NO HAY BANDERA DE TREGUA NI VOLUNTAD POLÍTICA

NO HAY BANDERA DE TREGUA NI VOLUNTAD POLÍTICA

Deseo sinceramente que la crisis acabe, que no haya más muertes, que la democracia se restablezca, que tengamos condiciones de seguridad para vivir, trabajar, invertir y transitar libremente. La derecha dice: “Hasta el 2026, nunca habrá asamblea constituyente”. La izquierda replica: “Elecciones adelantadas y asamblea constituyente”. El escenario del Legislativo es un circo romano donde va a ganar el más fuerte o quien más se esmere para insultar y provocar; la razón y el argumento ausentes. En el Ejecutivo hay una realidad paralela digna del realismo mágico de Cien años de soledad, una indolencia soberbia por los muertos y el caos; la autocrítica y el desprendimiento del poder no existen.  En las calles, la gente sigue mostrando una rabia que no mide excesos; su protesta es constitucional. La situación confirma una brutal polarización y la insensatez política en el Perú. Las encuestas dicen: “Dina renuncia. No te queremos, no me representas”. Un gobernante prudente escucha, tamiza los reclamos y toma decisiones correctas y oportunas.  

Desde el protectorado de San Martín (1821), ninguna mujer en el Perú ha sido presidenta de la república; Keiko Fujimori intentó tres veces, Lourdes Flores Nano y Verónica Mendoza quedaron en carrera. Ahora tenemos una primera presidenta; sin embargo, no tiene aprobación ni posibilidades de gobernar con estabilidad ni conexión con el Poder Legislativo. Hechos distintos han ocurrido en otras latitudes: Dilma Rousseff, Cristina Fernández, Michelle Bachelet, Xiomara Castro. Las expectativas políticas e institucionales de Dina Boluarte se diluyen en el caos y la crisis. ¿Para quién gobierna Boluarte? Qué patético es recordar (pero es necesario como retroalimentación) esa arenga pública: “Si vacan al presidente Castillo, yo me voy él”. Ahora dice que su renuncia no es una prioridad, no está en la agenda; además, no resolvería la ingobernabilidad. En política, la regla es “el fin justifica los medios” y “fue ayer y no acuerdo”. ¿Por qué no renuncia Dina Boluarte? No tengo una bola de cristal, pero sí es cierto que el poder político tiene tres consecuencias fatales: enajena, embrutece y crea un instinto de sobrevivencia a costa de la dignidad, la moral y el altruismo. Es la esencia del maquiavelismo y la distorsión de El arte de la guerra de Sun Tzu y las lecciones de Robert Greene en Las 40 leyes del poder.

Un acto o decisión en política tiene una intención expresa o sutil, un propósito que implica demorar, ganar tiempo, respirar, “dar un paso atrás para saltar dos hacia adelante”, acomodar las piezas de ajedrez y continuar con el juego de poderes y ventajas. En política nada es gratuito ni casual. Creí en la sensatez y la responsabilidad histórica del Congreso. Veo, con el pesimismo de Schopenhauer, que 130 congresistas reman para su lado; Dina Boluarte sigue, machacando como ajo en el mortero, que no va renunciar ni ceder a “una minoría violentista” ni a los chantajes políticos. ¿Las encuestas no cuentan? En las calles se oye el rechazo al gobierno. Hay, sin duda, vándalos y delincuentes; la ley debe juzgar y sancionar. Somos ciudadanos que expresan opinión discrepante, que creemos en la ley y la institucionalidad. No somos comunistas ni terrucos ni rojo por encima y blanco por dentro.  La gente dice: “Dina, renuncia”. No se puede estar ni vivir ahí donde no te quieren. En política se denomina impopularidad y carencia total de legitimidad.

Pedro Castillo se lamentaba que sobre él recaía la discriminación y el racismo por ser profesor de primaria, campesino de Chota y provinciano; Dina Baluarte cree que le exigen renuncia por machismo, extorsión política y acción de vándalos comunistas. En el fondo, el discurso es el mismo; solo han cambiado los términos. El Congreso y la presidenta tiene altísimos porcentajes de desaprobación que linda con la deslegitimidad. Eso deteriora el Estado de derecho, la seguridad jurídica para las inversiones, golpea severamente el empleo y exporta una pésima imagen en la comunidad internacional donde somos considerados una “democracia híbrida”, por debajo de la “democracia precaria”. Pedro comparece ante la justicia; Dina, tarde o temprano, tiene que rendir cuentas por los 62 muertos durante las protestas.       

En esta peliaguda coyuntura, Nicolás Maquiavelo daría dos recomendaciones, como un perspicaz asesor, a las partes en este litigio político: 1. “Un gobernante tiene que ser realista y práctico para tomar decisiones políticas que conduzcan al consenso y la concertación. 2. El gobernante debe actuar con coraje como un león y con astucia como un zorro. Si en el Legislativo no hay consenso, entonces el camino está allanado para la renuncia de Dina Boluarte. El cierre del Congreso, en estas circunstancias, es inviable. La otra ruta es que nadie se vaya y tengamos a 130 congresistas y una presidenta hasta el 2026. Seguramente algún iluminado por el Espíritu Santo dé una salida democrática y de consenso a esta crisis política que tiene al país en ascuas y perjudica a tirios y troyanos. Mientras tanto la presidenta y su premier tienen plenamente fe en que la crisis será controlada con autoridad, represión policial y militar, terruquendo a diestra y siniestra, menospreciando el clamor popular y haciendo cargamontón al golpista Pedro Castillo. Comparto íntegramente la lógica de Patricia del Río: “… no soy violentista, no he salido a marchar, jamás arrojaría una piedra contra nada ni nadie. Soy una peruana que pertenece al gran grupo de los hastiados que ya no tolera que se burlen en su cara”. (El Comercio. 5/2/2023).  

Seis presidentes de la república en cinco años; dos presidentes presos en la Diroes, uno prefirió el Paraíso o el Infierno. A eso se suma el Covid-19 que nos cogió con los calzoncillos abajo. ¿Qué karma político estamos pagando? ¿Cómo salimos de esta camisa de once varas? Los gestos visibles, el lenguaje afinado para el interlocutor y la cordialidad construyen consensos y concertación. Merecemos vivir en paz, sin zozobra ni la posibilidad de morir por una bala perdida o el ataque de una turba irracional. Cuál será el desenlace con Dina Boluarte sin bancada política en el Congreso, con una derecha terca, una izquierda obsesiva con “su asamblea constituyente”, gente indignada (que no es un grupúsculo) en las calles y carreteras, las Fuerzas Armadas y Policiales reprimiendo y restableciendo el orden público y los observadores del drama social desde la tribuna y la zona de confort que ve televisión con editorial sesgada e ignorando deliberadamente a la prensa independiente de donde podemos obtener más (quizá mejores) insumos para formular conclusiones propias y autónomas Deseo que esto acabe cuanto antes.