segunda edición, Eliseo Talancha Crespo: “Son muchos los huanuqueñismos que siguen vigentes y forman parte del habla diario de nuestra gente. (…) shucuy, taplenco, manavala, huarmimandanan, buishcha, pasaipa, etc.”. El capítulo II “Etimología y toponimia huanuqueña” de Historia de Huánuco (1959) reporta nombres de pueblos idóneamente documentados. En Cuentos andinos y El hechizo de Tomayquichua de Enrique López Albújar abundan quechuismos que conviven amigablemente con el español huanuqueño. En Mis crónicas del ayer de Virgilio López Calderón está el habla huanuqueña con hipocorísticos, interjecciones y diminutivos: Rupico, (Ruperto), Bataco (Baltazar), Ishaco (Isaías). La lengua de un pueblo es identidad y carácter. Por el 484 aniversario de Huánuco vimos pluralidad cultural. En el estadio Heraclio Tapia León la gente bailaba tunantada con Amaranta y cumbia con El Lobo y la Sociedad Privada; en la Plaza de Armas se disfrutaba música huanuqueña con Mito Ramos, Kesia Rivera y Garu. Diccionario de huanuqueñismos es un aporte relevante, una manera concreta de fortalecer la identidad cultural y la pertenencia lingüística.