Por Arthur Chávez
A LA OCASIÓN LA PINTAN CALVA
De la vasta lista de dioses romanos, destaca una bastante peculiar, ella es Ocasión, la diosa de las oportunidades. Al parecer, los romanos creían que existía una divinidad para cada aspecto de la vida, e incluso tuvieron tanto temor de olvidarse de alguno que para que este no se enoje construyeron un altar e inscribieron en él “Al dios no conocido”. Volviendo a Ocasión, en la imaginación de sus creyentes, ella era representada como una especie de moneda de dos caras: si se la miraba de frente, era hermosa, perfecta, divina; pero si se la miraba por detrás, era fea, deforme y sobre todo calva. Así es, sin ningún cabello. Una fácil inferencia nos lleva a entender por qué: ella representaba las oportunidades que se podía tener en la vida. Si la oportunidad te miraba de frente, podías tenerla y disfrutarla; sin embargo, si te daba la espalda, lo que significa que la perdiste, ya no podías tomarla ni de los cabellos, se perdía para siempre.
A partir de esta representación, se creó el refrán “A la ocasión la pintan calva” como una exhortación para alguien que podría perder una oportunidad o para burla de aquel que la perdió.
ARRIEROS SOMOS Y EN EL CAMINO NOS ENCONTRAREMOS
Imagínate que un arriero está detenido a un costado del camino al lado de su carruaje porque una de sus ruedas se ha averiado y no tiene otra de repuesto. Un poco preocupado espera que alguien pase y pueda ayudarlo. Muchos minutos después, por fin se acerca otro carruaje; al verlo, este se alegra de que por fin exista una posibilidad de ser ayudado. Detiene al carruaje y se da cuenta de que también se trata de otro arriero. Emocionado, le cuenta su problema y le pide que le preste una rueda de repuesto. El segundo arriero contesta con un suave pero rotundo “no”. El arriero en problemas no lo puede creer y, ofendido, responde: “Ahhh, recuerda, arrieros somos y en el camino nos encontraremos.
La expresión vengativa tiene una sola interpretación: cuando necesites de mí en alguna otra oportunidad, no te ayudaré. Esta expresión se ha mantenido hasta hoy y, sin importar el contexto, si alguien no te ayuda en algo, fácilmente se le puede responder: “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”, si se piensa actuar de la misma manera.




