NELSON KROLL, UN ARTISTA ESCONDIDO

Por Israel Tolentino

A Nelson no lo conozco, contradiciendo el dicho: ni en pintura, puedo decir que “en pintura” si lo conozco y, como a alguien de hace muchos años.

Pozuzo es un lugar encantador, aunque muchos de sus pobladores reconozcan que cada año cambia; para cualquiera que viene del mundanal ruido tal alteración pasa inadvertida. Se encuentra con la armonía existente entre la naturaleza circundante y la pequeña ciudad que se esparce; admira el cielo reflejándose en el río, el pueblo limpio y la amabilidad de sus habitantes.

Nelson Kroll en Iñapari, provincia de Tahuamanu. Madre De Dios.

Recorriendo por la pequeña cuesta del pueblo, mi mirada buscaba algún cuadro en los locales que me pudiera dar la pista de un artista pintor, caminé, subí y bajé y volví a subir por sus calles y no encontraba nada. Cierta mañana en una actividad en el colegio Túpac Amaru, el maestro Wilfredo Laura narró la historia de la fundación de Pozuzo y sobre todo el momento en que los pozucinos con motivo de la visita de los “coloniers” de la ciudad de Tovar de Venezuela, les enrumbaron hacia los objetivos que se respiraba en el aire. Las artes visuales continuaban en terreno baldío. El maestro Wilfredo junto con entusiastas e instruidos lugareños fundaron la revista “Despertar Pozucino”, esta publicación me dará pistas para encontrar al artista escondido, camuflado en los verdes amazónicos. 

En una charla personal con el maestro Wilfredo, recibí de su parte la revista “Despertar Pozucino” número 7 del año 1996, mi sorpresa fue inmediata, al ver en la carátula una pintura que la identifiqué con Pozuzo, hurgué las páginas velozmente y me encontré con varias viñetas y el nombre de Nelson Kroll; en ese momento la búsqueda estaba cosechando su primer fruto.   Cierta mañana, conversando con la maestra de alemán Yesulin Witting salió el nombre de Nelson Kroll en una de mis preguntas, me dijo, se de él, te conseguiré su teléfono. Todo sucedió en tiempo récord, en pocos días estaba comunicándome con Nelson.

Dipteryx. Óleo sobre tela.

Camino siempre que logro de Prusia a la Colonia y viceversa, la acera, aunque haya en un solo lado, va como una serpiente flaca cerca al río. Las plantas y aves distraen el andar y el oído, por momentos está entre la maraña de árboles, el trino de las aves y como sueñan mis hijas, un Mowgli puede aparecer entre las lianas. Este territorio es para vivirlo, cada paso un descubrimiento; el movimiento del río, el sol sobre los brazos, las sombras siguiéndote en la pista y otra vez un ave grande de cola amarilla cruzándote cerca.

Nelson Kroll, es un pintor lúcido, conoce los materiales que utiliza, sabe ponderar su profesión “verdadera” en cada cuadro; es ingeniero forestal y su pintura posee un barroquismo ordenado, considero se deba a su formación.  Dice él modestamente que pintar es su hobbie, hecho que se deja de tomar en serio en cuanto nos relacionamos con una de sus obras. Su búsqueda simboliza el mundo amazónico, le da hiper ilusión; une el conocimiento que un estudioso tiene y la sabiduría que un nativo vive, un equilibrio imperceptible. Él se descubre en cada pintura ordenado, sensato y ecuánime, cada pincelada está construida para ayudar su relato, cada hoja puesta con intención, incluso las hojas secas aportan, no están para llenar el espacio o cubrir el suelo, existen para darnos su ruido de hojarasca; conoce cada árbol y pequeña planta, cada animal y cada huella. A su obra, la podríamos denominar barroco amazónico, aunque parezca barroca toda la pintura amazónica, la obra de Nelson Kroll nos descubre el potencial amazónico desde una mirada panorámica y particular. Panorámica porque Nelson logra hilvanar con su trabajo muchos puntos geográficamente distantes, Oxapampa con Madre de Dios y, encarna la mirada de un nativo salido a estudiar fuera del terruño sin haber perdido el conocimiento heredado de sus bisabuelos y la idiosincrasia panatahua (pobladores huanuqueños) que se respira profundamente en Pozuzo.

 La Terraza del Castaño. gouache sobre papel Hahnemuhle.

Otro suceso significativo para su mirada de pintor y artista fue conocer, cuando Nelson era joven, al artista Pablo Amaringo en Pucallpa, en esos tiempos cuando el maestro Pablo era un desconocido para el mundo oficial del arte; Nelson tomó clases con él, un tiempo fructífero que le descubrió las imágenes que el mundo de la selva alta (Rupa rupa) escondía para sus lienzos.

Trogones. Óleo sobre tela.

Con Nelson nos hemos hecho la promesa de plantar un castaño acá en Pozuzo, semillas que ha viajado desde las entrañas de Puerto Maldonado y, seguramente las manos que la recolectaron nunca imaginaron a esas pepitas creciendo cerca de las nacientes de la gran Yacumama Yanachaga – Chemillén (Pozuzo, julio 2023).