Desgraciar la familia

Dicen que de la felicidad a la desgracia está a menos de un incidente. La semana pasada, dos familias se enfrentaron en una disputa por 15 centímetros de terreno, produciéndose un fatal resultado. El abogado Rolando César Campos Tiza y su familia fueron acusados de invadir parte del terreno de la Sra. Isabel Pérez Luna, y cuando esta, con su familia, trató de destruir las columnas levantadas, Campos Tiza y familiares habrían empezado a apedrearlos.
Desafortunadamente, una piedra tirada por el hijo del abogado, impactó en la cabeza de la señora Pérez, dejándola inconsciente y produciendo su muerte luego de cinco días de coma. Esta desgracia cambió rotundamente la vida de este joven, quien actualmente se encuentra en prisión preventiva por nueve meses hasta que duren las investigaciones.
Lo sucedido con la familia Campos Ramos, nos dice cuánta culpa pueden tener los progenitores de inducir e involucrar a los hijos en la violencia. Parece inaudito como un padre, siendo abogado y, se supone, conocedor de las leyes, haya promovido este tipo actos. Ahora, su joven hijo, de 21 años, está en la cárcel; una madre de 42 años, muerta y dos familias, destrozadas.
Tal vez si, como padres dedicáramos más tiempo a nuestros hijos y a nosotros mismos, en desarrollar nuestra moral como lo intelectual, es muy probable que viéramos un cambio rápido y significativo en nuestra sociedad. Alguien dijo que lo moral lo tenemos tatuado en el alma; en otras palabras, que es intrínseco de nosotros, pero casi siempre preferimos lo fácil, la “criollada”, porque nos gusta hacernos a los “vivos”.
Todos en algún momento hemos perdido los estribos y tal vez dicho o hecho cosas, que posteriormente nos arrepentimos. Tomemos más conciencia con nuestras reacciones y acciones. No esperemos lastimar a alguien o salir lastimados para recién aprender la lección.