Por Arlindo Luciano Guillermo

Solo 16 meses en el poder, entre 2016 y 2022 seis presidentes; qué desventurada la democracia nuestra. Los vacadores de Castillo quizá no hubieran alcanzado los 87 votos que necesitaban, pero el presidente Pedro Castillo se encargó de que sean 101 en tiempo récord. En ese escenario político, los 130 congresistas y Dina Boluarte “se quedarán” hasta el 28 de julio de 2026, excepto que la coyuntura cambie totalmente, la ingobernabilidad sea un pan demonio y la movilización social se convierta en volcán furibundo.
El problema del Perú no se resuelve mañana mismo con Pedro Castillo fuera del poder y preso por golpista insolente y Dina Boluarte en palacio de gobierno. La eficacia y la transparencia en la gestión pública y los poderes del Estado no pasan por la equidad de género ni los genitales. La mujer y el varón son imperfectos, falibles, vulnerables al error y la venalidad, pero también de grandes hazañas y deslindes de actuación en el poder político.
El equilibrio de poderes es, precisamente, un gran desafío, una prioridad, sin el cual sería cambiar solo de vestimenta al santo. Es halagüeño que una mujer ejerza el más alto cargo público en el Perú: la presidencia de la república. Hay que estar a la altura de las circunstancias. No basta llegar a la cumbre de la montaña, sino sostenerse con firmeza y convicción, con inteligencia, prudencia y el esfuerzo dirigido al bien común y la empatía con millones de peruanos que esperan un período de transición política y gobernabilidad; es decir, de agudísima confrontación y polarización hacia la concertación y diálogo horizontal.
Nadie, por antojo, capricho o desesperación, puede romper el orden constitucional ni suspender el funcionamiento de las instituciones legalmente constituidas. ¿Acaso hemos olvidado el 5 de abril de 1992? La memoria histórica es importante conservarla como lección aprendida y advertencia.
Dina Boluarte es la primera presidente en ejercicio, ganó las elecciones con una fórmula presidencial. Alguna vez dijo que, si vacan al presidente Castillo, ella se iría con él. Ironías de la política criolla e incoherente. Hoy reemplaza al presidente vacado por el congreso. En política, no hay lealtades, amistad ni sentimientos; las decisiones políticas se definen por intereses personales y partidarios, por cálculos de beneficio mezquino y satisfacción de ambiciones y delirios de poder. Para llegar al poder, la política es el camino correcto. En política (tal como la vemos hoy), la torpeza y la aritmética mal usadas son fatales. Así la frase política se transforma en un aforismo popular: “¡Keiko no va!”, “Keiko nunca será presidenta de la república”, salvo que el 2026, una vez más, candidatee. Es una opción porque en política todo es posible, ahí no hay escrúpulos ni consecuencia moral. La política es un circo romano: el más fuerte sobrevive por instinto. El poder es la miel de abeja que atrae irresistiblemente al oso del bosque salvaje. La ruta de la estabilidad política, la gobernabilidad, la concertación, el diálogo democrático y el tendido de puentes para la conversación, que priorice los intereses del Perú y los ciudadanos, es larga, espinosa, vulnerable y poco optimista. Exige empequeñecer la mezquindad y el desapego de las maniobras de los poderes políticos y económicos. Seguramente aparecerá un fray Martín de Porres para que junte a gato, perro y pericote y coman del mismo plato de comida.
El Perú ni los ciudadanos toleramos un régimen autoritario, dictador, autocrático o tirano. Aunque defectuosa, frágil y permisiva, la democracia garantiza libertad de expresión, Estado de derecho, pluralidad, elecciones y oportunidades. La dictadura está proscrita del Perú. Hay una Constitución que debe adecuarse y reformarse; debemos actuar dentro de ella, no fuera. Desde 1993 han transcurrido 29 años; el Perú ha cambiado y las leyes también. Hace muchas décadas que en América Latina el autoritarismo es un pasado ominoso. Las dictaduras son ríos en el mar. Las crisis políticas y la ingobernabilidad tienen que resolverse dentro del marco legal y constitucional. La fricción entre el Poder Legislativo y Ejecutivo ha tenido un final de comedia bufa. ¿Creyó Pedro Castillo que tendría el apoyo incondicional, como Fujimori y Montesino, del pueblo y de las Fuerzas Armadas y Policiales? El Perú es un país laico, constitucional, se elige presidente de la república en elecciones y se ejerce la libertad de expresión y de pensamiento. No más Leguía, Sánchez Cerro, Benavides, Odría ni Velasco ni Fujimori. Hoy ningún aprendiz de dictadorzuelo tiene cabida ni butaca en la historia. Con Dina Boluarte no se ha instaurado el paraíso ni un rosedal. Un gabinete de técnicos (¿apolíticos o impolíticos?), de “todas las sangres” y con “fuerzas democráticas” es la propuesta del gobierno. No hay ministros ni congresistas. El flamante gabinete debe inspirar confianza, oportunidades de diálogo, acercamiento sincero, credibilidad, exhibición de meritocracia, habilidades políticas, virtudes morales, sabiduría en las decisiones y transparencia. Cualquier antecedente negativo o cuestionable permitirá afirmar que se ha cambiado mocos por babas. Un tecnócrata de alto desempeño sin sensibilidad social ni habilidades políticas y lingüísticas es incompetente y soberbio.
La meritocracia se ha convertido en la suprema exigencia del profesional para ejercer la función pública. Eso es lo ideal. Servir es el vigilante de esos estándares. La presidenta Boluarte tendrá que tomar en cuenta cuatro variables: criterios democráticos y concertadores, un gabinete que sea visto con buenos ojos por la ciudadanía y simpatía del congreso, no repetir los defectos de su antecesor en la elección de ministros y funcionarios y moverse con habilidad política digna de un Wilson Churchill o un Dalai Lama en plena crisis de gobernabilidad. En el congreso hay políticos y partidos y con ellos se gobierna y dialoga. Dina Boluarte no tiene bancada, alfiles ni escuderos. Del dicho al hecho hay mucho trecho. ¿Qué partidos políticos apoyarán al gobierno de Boluarte? Sin bancada oficialista ni aliados políticos “generosos” e incondicionales, el mejor aliado es el pueblo, los gobiernos regionales y locales donde, realmente, están las necesidades y el flagelo de la pobreza, la exclusión y los efectos nocivos de la corrupción. Allí se grita “que se vayan todos”, “adelanto de elecciones”. ¿Escuchará este clamor Dina Boluarte?
El equilibrio de poderes se basa, fundamentalmente, en el desprendimiento, las voluntades y en proyectos que resuelven problemas. No basta alardear autonomía y tomar decisiones sin injerencia política. ¡Todo es política! ¿Hay algo en la sociedad inmune a la política? Las encuestas son adversas al gobierno, al Legislativo y al Ejecutivo. Once de cada 10 ciudadanos seguramente quieren el adelanto de elecciones, que los 130 congresistas se vayan a su casa. Sin agenda de la vacancia, cuál será el rol del congreso. Debe ser muy difícil dejar la mamadera cuando hay intereses y un sueldo pingüe. En las calles, en las noticias, en la opinión pública y las redes sociales se vocea “que se vayan todos”. ¿Será la agenda de Dina Boluarte? La Asamblea Constituyente y nueva Constitución, las banderas de Perú Libre, se han diluido. Sin bancada de respaldo político, ¿llegará Dina Boluarte al 2026? Los hechos, actitudes y decisiones serán los insumos para que Dina Boluarte escriba páginas memorables en la historia del Perú. Es la primera mujer presidenta del Perú. ¡Por sus frutos os conoceréis!




