Por Willy Marcellini Ramírez (*)
Al escribir este artículo, en momentos de caos social y tensiones políticas en el país, pretendo comprender y describir una coyuntura inimaginable y de profunda tristeza. Me considero un ciudadano respetuoso del Estado de derecho, de los derechos constitucionales y de los derechos fundamentales de las personas, y es doloroso ver cómo tenazmente se enfrentan entre compatriotas, en muchos casos sin respetar derechos, pensando más con el corazón que con la cabeza. Muchos peruanos pensaban que con la asunción de Dina Boluarte (la vicepresidenta elegida en votaciones junto a Castillo) llegaba la calma; sin embargo, lo que vino después fue como un tornado devastador que arrasa con un país fragmentado, endeble y moribundo.
Hay una frase muy difundida en el Perú: “El Perú es mendigo sentado en un banco de oro”. Frase que es atribuida al explorador italiano Antonio Raimondi; sin embargo, en un estudio realizada por Giovanni Bonfiglio en “Antonio Raimondi: El mensaje vigente” se manifiesta un hallazgo revelador indicando que dicha frase no le pertenece a Raimondi; que él nunca lo expresó ni verbalmente ni por escrito y se trata de una frase inventada luego de su muerte. El mensaje de esta frase hace alusión a que el Perú es un país rico en recursos, folclore, historia y tradición; pero lamentablemente tiene personas que viven en condiciones de pobreza y subsistencia.
Pero no solo de pobreza monetaria, sino pobreza mental y de valores, personas que aun teniendo la educación suficiente y el poder necesario para enarbolar un cambio radical de desarrollo y bienestar permiten que sus conciudadanos se mantengan al margen de los beneficios. Tal parece que coexistieran dos mundos paralelos, dos bandos: el hombre del campo y el de la ciudad, de los pobres y ricos, de los “don nadie” y los “reputados”, de los marginados y los favorecidos, de los que arrojan piedras y los que disparan balas, de los oprimidos y los poderosos, de izquierda y los de derecha; bandos que en determinadas situaciones resultan irreconciliables, polarizados que se desprecian mutuamente, que esperan el fracaso del otro. Una sociedad con atisbos de discriminación y prejuicios; de un lado quizá pensando que su pobreza es por el abuso de las empresas y de los ricos, y del otro lado muestra una clase pudiente solapada, de angurria y desprecio. Cómo dueles Perú.
Lo que estamos viviendo en cuestiones políticas y de caos social también es causado por un liderazgo equivocado de los tres poderes del Estado, de nuestros “padres de la patria”, representados por una oligarquía de estos tiempos; que no asimiló ni comprendió que en este país puede suceder lo impensado, que la mayoría había elegido a un desconocido profesor rural, que con poncho y sombrero gobernaría en palacio, ignorante sí y mucho, ingenuo e inexperto, pero era lo que democráticamente la mayoría había elegido y tocaba aceptarlo como la democracia manda. Lo que vino luego es inverosímil pero cierto. Un presidente que no supo gobernar ni supo rodearse de gente competente, sino de “filipillos”, oportunistas y zalameros; un presidente que en palacio no sabía trabajar ni le dejaban trabajar desde la Av. Abancay los mal llamados “padres de la patria”; casi todo se le escapaba de las manos, a sus espaldas sucedía cosas y él decía no darse cuenta (la justicia real se encargaría de encontrar la verdad, pero no una persecución inefable y perniciosa que busca hacer leña del árbol caído). Se llama padres de la patria a los ciudadanos dignos de veneración y gratitud en su país de origen o de adopción, ¿a causa de qué? de sus excepcionales méritos o por los servicios extraordinarios prestados.
Un presidente que en el último día de su estancia en Palacio cometió un exceso garrafal, una metida de pata gravísimo intentando disolver el Congreso y otras instituciones, mal asesorado por su puesto, dando declaraciones temblorosas que al parecer ni él mismo se las creía, el taciturno presidente parecía un muerto en vida, se hacía un Harakiri en ese momento, porque solo se sacaba de palacio ¿Quizá contradiciendo el libro escrito por Esteban Pavletich “No se suicidan los muertos”? ¿Quizá horas más tarde los escarnecedores congresistas firmaban la carta de defunción del autovacado presidente?
A consecuencia de tan execrable acto, su entorno más cercano y sus ministros renunciaron sin miramientos uno tras otro, cuál bola de nieve, dándole las espaldas a sus afanes disolutoras y dejándolo más que solo, acompañado solo de su fiel y escudero asesor, facilitándole las cosas para la vacancia a los congresistas. Muy tarde se dio cuenta de sus hechos que tuvo que coger sus bolsas de mano y raudamente salir por la puerta falsa de palacio, sin contar tampoco que el jefe de guardia de palacio revelara su salida ante la unidad de fuerzas especiales que, muy prestos y apurados, lo alcanzaron y encañonaron antes de que llegara a la Av. España (incluido a su familia), como si de un grupo de peligrosos delincuentes armados se tratara. Tamaño despliegue policial, la expedita presencia del Fiscal de la Nación, las exageradas acusaciones, la alegría y celeridad de vacancia de un Congreso incapaz y el estigma de traidora de Dina Boluarte, enardecieron aparte de la población que se volcaron a las calles. Muchos piden nuevas elecciones, cuando lo urgente es el cambio del sistema electoral para que personas idóneas lleguen al gobierno. Hasta la próxima. Saludos cordiales.
(*) Es licenciado en Administración por la UNMSM, MBA por la Universidad de Génova, Cofundador de EIDE (Escuela Internacional del Dinero y la Empresa) e Inversionista independiente en la Bolsa de Valores.
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