El City de Guardiola tiene por fin el trofeo más deseado que es la Champions, que ganó en una final muy áspera contra el Inter.
Aunque la admiración se consigue a través del juego, el reconocimiento y el respeto se alcanza con títulos. No fue un encuentro precisamente solemne ni feliz para las figuras sino que se resolvió con un gol de uno de los mejores rematadores de media distancia que es Rodri.
El 1-0 coronó a fin de cuentas al joven equipo de Mánchester que convive con el viejo United, los dos únicos ingleses que pueden presumir de tener la triple corona: Liga, Copa y Champions. Ya nadie podrá reprochar al tricampeón Guardiola que no haya levantado el trofeo sin Messi. No necesitó siquiera los goles de Haaland.
El triunfo del City fue tan meritorio como elogiable pareció la derrota del Inter. La diferencia estuvo en que Lukaku no acertó a batir a Ederson después de que desfiguró durante un buen tiempo al de Guardiola. También el factor campo jugó a favor de los italianos porque el estadio olímpico Atatürk sonó como San Siro.
Los citizens parecían más espectadores que seguidores frente al clamor de la curtida hinchada nerazzura desplegada desde buena mañana por las calles de Estambul. La grada era del Inter, muy asentado también en el campo, y la pelota se la quedó de inicio el City.




