Por: Andrés Jara Maylle
Previas las disculpas del caso, quiero permitirme, estimados y distraídos lectores, compartir con ustedes este texto testimonial que leí el pasado viernes 11, cuando presenté mi reciente libro: Ciudad desnuda II, que, dicho sea de paso, ya está en circulación. Para mí fue un acto gratificante, aunque tal vez inmerecido, pues los dos presentadores, el genial Mario A. Malpartida y mi amigo Ángel Santillán, tuvieron para este escriba palabras comprensivas y generosas. En todo caso, pongo a disposición de ustedes el tomo II de Ciudad desnuda con el ánimo de convertirse en una luz y una esperanza, en relación al destino que le espera a Huánuco, nuestra vieja ciudad que nomás dando la vuelta la esquina, cumplirá quinientos años de fundación española. Aquí va el testimonio:
Mi primer artículo lo publiqué, a inicios de los años noventa del siglo pasado, en un pequeño y efímero suplemento, cuyo nombre era Guamán Poma, que estaba a cargo de Mario A. Malpartida y era parte del diario Regional. El dueño era el administrador y docente universitario, David Orozco, lamentablemente ya fallecido.
Ello implica que debo tener casi un cuarto de siglo publicando periódicamente notas, artículos, crónicas, etc., en diarios y revistas locales, regionales y, modestamente, también nacionales. Sé que mucha agua ha pasado por el puente, sin embargo, viendo bien las cosas, Huánuco sigue teniendo los mismos y eternos problemas que denunciábamos en aquellos tiempos del siglo pasado.
En cuanto a mis artículos periodísticos, mi principal preocupación, desde distintos puntos de vista es Huánuco: su cultura en general, su literatura en particular, sus vaivenes políticos, sus miserias, sus grandezas, sus triunfos, sus derrotas, su pasado, su presente, su futuro. Los ciudadanos comunes, sus autoridades importantes y necesarias
Todo lo que atañe a Huánuco, dependiendo del cristal con que se mire y dependiendo también de los hechos, me entristece o me regocija, me solivianta o me tranquiliza, me deprime o me llena de optimismo. Ser parte de todo ese revoltijo es, aunque no se crea, una forma de vivir y también de morir.
Por eso, hace más de cuatro años, teniendo en cuenta que los periódicos son para el día; es decir fugaces encuentros con las noticias, decidí reunirlos en un primer volumen al que titulé Ciudad desnuda y subtitulé pretenciosamente Una visión de la problemática huanuqueña contemporánea. Ciudad desnuda, en realidad, es el nombre de mi columna semanal que tengo en el diario AHORA. Y en donde publico, sin cortapisas, todo lo que se me antoje desde hace una punta de años atrás.
Esos artículos no son solo una forma de opinión, sino sobre todo, una forma de mantenerme vivo a través de la escritura. Si no fuera por lo que escribo, ya estaría por lo menos simbólicamente muerto. La escritura me revive, me reinventa; con la escritura renazco. Por eso creo tener más vidas que un gato.
Curiosamente el primer volumen de Ciudad desnuda ya no me queda un solo ejemplar, y teniendo en cuenta ello, he decidido ofrecer a ustedes el tomo II, que es el que no ha traído hasta aquí a todos nosotros en esta noche.
Pero les tengo una buena noticia, acaso una mala noticia para otros. Es que Ciudad desnuda será una saga que irá apareciendo paulatinamente y sumando los tomos a medida que pase el tiempo. Buena noticia, tal vez para mis amigos que a veces no compran el periódico y quieren leer mis crónicas. Mala noticia para los corruptos o los apáticos pues, como es mi costumbre, muchos de mis artículos o crónicas son en realidad un látigo o un chicote de tres puntas para ellos. Ya no es mi culpa.
Yo sé que ustedes, amigos lectores, deben ser críticos severos conmigo. No sé cómo les puede caer los trece artículos que en este tomo II les ofrezco con la mejor de mis voluntades. Además la crítica por muy contraria que sea me parece bien y saludable y hay que practicarlos en todos los ámbitos de nuestras vidas. Y por ello, justamente, si deben tener alguna indulgencia conmigo, espero que sea con el último de mis artículos, el que lleva por título, Te odio con ternura.
Finalmente, permítanme ser agradecido con las muchas personas que de manera directa o indirecta, han hecho lo posible para convertir en realidad este libro: A mi familia que me acompaña todos los días, A mi madre que me saca de apuros con muchos datos y dudas gracias a su poderosa memoria y a su experiencia de 86 años viviendo en esta ciudad desnuda. A mis colegas de trabajo con quienes comparto el día a día. A la editorial Rocinante, en la persona de Rossy Majino. A la dirección Desconcentrada de Cultura. A Ángel Santillán y al gran Mario A. Malpartida Besada. A mis alumnos de la carrera de Lengua y Literatura. A todos ustedes por su presencia generosa.



