Los semáforos tienen por función la regulación del tráfico de vehículos, como también el tránsito de peatones. En las ciudades, de los países más desarrollados, los semáforos se han modernizado al compás de los avances tecnológicos y su funcionamiento está cronometrado de acuerdo al fluido de vehículos con la finalidad de mejorar la transitabilidad de las vías. Claro que, en esas ciudades, se respetan los semáforos y son muy escasos los “vivos” que se atreven a pasarse una luz roja porque de inmediato son detenidos por un policía o multados automáticamente por los sistemas de detección automática.
Si nos referimos a nuestro Huánuco, tenemos semáforos muy anacrónicos, que costaron un dineral y con un funcionamiento propio de un equipo de segunda mano. Además, un detalle muy particular de estos “semáforos”, es que las autoridades, que contrataron el servicio, nunca tuvieron en cuenta al peatón, ya que si observamos todos o casi todos los semáforos instalados dentro de la ciudad obvian la señal del peatón.
Por otro lado, ya sean viejos o estén mal ubicados, los semáforos deben ser respetados por todos; sin embargo, pareciera que en nuestras calles estos aparatos estuvieran colocados solo de adorno, porque se burlan todos los transportistas, los peatones, los que andan en vehículos y los de a pie. Creen que el color ámbar significa acelerar cuando es de prevención y cuando está en color rojo los vehículos se pasan nomás como si no existieran, a vista y paciencia de las policías de tránsito que adornan las calles.
Los peatones no son capaces de esperar el cambio de luz para cruzar una esquina, incluso se observa que estas faltas las cometen profesionales o gente considerada culta, que arriesgando sus vidas y las de sus familiares, cruzan las zonas de detención en momentos que los semáforos indican peligro, es decir en rojo.
Hay mucha imprudencia y falta de respeto a las señales de tránsito, mucha gente que conduce un vehículo se cree dueña de las pistas y van como si nadie más existiera. En otros lares hay mucho respeto a los semáforos, a las señales y a las reglas del tránsito, pues culturalmente están avanzados. Todo es cuestión de educación y, en eso fallamos, en las escuelas, universidades y en el hogar.
Hagamos un esfuerzo. Respetemos las señales de los semáforos y cuidemos nuestras vidas, que es lo más hermoso que se tiene.



