En los últimos años, hemos sido testigos de una preocupante realidad en el ámbito educativo: la degradación de la calidad de la enseñanza y la falta de valoración hacia la formación profesional de los docentes. En una reciente entrevista a un especialista, mencionó que la educación se ha convertido en una actividad informal, en la que cualquier persona puede ser profesor sin contar con los conocimientos y la preparación adecuada. Esto es algo que debemos abordar con seriedad y responsabilidad.
La ley del magisterio, promulgada en 2012, establecía la importancia de la meritocracia y la carrera pública magisterial, reconociendo el esfuerzo y la dedicación de aquellos docentes que se preparaban y se esforzaban por brindar una educación de calidad. Sin embargo, en la práctica, esta ley ha sido ignorada y muchos profesores han ingresado al sistema educativo sin cumplir con los requisitos mínimos de formación académica. Esto ha generado una falta de compromiso y profesionalismo en el ejercicio de la docencia.
Es alarmante constatar que, en los últimos diez años, la mayoría de los profesores no ha logrado aprobar los exámenes de conocimiento necesarios para obtener el nombramiento. Incluso en el Congreso, donde deberíamos encontrar ejemplos de excelencia académica, nos encontramos con la triste realidad de que ninguno de los parlamentarios pertenecientes al grupo magisterial ha aprobado estos exámenes. Esta situación evidencia una falta de compromiso y un desinterés por la mejora continua en la formación de nuestros docentes.
Es indispensable que reevaluemos nuestras políticas educativas y nos comprometamos a promover la meritocracia y la excelencia en la educación. Debemos establecer un proceso riguroso de selección y evaluación de los docentes, garantizando que cuenten con la formación académica y las habilidades pedagógicas necesarias para brindar una educación de calidad.
Además, es fundamental invertir en la formación y actualización constante de los docentes, proporcionándoles oportunidades de capacitación y desarrollo profesional. Esto contribuirá a elevar el nivel de enseñanza y a fomentar una cultura de aprendizaje continuo en el sector educativo.
Concluimos con una pregunta que nos invita a reflexionar: ¿Estamos dispuestos a comprometernos con una educación de calidad y a brindar a nuestros niños y jóvenes las herramientas necesarias para un futuro prometedor? La respuesta a esta interrogante marcará el rumbo de nuestra sociedad y determinará el nivel de desarrollo que alcanzaremos como país.




