PABLO MACERA, SIEMPRE EN EL CORAZÓN

PABLO MACERA, SIEMPRE EN EL CORAZÓN

Por Israel Tolentino

Esa tarde estaban frente a frente, con sus tazas humeantes de shegue cargado, con aroma tomaykichuino, hablando de su amistad con Raúl Porras Barrenechea, de su vida en ese lejano pueblo don Ricardo Flórez y Pablo Macera. Muchos años después, en su casa de Chaclacayo, rodeado de cuadros de Carmelón Berrocal, le preguntaba a don Pablo, sobre Flórez, de su visita a Huánuco.

El 2004, Nanda Leonardini y el historiador Freddy Cabanillas organizan la muestra: Imagen de la muerte, en la Ciudad Universitaria de San Marcos. Soy invitado a exponer. Una tarde, luego de la muestra, Freddy me dijo: Pablo Macera quiere conocerte, una grata sorpresa y un sueño por cumplirse. El primer encuentro se dio en la casa de Manuel Munive, otro amigo, improvisamos una especie de taller en su casa, recuerdo que por esos días había fallecido el poeta Francisco Bendezú, había hecho un dibujo suyo en una bitácora, al hablar de él se entristeció, entendí que habían sido amigos. Don Pablo llegaba puntual, subía al tercer piso y se sentaba en un sillón rojo, mueble especial obsequiado por Pancho Lombardi, sale en alguna de sus películas. No recuerdo si nos tomamos alguna fotografía.

Puñado de libros de Pablo Macera en Huánuco.

Freddy Cabanillas y Manuel Munive le propusieron a Don Pablo Macera la muestra en el Seminario de Historia Rural Andina (SHRA), aceptó, ya me conocía, le comprometieron a escribir el texto, a ellos se sumó Sofía Pachas. Hasta entonces nos habíamos estado reuniendo periódicamente en el taller improvisado, a Don Pablo le interesaban los procesos y las ideas, recuerdo que apreciaba mucho más el trabajo hecho en paralelo al estudio académico, seleccionaba con libertad trabajos recientes y pasados, antes de ser estudiante de arte. Muchas obras habían sido realizadas en soportes sencillos como cartulinas escolares que compraba por medio ciento siempre que podía, sobres de invitaciones regalados, papel bulki, muchas pintadas con témperas, pintura de pared, dibujos a carboncillo. Don Pablo preguntaba cosas técnicas, a veces decía: ¿¡interesante!? ¡Cuántas cosas pueden salir de este trabajo! Poco a poco hicimos amistad con él, su esposa Sara, Yolanda, Norma, Don Miguel y Juan Zarate.

Con esos trabajos de egresado, estudiante de arte y aprendiz de pintor se preparó la exposición en la sala del SHRA. Se llamó: “Caza de Silencio” estaba tomado de un eternamente inédito poemario ajeno. Esta duró del 06 de mayo al 23 de junio del 2006, Ese día de la inauguración de la muestra estaba sentado, a 16 horas de Lima, junto con mi amigo Chang brindando con las estrellas a la sombra de una botella de pisco y del pueblo de Punchao que dormía.

En el Seminario de Historia Rural Andino.

Me ausenté de la civilización por casi cinco años por motivos estrictamente inexplicables, Don Pablo, fue uno de los pocos amigos que comprendió ese silencio y se alegró cuando el 2010 regresé como si hubiera sido ayer, como si nada hubiera pasado, primero solo, luego con Elita, mi esposa y luego Fátima, nuestra hija. Desde entonces siempre que lo visito cumplo un no tan sencillo ritual, llegar con trabajos nuevos de formato que me permita el viaje y oírle decir: ¡interesante! Y un libro de su autoría conseguido con la ayuda de la providencia en los caminos que van de Amazonas a Quilca, para autografiarlo. Soy coleccionista de “Santero y Caminante”. Don Pablito, como le llamamos con cariño junto con Elita, fue siendo mi confesor artístico.

Casa de Sarita Castro y Pablo Macera.

El SHRA, es una vocación silenciosa de investigador, sin hacer alarde produce mucha investigación original de primer nivel, tiene una perseverante mirada por la producción cultural marginada o descuidada por el establishment, un sentir genuino de lo humano y peruano. Admiro la mirada que tienen, no se encandila con la moda, siempre miran más allá de lo obvio, como todo lo que conlleva la vocación. Trabajan al desamparo, aislados por la política de TV. Una paradoja evidente es que estando al lado del congreso de la República, con un presupuesto franciscano, hagan más bien a la Patria. En el medio artístico de hoy hay espacios llamados alternativos, el SHRA siempre lo ha sido.

Pablo Macera (1929-2020) quiso recorrer cada rincón del Perú, cada página de su obra  es el mejor testimonio de esa querencia. Mientras releo Viajeros franceses recorro, junto con esos espíritus este infinito país. Lima, mayo 2023.